Archivos para mayo, 2016


 

Se refiere a un mensaje o respuesta divina a una consulta, por lo general prediciendo el futuro. Por extensión también se refiere al lugar, estatua, santuario o símbolo donde se le hacen preguntas a los dioses. Viene del latín oraculum y este del verbo orare «hablar». La palabra se forma con el sufijo -culum / culus que expresa, la mayoría de las veces diminutivos, y en otros casos medios o instrumentos. Así el vocablo conserva su doble acepción de «medio o instrumento para hablar» con un dios, y «respuesta oral breve».


Los oráculos en el Mundo Antiguo

Por lo general eran mujeres capaces de predecir el futuro y aparecen en las tradiciones de muchos pueblos. Desde tiempos muy remotos, los habitantes de Asia Occidental recitaban versos considerados como declaraciones oraculares de profetisas llamadas «Sibyllai». Se desconoce el significado original de la palabra «Sibila», aunque según la leyenda se cree que fue un vidente de Marpeso, cerca de Troya, que enunciaba sus oráculos en forma de acertijos, escribiéndolos en hojas de plantas. Esta tradición fue transmitida a los griegos, y después a los romanos, localizándose en lugares concretos. Con el tiempo el término Sibila se convirtió en algo genérico aplicado a muy distintas profetisas.images

El autor romano Varrón (116-27 A.C.) cita diez, repartidas por el mundo:

  • Sibila de Samos
  • Sibila eritrea
  • Sibila del Helesponto
  • Sibila frigia
  • Sibila cimeria
  • Sibila délfica
  • Sibila de Cumas
  • Sibila libia
  • Sibila tiburtina
  • Sibila babilónica o pérsica.

Sin embargo para los griegos fueron:

  • El oráculo de Delfos, en las faldas del monte Parnaso.
  • El oráculo de Dádimo en la costa de Asia Menos.
  • El oráculo de Dódona en Epiro.
  • El oráculo de Olimpia.
  • El oráculo de Delos.
  • El oráculo de Zeus- Amon en un oasis de Libia (Sibila de Libia).
  • El oráculo de Antifaro cerca de Tebas.
  • El oráculo de Trofonio en Lebadea.

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    Santuarios Griegos

En general, todos los oráculos se manifestaban de igual manera: en los templos existía una fuente denominada Casótide, de la que emanaban vapores; sobre el brocal de esta fuente y encima del trípode de oro se sentaba la pitonisa o profetisa. Cuando los vapores emanados por la fuente la intoxicaban, en el frenesí que le producían daba expresión al oráculo. Un sacerdote recogía sus palabras, que eran entregadas a un poeta, el cual las traducía a hexámetros y expresiones comunes. Los mensajes del oráculo siempre eran enigmáticos, y tenían que ser desvelados por el sacerdote.Pitia


Las sibilas. Cumas, el oráculo mas importante de la antigüedad.

La palabra Sibila (en griego Sibylla) parece ser de origen asiático. Se refiere que era una mujer prodigiosamente anciana que caía en estados de éxtasis religioso en los cuales respondía a las consultas mediante estrofas poéticas, muchas de las cuales fueron transcriptas y se conservan hasta nuestros días. En siglos posteriores, la Sibila siguió apareciendo en distintos santuarios del mundo griego y luego en Italia. La más importe fue la Sibilina de Cumas.

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La Sibila de Cumas de Miguel Ángel

Los colonos griegos que llegaron a Itália en el siglo VIII A.C. y eligieron el emplazamiento espectacular para su colonia de Cumas. En el extremo noroeste de la bahía de Nápoles, una montaña volcánica que dominaba un amplio panorama ofrecía una situación perfecta para el emplazamiento de la acrópolis, defendida en sus alrededores por el mar, los lagos, los bosques, y las montañas. Bajo las ruinas que aún se conservan hoy en día, se encuentra las cuevas donde se encontraban dicho oráculo.

