Los Partos y la derrota de las legiones

Publicado: junio 2, 2015 en Tácticas
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Los Partos

Lo que las fuentes griegas y romanas denominan Partos, formaban parte de los dahes, una confederación de pueblos seminómadas que ocuparon durante mucho tiempo las estepas al este del mar Caspio. Ésta tribu atacó a mediados del siglo III a.C. a los reyes griegos de la dinastía seleucida  que se habían hecho con el poder de los territorios orientales conquistados por Alejandro Magno. Siguiendo a su rey Arsaces I, los partos conquistaron la antigua Satrapía de Partia, con cuyo nombre serán conocidos desde ese momento. Nació así una nueva dinastía, la Arsácida.

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Las legiones de Craso

El 9 de Junio del año 53 a.C. el grueso del ejército romano formado por 7 legiones, cuatro mil soldados de infantería ligera y cuatro mil caballeros, se encontró con un contingente militar parto formado por mil jinetes de caballería pesada y nueve mil arqueros a caballo. Comandaba las legiones el poderoso triunviro y aliado de Julio Cesar, Craso.


El enfrentamiento: Los Arqueros a caballo

Cuando los dos ejércitos se encontraron, Craso decidió formar un inmenso cuadrado con doce cohortes a cada lado, con su correspondiente apoyo de caballería e infantería ligera. El general pretendía que sus tropas fueran superadas por los flancos. El resto del ejército junto con el tren de avituallamiento se situaron en el interior del cuadrado. Por su parte Surena, el general Parto, decidió cambiar su plan original, que consistía en lanzar a los catrafactos con los romanos, para emplear a los jinetes arqueros.

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Éstos se dedicaron durante todo el combate a cabalgar frente a los romanos disparando sus potentes arcos compuestos, con los que podían traspasar las corazas y los escudos enemigos, mientras se mantenían fuera del alcance de los proyectiles romanos. Además los aruqeros combinaban las trayectorias con las que lanzaban sus flechas, de forma que mientras unos hacían tiros elevados para que los proyectiles cayeran desde arriba, otros apuntaban directamente a los soldados romanos. El resultado fue una lluvia de proyectiles que dificultaba terriblemente una defensa efectiva por parte de los legionarios.

En un principio los romanos soportaron el ataque con la esperanza de que los partos se quedaran sin proyectiles como era habitual. Sin embargo, el general parto había contado con esa eventualidad y por eso un contingente de mil camellos cargados con alforjas cargadas de flechas acompañaba a su ejército. De esta forma, cada vez que los jinetes vaciaban sus aljabas podían recargarlas en este depósito móvil y retornar la lucha.

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Para salir de esa dramática situación, los romanos intentaron con frecuencia acercarse a los arqueros a caballo. En este caso, los jinetes se retiraban a la vez que llevaban a cabo el famoso «Disparo Parto» a la vez que los catafractos entraban en acción y cargaban contra el contingente que se había separado del inmenso cuadrado, de tal forma que los soldados romanos eran eliminados o se veían obligados a regresar a las filas.


El Disparo Parto

Los jinetes partos eran especialista en este tipo de disparo con arco, que consistía en girarse y disparar al enemigo mientras se retiraban.

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La caballería Catafracta

En la estepa euroasiática, los nómadas sármatas iniciaron la costumbre de proteger a los jinetes y sus monturas con armaduras de cuero o cascos de caballos. Pronto, los pueblos iraníos, como los Partos, hicieron los mismo usando bronce y hierro. Los griegos llamaron a estos jinetes fuertemente protegidos «Kataphraktoi o catafractos», que significa «Totalmente cubiertos» y los romanos los bautizaron como «Clinabarii u  Hombres horno» en referencia a llevar la pesada armadura en un clima desértico. La caballería catafracta, armada con una larga lanza y espada, atacaban en formación cerrada y su sola presencia solía provocar el pánico entre sus enemigos. Las lanzas medían 3,5 metros de largo que se sujetaba con las dos manos, con el tiempo las lanzas se ataban a la silla para que el caballo absorbiera el golpe.

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Los jinetes llevaban cascos metálicos con protección para el cuello y armaduras de escamas, cota de malla o una combinación de ambas. Los brazos y las piernas se protegían con una armadura segmentada. Los caballos se protegían con escamas de bronce o de hierro, y en cabeza y cuello llevaba piezas articuladas. Se solía utilizar armadura de bronce ya que el sudor del caballo oxidaba fácilmente la de hierro.


La derrota de Craso y las legiones

De cerca de cuarenta mil soldados que cruzaron el Eufrates en busca de la gloria prometida por Craso, unos veinte mil perdieron su vida y otros diez mil cayeron prisioneros en manos de los Partos. Craso halló su muerte en esta contienda y los Partos, para burlarse de su proverbial avaricia vertieron oro fundido por su garganta.

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 Bibliografía

Historia National Geographic 

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