Urinatores, la unidad de buceadores del ejército romano

Publicado: noviembre 18, 2016 en Unidades Militares
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ūrīnātor proviene del verbo latino urinor – ūrīnō en latín primitivo(nadar bajo el agua, o bucear) que a su vez proviene de ūrīna (orina).

Los urinatores romanos fueron la primera unidad de buceadores militares de carácter permanente y profesional de la que se tiene constancia histórica. Aunque anteriormente existieron grupos de buceadores entre los griegos o los asirios, fueron los romanos los primeros en crear en el siglo IV a.C. una unidad militar enteramente dedicada a las operaciones subacuáticas, con una formación especial – a estos jóvenes se les preparaba de manera distinta a los legionarios ya que, entre otras actividades, practicaban contener el aliento el mayor tiempo posible, que luego les serviría para el buceo en apnea – que requería que sus integrantes fueran expertos nadadores y buceadores.4mb94

Los urinatores se armaban únicamente con cuchillos. Sus misiones eran muy variadas: ataque y sabotaje de los barcos o las defensas portuarias del enemigo, recuperar anclas del fondo, instalar defensas subacuáticas en los puertos y estuarios, transportar víveres y armamentos a ciudades sitiadas, o mensajes escritos en brazaletes de plomo a través de las líneas enemigas, o recuperar mercancías de barcos hundidos.

Se sabe, por las muchas medidas tomadas en los puertos, que las acciones de estos grupos eran numerosas y contundentes. Para contrarrestar las acciones bélicas de los urinatores se crearon ingeniosos medios de defensa. Así, se solían desplegar redes con cascabeles en la bocana de los puertos, centinelas armados con tridentes o rejas en los aliviaderos.9d5c53803a575ea6bffcbc737bd29f79

El historiador Tito Livio cuenta como en el siglo II a. C. el rey Perseo arrojó su tesoro al mar para evitar que cayese en poder del enemigo recuperándolo después por unos buceadores, llamados “urinatores”. El propio Tito Livio describe que los urinatores se sumergían a pulmón, aunque existían noticias de la utilización de ciertos “almacenes de aire” en odres o rudimentarias campanas. Plinio “el Viejo” narra en su “Historia Natural” cómo los urinatores iniciaban la inmersión lastrándose con piedras y con una esponja impregnada en aceite en la boca que iban exprimiendo conforme descendían, con el fin de crear de lante de los ojos una película que mejoraba la visión, ya  que el índice de refracción del aceite en el agua es semejante al del ojo humano.

Plinio, en su libro “Historia Natural” dice textualmente:

«El aceite, sea la clase que sea, sirve para calmar las aguas y por eso los Urinatores se llenan la boca con aceite, antes de efectuar una inmersión, para irlo soltando poco a poco, porque su naturaleza amansa las cosas ásperas y atrae la luz.».

Los Urinatores o Urinantes, según el Historiador Vegecio Flavio, Autor latino del siglo IV, en su obra: “De Re Militare” (Del Arte Militar) describió inicialmente a los buceadores utilizando una capucha en cuero para la cabeza, la cual estaba unida por un tubo de intestino de res a una especie de flotador o vejiga por donde se procuraba el aire. f38p133

Vegecio Flavio escribió:

«Portaban capuchas en cuero, con un tubo en la parte superior que afloraba a la superficie y sacos llenos de aire para sostener su extremo en flotación, construidos con la piel del estómago de carneros».

Incluso los ilustraba llevando como único equipo un puñal, un tubo respirador y brazaletes de plomo sobre los que se grababan los mensajes.

En tiempos de paz los urinatores constituyeron un gremio, y eran los buceadores que en los puertos se dedicaban a rescatar las mercancías que caían al agua durante los trabajos de carga y descarga. Por ley, los trabajos de estos buceadores eran pagados en función de la profundidad a la que se hallaba el objeto y la dificultad de su recuperación.

Los urinatores son, por ello, considerados los precursores del buceo militar y profesional en Occidente.

Cuerpo de Urinatores de Ostia

Cuerpo de Urinatores de Ostia


Acciones bélicas o históricas

La primera misión en que tomaron parte los urinatores  fue en la guerra civil entre Julio César y Cneo Pompeyo. Aprovechando la noche, los buceadores de Cesar nadaron desde la playa hasta las naves de Pompeyo, cortaron los cabos de las anclas y las remolcaron hasta la playa. Una vez allí, las naves de Pompeyo fueron asaltadas y destruidas por el ejército de Cesar.