Según la tradición griega, las sibilas se consideraban relacionadas con el dios Apolo, el dios de las profecías: Cuando éste le ofreció a la sibilina de Cumas lo que deseara si accedía a ser su amante. Ella pidió tantos años de vida como granos hubiera en un puñado de tierra, que resultaron ser mil. Pero olvidó reclamar la juventud eterna, de modo que fue envejeciéndose y aminorándose hasta que, agotada por la edad, se encerró en una vasija que hizo colgar en Cumas. Cuando los niños le preguntaban en griego cual era su mayor deseo, su única respuesta era «Quiero morir».

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Cumas. Entrada a la cueva de la Sibila

Quienes acudían a consultar a la sibila de Cumas entraban por una galería de luces y sombras alternantes, hasta llegar al vestíbulo de la sala interior del oráculo. La galería excavada en la colina, está iluminada por una serie de aberturas que dan a la ladera. La visión de un sacerdote que se acercara apareciendo y desapareciendo intermitentemente debería de alterar el ánimo de todo aquel que se acercara. Así, en la Eneida el héroe troyano Eneas, acude en consulta a su santuario, «una caverna enorme y oscura» situada bajo el templo de Apolo. Ella le entrega la Rama Dorada, credencial mágica para el más allá, y luego les guía, a él y a sus hombres, a las puertas del mismo, en el lago Averno.

Otra de las leyendas de la sibilas de Cumas era, según la tradición romana, que el rey Tarquino quiso comprar los nueve libros en que la Sibila había escrito sus profecías. La Sibila aceptó y fijó un precio que Tarquinio consideró demasiado caro. Ante la negativa de Tarquinio, la Sibila quemó tres de los libros, manteniendo el precio original por los seis restantes. Tarquinio volvió a negarse y otros tres libros fueron arrojados al fuego, mientras la profetisa mantenía el precio fijado desde el principio. Tarquinio, alarmado ante la posibilidad de que todo el saber de la Sibila quedara destruido por una nueva negativa, aceptó la oferta de la adivina y se llevó los tres libros superviviente a Roma, depositándolos en el templo de Júpiter, en el Capitolino. Los libros eran consultados en caso de que la ciudad del Tíber se hallase en peligro, o cuando sucedía algún fenómeno extraordinario.

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Cumas


El oráculo de Delfos. La Pitia o Pitonisa, la voz de dios.

En Delfos, según los antiguos griegos se encontraba el centro del mundo. Según se refiere el mito, Zeus había lanzado dos águilas desde los extremos opuestos de la Tierra para encontrarse en su centro y ambas se habían cruzado en este lugar santo. Una piedra blanca de forma ovoide simboliza, en el corazón del santuario, ese mítico «ómphalos» u «ombligo del mundo» que aún puede verse en Delfos. De hecho, el primer mapa terrestre que se conoce, dibujado por el filósofo Anaximandro hacia el 600 A.C., tenía a Delfos como centro de su diseño geográfico.

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Faldas del Monte Parnaso.

En este santuario la Pitia, o Pitonisa, profería los vaticinios en un estado de trance o locura profética. Era como si el dios entrara a través de ella y se expresara mediante su voz. Ella respondía a las consultas poseída por el «entusiasmo», llena de fervor divino. Ya los antiguos intentaron explicar este fenómeno de varios modos. Algunos escritores como Estrabón, Plutarco o Diodoro de Sicilia, refieren que bajo el templo había una hendidura por donde surgían ciertos vapores que producían el delirio de la sacerdotisa y motivaban sus palabras enloquecidas.

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Templo de Atene en Delfos.

¿Cómo se consultaba al oráculo de Delfos?

  1. El camino de los peregrinos a Delfos: La consulta implicaba un viaje en busca de respuestas.
  2. La ablución ritual en la fuente Castalia: Había que someterse a un ritual de purificación antes de someterse ante el oráculo.
  3. Sacrificio de un animal antes de la consulta: Solían ser bueyes o cabras.
  4. El pago de la tarifa por la consulta: En el templo de Apolo estaba la oficina oracular, con las listas de los consultantes y los vencedores de los juegos. El peregrino debía pagar el precio simbólico de pastel sagrado y echar suertes para el turno de consulta.
  5. La formulación de la consulta: Para consultar la Pitia en el día propicio del mes de Apolo había que pensar con cuidado la consulta. De su correcta formulación dependía muchas veces el éxito o el fracaso.
  6. El éxtasis de la Pitia y la respuesta de Apolo: No se sabe si se consultaba directamente a la Pitia o mediante sus sacerdotes. Para unos estudiosos había contacto directo con la sacerdotisa, para otros era un sacerdote portavoz quien hacía comprender los gritos estáticos de la Pitia poniéndolos en hexámetros, o versos heroicos griegos.
  7. Registro de la respuesta y su interpretación: Tras obtener la respuesta, casi siempre ambigua, los sacerdotes procedían a interpretarla, por lo que muchos afirmaban que eran los responsables finales del oráculo. La interpretación correcta era crucial para el éxito del consultante.
  8. Los exvotos dedicados en acción de gracias: Después de la interpretación se dedicaban obsequios al dios.oraculo_delfos