Una historia transmitida oralmente se sitúa en la isla de Mozia, último baluarte de la conquista púnica de sicilia. Mozia, circundada por un brazo de mar llamado «estanque grande», de relativo bajo fondo, estaba bien defendida por trece trirremes  cartagineses que los romanos trataban de asaltar desde tierra a base de catapultas. A cada asalto, los trirremos levantaban las anclas y ganaban el mar abierto a través de un estrecho en la extremidad este de la ensenada, lo cual tornaba así vana cada tentativa belicosa del ejército. Mozia resistió a cada asedio, hasta que un cuerpo de Urinatores consiguió, trabajando sólo de noche, colocar grandes palos puntiagudos en el fondo del estrecho; las trirremes cartagineses encallaron, los barcos fueron hundidos y sepultados por el fango que recubría el fondo de este pasaje al mar. Uno de estos barcos ha sido recuperado por completo y se expone en una escuela de Marsala.battaglia-di-lissa

Plutarco, en su escrito «Vida de los Hombre Ilustres XXX» escribió que mientras Marco Antonio descansaba en Alejandría, se dedicaba a actividades burguesas como era la pesca con arpón, pero como no tenía suerte en esta actividad y con el ánimo de impresionar a Cleopatra, contrató buceadores para que le engancharan peces en el anzuelo. Cleopatra inicialmente muy emocionada celebraba sus proezas, hasta que se enteró de lo que sucedía y fue cuando ella invitó al día siguiente a sus numerosos amigos, para que embarcados presenciaran un curioso espectáculo. Para lograr su propósito retaliatorio, dio órdenes secretas a los buceadores y, cuando Marco Antonio tiró de su caña sacó del agua un pescado seco.salva01-2

Tito Livio cuenta como en el siglo II a. C. el rey Perseo arrojó su tesoro al mar para evitar que cayese en poder del enemigo recuperándolo después por unos buceadores, llamados “urinatores”.  Y nos habla de cómo los urinatores iniciaban la inmersión con la boca llena de aceite que iban soltando conforme bajaban con el fin de crear una película que mejoraba la visión.

La última acción conocida tuvo lugar en el asedio de Bizancio por el emperador romano Septimio Severo en 190 d. C. En aquella ocasión un grupo de urinatores nadaron desde la orilla, se sumergieron frente a los barcos de Septimio Severo, clavaron argollas a sus cascos, cortaron las cuerdas de las anclas y pudieron ser remolcados y apresados en la orilla.


Los buceadores en la antigüedad. Kolimboy, los buceadores de Alejandro Magno.

El primer utensilio empleado por los griegos para lograr permanecer sumergidos por un mayor tiempo se llamó “Lebeta”, que consistía en una rústica y primitiva campana. Este sistema lo definió Aristóteles así:

«Se trata de una especie de campana llena de aire, colgada en posición invertida, de forma cónica, en cuyo interior, una vez sumergida, mete la cabeza y la parte superior de su cuerpo el buceador”. “Al enviar a un buceador un vaso invertido le facilita la respiración. Tal vaso contiene aire y no se inunda de agua del todo, a condición de mantenerlo vertical».

Según Aristóteles, los buceadores griegos se reconocían por las perforaciones que hacían a sus orejas y narices, sin que hasta la fecha se hayan encontrado explicaciones a la razón de esta particular costumbre. Analizando la historia encontramos coincidencialmente las mismas perforaciones entre los buceadores árabes de la Edad Media.captura-de-pantalla-2016-11-13-a-las-10-42-36

De igual manera, estos buceadores acostumbraban colocarse en los oídos y en la boca esponjas empapadas de aceite, sin que se tenga razón alguna sobre los beneficios que esta costumbre les ofrecía, particularmente a nivel del oído. En cuanto a la esponja colocada en la boca, al morderla dejada escapar aceite, el que al pasar por los ojos seguramente les permitía –de alguna manera– mejorar las deficiencias de la visión.

En cuanto si utilizaban o no alguna ayuda respiratoria, Aristóteles escribió:

«Del mismo modo que los buceadores se ingenian instrumentos especiales para permanecer largo tiempo en el agua respirando el aire que se encuentra encima de la superficie, la naturaleza ha provisto a los elefantes de una larga trompa para que hagan de ella (en caso de necesidad) un uso análogo».

En los relatos sobre la conquista de Tiro, por las tropas de Alejandro Magno en su camino hacia Egipto, se dice que los griegos llevaron buceadores (kolimboy) a bordo de sus embarcaciones y que gracias a este apoyo lograron destruir las defensas submarinas de los fenicios. Sobre este mismo hecho, el historiador Quinto Qurcio escribió que los fenicios para lograr resistir siete meses el asedio de las tropas de Alejandro Magno, igualmente debieron recibir ayuda de buceadores, quienes les proveían de víveres y armamentos.event-c95a032482

En el caso particular de Alejandro Magno, los historiadores registran una inmersión realizada por éste dentro de un tonel, acompañado por uno de sus secretarios. Al salir, contó su experiencia así:

«Observé un animal tan grande, que para poder pasar completamente frente a mí se necesitarían dos días».