Apolo, dios oracular. Gaia, la primera diosa adivina.

La primera divinidad oracular no fue Apolo, sino una gran diosa anterior al advenimiento de las divinidades que moraban en el Olimpo: la Tierra, una diosa madre del tipo de la que fue objeto de culto en el mundo minoico y que los griegos identificaron con Gea o Gaia. Ella fue la primera adivina, pero al final del siglo VIII A.C. Apolo se había adueñado de su poder premonitorio.

El hijo de Zeus conquistó su sede oracular tras dar muerte a Pitón, el gigantesco dragón que lo guardaba. Según una vieja etimología se explica el nombre de Phyto a partir del verbo pytheisthai, «pudrirse», porque el dios dejó insepulta la serpiente hasta que finalmente se pudrió. Esta lucha entre Apolo y el guardián de la Tierra, es  un tema que se enmarca en el avance triunfal de los dioses olímpicos de origen indoeuropeo sobre las primeras divinidades autóctonas.

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Dios Apolo.

Después de nacer en Delos, Apolo viajó en un carro tirado por cisnes por toda Grecia para establecer sus santuarios, y después de obtener el don de la profecía de Pitón, transmitía ambiguamente la voluntad de los dioses (era llamado «Loxios», el torcido) y también fundó oráculos por todo el mundo helénico. Pero tres meses al año, en invierno, los pasaba en el mítico país de los hiperbóreos, en el norte de Europa. Sólo entonces dejaban de funcionar sus oráculos.


El ombligo del mundo.

La piedra más sagrada de la antigua Grecia se encontraba antaño en la cámara del oráculo del santuario y señalaba el centro exacto de la Tierra. Este punto había sido localizado por dos águilas después de que Zeus las lanzara a igual velocidad desde los extremos oriental y occidental del mundo, con el fin de que se encontraran. Otras versiones, como la del poeta Hesíodo (siglo VIII a.C.) dicen que la piedra fue colocada por Zeus y se encontraba junto al trípode en el que se sentaba la sacerdotisa para pronunciar sus profecías. Lo importante es que los griegos consideraron que esta piedra de mármol con forma de huevo era el centro del mundo y la llamaron omphalos, es decir, ‘ombligo’, lo que significaba también conectarla de forma simbólica con el cuerpo de Gea (la Tierra propiamente dicha).

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Omphalos.

Existía otro omphalos en la isla de Creta, un lugar sagrado en el que creían que había caído el cordón umbilical de Zeus después de su nacimiento. Los emplazamientos de las dos piedras del ombligo, en Delfos y en Creta, reunían simbólicamente al dios supremo Zeus y a la diosa de la Tierra Gea y se consideraban el origen dual de toda la energía creadora del universo, masculina y femenina.


Otros oráculos.

En el resto de las religiones antiguas no existieron oráculos propiamente, aunque si existió el don de la adivinación, que era ostentado por dioses concretos. En Egipto, la adivinación fue ejercida de forma indirecta, por medio de los prodigios, los sacrificios y el día del nacimiento, medios empleados en el conocimiento del pensamiento divino. Los asirios y babilónicos tenían a Samoa y Adad como dioses propios de la adivinación, y la intervención de éstos en la vida del hombre era cotidiana, hasta el extremo que todas las leyes fueron originalmente oráculos divinos pronunciados por mediación de los sacerdotes. Los germanos concedían el don de la adivinación a Odín.August+Albert+Zimmermann-Landscape+With+Aeneas+And+The+Cumaean+Sibyl

La religión judía tenía expresamente prohibidos los oráculos; sin embargo, en los libros del Antiguo Testamento se llamaba con este nombre al lugar del templo en que Yahvé enviaba a Moisés y al gran sacerdote el don de la adivinación. El gusto por la adivinación también formó parte de esta religión. En la Antigüedad, muchos rabinos y sabios judíos desarrollaron procedimientos mágicos de adivinación, como la Cábala, y también solían consultar adivinos y brujos. El ejemplo más conocido es el del Rey Saúl, que consultó a la bruja de Endor cuando Yahvé, enojado, no quiso seguir hablándole.

Entre los oráculos comunes más difundidos desde la antigüedad se cuentan los Horóscopos, que predicen el futuro por medio de la astrología. De los antiguos astrólogos adivinatorios el más célebre fue el caldeo Beroso, que, instalado en la isla griega de Cos, llegó a tener tal fama por la precisión de sus vaticinios que los griegos erigieron en su honor una estatua con la boca completamente de oro.


Bibliografía

http://etimologias.dechile.net/?ora.culo

Atlas de los Extraordinario. Lugares Extraordinarios. Volumen I. Ediciones del Prado.

Historia National Geograpich

http://www.enciclonet.com/

 


COMILLAS: Signo ortográfico doble del cual se usan diferentes tipos en español:

  • Las comillas angulares, también llamadas latinas o españolas (« »): Se escriben centradas
  • Las inglesas (“ ”): Se escriben en la parte alta del renglón
  • Las simples (‘ ’): Se escriben en la parte alta del renglón.

 

¿CUÁNDO UTILIZAR UN TIPO U OTRO?

En los textos impresos, se recomienda utilizar en primera instancia las comillas angulares, reservando los otros tipos para cuando deban entrecomillarse partes de un texto ya entrecomillado. En este caso, las comillas simples se emplearán en último lugar«Antonio me dijo: “Vaya ‘cacharro’ que se ha comprado Julián”».

Las comillas se escriben pegadas a la primera y la última palabra del período que enmarcan, y separadas por un espacio de las palabras o signos que las preceden o las siguen; pero si lo que sigue a las comillas de cierre es un signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos.


Usos
  • Para enmarcar la reproducción de citas textuales. Si el texto que se reproduce consta de varios párrafos, antes era costumbre colocar comillas de cierre al comienzo de cada uno de ellos (salvo, claro está, en el primero, que se inicia con comillas de apertura):

Dice Rafael Lapesa en su obra Historia de la lengua española, a propósito de los germanos:

«En el año 409 un conglomerado de pueblos germánicos —vándalos, suevos y alanos— atravesaba el Pirineo y caía sobre España […].

»Así quedó cumplida la amenaza que secularmente venía pesando desde el Rhin y el Danubio».

Hoy, lo normal es reproducir la cita con sangrado respecto del resto del texto y generalmente en un cuerpo menor. En ese caso, ya no son necesarias las comillas:

Dice Rafael Lapesa en su obra Historia de la lengua española, a propósito de los germanos:

En el año 409 un conglomerado de pueblos germánicos vándalos, suevos y alanos— atravesaba el Pirineo y caía sobre España […].

Así quedó cumplida la amenaza que secularmente venía pesando desde el Rhin y el Danubio.

Cuando se intercala un comentario del transcriptor de la cita, este debe enmarcarse entre rayas, sin necesidad de cerrar las comillas para volverlas a abrir después del inciso:

«Es imprescindible —señaló el ministro— que se refuercen los controles sanitarios en las fronteras».

También se encierran entre comillas las palabras textuales que se reproducen dentro de un enunciado en estilo indirecto:

«Desde Medicus Mundi reconocieron ayer sentir “impotencia y congoja” por este asesinato y exigieron “un compromiso de las autoridades para el esclarecimiento de estos graves hechos”»

  • Para encerrar, en las obras literarias de carácter narrativo, los textos que reproducen de forma directa los pensamientos de los personajes:

«“¡Hasta en latín sabía maldecir el pillastre!”, pensó el padre» (Clarín Regenta [Esp. 1884-85]).