Luego agregó:

«Los peces grandes se comen a los más pequeños».

Tanto en la Ilíada como en la Odisea, en varios pasajes Homero se refiere al tema de las esponjas. Además, en el caso particular de la Iliada, se lee en el apóstrofe de Patrocio a un troyano que acababa de derribar a su caballo para matarle:

«Este hombre verdaderamente ágil, miradle cómo se lanza de cabeza. Un buceador de su calaña no se vería embarazado para proveer de mariscos a toda una multitud, incluso en medio de un temporal».

Según Herodoto (quien fuera llamado por Cicerón “el padre de la historia”) en el año 484 A.C. durante las guerras médicas y particularmente durante la batalla en el Cabo de Artemisium entre griegos y persas, un entrenado nadador llamado Escilias de Esciones, natural de Calcídica y su hija Ciana, protegidos por la obscuridad de la noche y durante una fuerte tormenta, lograron pasar (al parecer sumergidos) sin ser advertidos, entre Artemisium y Aphetes, para cortar las amarras de la flota naval del persa Jerjes, provocando con esto tal confusión y desastre que a la postre contribuyó decisivamente en la victoria de los ejércitos griegos.0-06

Se dice que para lograrlo, debieron nadar sumergidos una distancia de aproximadamente 80 estadios (1 estadio = 192.27 metros, o sea que 80 estadios equivalen a 1.538.16 metros). Esto nos hace suponer que utilizaron alguna ayuda respiratoria de la que no habla la historia.

Cuando Jerjes (520-445 A.C.) hijo de Dario, rey de los persas, se enteró de lo acontecido, dice Herodoto:

«Mandó a dar 300 latigazos a las olas de Helesponto y he oído contar que también había enviado esbirros para marcalas con un hierro al rojo vivo»

Cuenta la historia que la hazaña de Escilias y Ciana, ameritó para que se les construyeran sendas estatuas en oro, las que fueron colocadas en el templo de Delfos, para su inmortalización. Posteriormente Nerón, abusando del poder de su imperio y atraído por la belleza de Ciana, robó su estatua y la hizo trasladar a Roma. Al parecer, la famosa Venus de Esquilino no es otra que la misma Ciana.captura-de-pantalla-2016-11-13-a-las-10-42-47

Si analizamos apartes del siguiente escrito de Oppiamos, podemos suponer que en la antigua Grecia ya existía –de alguna manera– el interés por la caza submarina:

«Un pescador que esté muy habituado al mar y se desenvuelva en el fondo de las aguas con tanta seguridad como en la tierra, se apoderará sin necesidad de astucias, lo mismo del medroso pargo que de la temida sciene».

Tucidedes – (459-398 A.C.) Historiador griego, relata que en la guerra de Peloponeso, durante el sitio a Siracusa por los ejércitos atenienses, se hizo necesario destruir una gran empalizada que impedía la entrada de los barcos. Para este propósito se emplearon nadadores de combate, quienes sumergidos desde distintas embarcaciones pudieron realizar este trabajo, el que también nos deja la inquietud de sí utilizaron alguna ayuda respiratoria.monstruos-marinos_a-color

Fué tal el culto y la devoción que los griegos profesaban por la natación, que llegaron a calificar como inculto al griego que no supiera nadar, por ser esta habilidad representativa de sus triunfos en las batallas que libraron en el mar.


Buceadores en la Mitología

Teseo: Héroe ateniense, cuando fué a Creta para matar al terrible minotauro del palacio de Knosos, fué retado por el legendario rey Minos para que le demostrara sus habilidades como buceador y le arrojó su anillo de oro al mar. Teseo, no sólo recuperó el anillo de oro del rey sino que sacó una corona de oro que le fué concedida por Anfitrites, esposa de Poseidón, dios de los mares, como premio a su hazaña.

Glaucos: El famoso pescador de Beocia, al regresar de una de sus faenas de pesca, arrojó a la orilla sus peces muertos sobre unas verdes hierbas que crecían en esa zona; los peces al caer sobre las hierbas revivieron, Glaucos, perplejo ante lo sucedido comió estas hierbas, las que le produjeron un deseo irresistible de sumergirse, logrando permanecer en el fondo hasta su voluntad.vellmar


Bibliografía

Quesada Sanz, Fernando (2008). Armas de Grecia y Roma. Madrid: La esfera de los libros

Manual de Buceo recreativo salvamento y rescate. Gonzalo Concha.

Biblioteca Clásica Gredos.

https://zco1999.wordpress.com/2012/04/01/urinatores-los-seal-del-imperio-romano/

http://www2.ulg.ac.be/vinitor/rida/2001/zamora%20manzano.pdf

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