Cuando los pensamientos del personaje ocupan varios párrafos, se colocan comillas de cierre al comienzo de cada uno de ellos (salvo, claro está, en el primero, que se inicia con comillas de apertura):

«“¡Oh, a él, a don Álvaro Mesía le pasaba aquello! ¿Y el ridículo? ¡Qué diría Visita, […] qué diría el mundo entero!

”Dirían que un cura le había derrotado. ¡Aquello pedía sangre! Sí, pero esta era otra”. Si don Álvaro se figuraba al Magistral vestido de levita, acudiendo a un duelo a que él le retaba… sentía escalofríos» (Clarín Regenta [Esp. 1884-85]).

  • Para indicar que una palabra o expresión es impropia, vulgar, procede de otra lengua o se utiliza irónicamente o con un sentido especial:

Dijo que la comida llevaba muchas «especies»; En el salón han puesto una «boiserie» que les ha costado un dineral; Parece que últimamente le va muy bien en sus «negocios».

En textos impresos en letra redonda es más frecuente y recomendable reproducir los extranjerismos crudos en letra cursiva que escribirlos entrecomillados.

  • Cuando en un texto manuscrito se comenta un término desde el punto de vista lingüístico, este se escribe entrecomillado:

La palabra «cándido» es esdrújula.

En los textos impresos, en lugar de usar las comillas, se escribe el término en un tipo de letra diferente al de la frase en que va inserto (en cursiva si el texto normal va en redonda, o en redonda si el texto normal va en cursiva).

  • En obras de carácter lingüístico, las comillas simples se utilizan para enmarcar los significados:

La voz apicultura está formada a partir de los términos latinos apis ‘abeja’ y cultura ‘cultivo, crianza’.

  • Se usan las comillas para citar el título de un artículo, un poema, un capítulo de un libro, un reportaje o, en general, cualquier parte dependiente dentro de una publicación; los títulos de los libros, por el contrario, se escriben en cursiva cuando aparecen en textos impresos en letra redonda (o viceversa, en redonda si el texto normal va en cursiva):

Ha publicado un interesante artículo titulado «El léxico de hoy» en el libro El lenguaje en los medios de comunicación, libro en el que han participado varios autores.


Combinación con otros Signos
  • Los signos de puntuación correspondientes al período en el que va inserto el texto entre comillas se colocan siempre después de las comillas de cierre:

Sus palabras fueron: «No lo haré»; pero al final nos ayudó.

¿De verdad ha dicho «hasta nunca»?

  • El texto que va dentro de las comillas tiene una puntuación independiente y lleva sus propios signos ortográficos. Por eso, si el enunciado entre comillas es interrogativo o exclamativo, los signos de interrogación y exclamación se escriben dentro de las comillas:

Le preguntó al conserje: «¿Dónde están los baños, por favor?».

«¡Qué ganas tengo de que lleguen las vacaciones!», exclamó.

De esta regla debe excluirse el punto, que se escribirá detrás de las comillas de cierre cuando el texto entrecomillado ocupe la parte final de un enunciado o de un texto.

  • Cuando lo que va entrecomillado constituye el final de un enunciado o de un texto, debe colocarse punto detrás de las comillas de cierre, incluso si delante de las comillas va un signo de cierre de interrogación o de exclamación, o puntos suspensivos:

«No está el horno para bollos». Con estas palabras zanjó la discusión y se marchó.

«¿Dónde te crees que vas?». Esa pregunta lo detuvo en seco.

«Si pudiera decirle lo que pienso realmente…». A Pedro no le resultaba fácil hablar con sinceridad.

En el caso de que deba colocarse una llamada de nota que afecte a todo el texto entrecomillado, esta debe colocarse entre las comillas de cierre y el punto:

Rafael Lapesa señalaba que «es muy discutido el posible influjo de las lenguas indígenas en la pronunciación del español de América».

Si la nota solo hace referencia a la última palabra del texto entrecomillado, la llamada debe colocarse delante de las comillas de cierre:

Rodolfo Lenz llegó a afirmar que el habla vulgar de Chile era «principalmente español con sonidos araucanos».


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BIBLIOGRAFIA

http://anotacionesrol.blogspot.com.es