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La historia tradicional de los orígenes de Roma gira en torno a una fecha crucial: el año 509 a.C., en que fue derrotado el último de los siete reyes que gobernaron la ciudad desde la época de Rómulo, dos siglos y medio atrás, para dar paso a la República. Ese último rey de Roma se llamaba Tarquinio, pero la tradición histórica romana le dio el apodo de «el Soberbio», diferenciándolo así de otro Tarquinio que había reinado en Roma unas décadas antes, Tarquinio Priso. En efecto, en la memoria histórica de ña Roma republicana Tarquinio el Soberbio encarnó los peores vicios de la monarquía y fue visto como un modelo de tirano y enemigo de la patria.


La expulsión de Tarquinio de Roma

Tradicionalmente, el fin de Tarquinio el Soberbio se relaciona con un episodio violento protagonizado por su hijo Sexto: la violación de Lucrecia, una patricia romana casada con un pariente del propio rey. El suicidio de la joven tras el ultraje suscitó tal indignación que los romanos, liderados por Bruto, un sobrino de Tarquinio, decidieron prohibir el regreso del rey –que en esos momentos se encontraba en una campaña militar contra Ardea– y expulsar de la ciudad a todos los miembros de su familia. Según la tradición, Lucio Junio Bruto y Tarquinio Colatino, convertidos en libertadores del pueblo, se proclamaron cónsules, una nueva magistratura anual que sustituía a la figura del monarca. Quedaba así abolida la monarquía y daba inicio el sistema republicano.800px-Horatius_Cocles

Naturalmente, éste es un relato legendario, elaborado mucho después de los acontecimientos. Los historiadores actuales han propuesto diversas hipótesis sobre la caída de Tarquinio: una revolución interna, la amenaza de otro líder etrusco, la reacción latina a la supremacía etrusca, o una evolución más gradual por la que la vieja aristocracia fue sustituida por la nobleza de corte que se desarrolló en torno al «tirano».
Tras su expulsión de Roma, los Tarquinios buscaron refugio en ciudades etruscas aliadas. Sexto Tarquinio acudió a Gabii, donde fue asesinado; dos de sus hermanos se refugiaron en Caere, y Tarquinio el Soberbio buscó asilo en su tierra natal, Tarquinia, donde empezó a tramar la restauración de la monarquía en Roma. Inicialmente, Tarquinio trató de organizar una conjura por medio de legados enviados a Roma a reclamar las propiedades de la familia real. En el complot se involucraron numerosos jóvenes contrarios al nuevo sistema republicano, entre ellos los hijos del cónsul Junio Bruto. Pero la intriga fue denunciada, las propiedades reales fueron confiscadas y se condenó a los conjurados a ser azotados y decapitados públicamente.


Tarquinio intenta recuperar el trono. La leyenda de Públio Horacio Cocles. El puente Sublicio.

El monarca exiliado organizó entonces un ejército con tropas de Tarquinia y Veyes y atacó Roma. Sin embargo, fue derrotado y en la batalla perdió la vida uno de sus hijos, Arrunte Tarquinio, aunque por parte de la República también falleció el cónsul Junio Bruto. Los Tarquinios pidieron asilo y apoyo a Lars Porsena, rey de Clusium.3-2

Cuando el ejército de Porsena llegó a las inmediaciones de Roma,  un ejército romano le salió al paso comenzando así la leyenda de Publio Horacio Cocles:

Al norte, el Campo de Marte, el Capitolino y el río Tíber junto con la Isla Tiberina. Al oeste, el Janículo (en latín, Ianiculum), la colina elegida por el ejército de Lars Porsena para montar campamento. Al este estaba el río Tíber, el puente Sublicio, las murallas de Roma y el monte Aventino. Mirando hacia el este, entre la Isla Tiberina y el campamento estaba el ejército etrusco conformado por 3 grandes columnas de infantería. En la columna izquierda estaban formados por exiliados romanos y liderados por los Tarquinios. En el ala derecha estaban formada por una colación latina, liderada por Octavio Mamilio y en el centro la columna más potente y numérica que era la de Lars Porsena.

Del lado romano, la composición del ejército fue igual. En el ala izquierda, que iba a luchar contra la columna derecha comandada por Mamilio, estaba Marco Valerio Voluso –hermano de Publio Valerio Publícola– y Tito Lucrecio Tricipitino. En el ala derecha, estaba Espurio Larcio Flavio y Tito Hermimio Aquilino para enfrentarse al ala de los Tarquinios. En el centro los cónsules Publio Valerio Publícola y Marco Horacio Pulvilo.

Durante la batalla, el ala de los Tarquinios comenzó a ceder, pero no así la de Porsena y Mamilio, que empezaban a mellar las columnas de los cónsules hasta el punto que muchos romanos comenzaron a huir hacia las murallas presos del pánico. Lo que siguió luego fue terrible: la desbandada fue inmensa y unos pocos lograron contener al ejército etrusco.22194454

Viendo que la desbandada era inevitable, un hombre llamado Publio Horacio Cocles (un sólo ojo) que estaba de guardia en el puente Sublicio salió a reprender a todos los que huían hacia la ciudad a través del puente llamándoles cobardes. El puente Sublicio era angosto y con las defensas lo hacía un punto ideal para frenar el combate. Pero ni insultándoles podía Horacio Cocles convencer a sus compatriotas que lanzaban las armas y seguían huyendo despavoridos, es por eso que él mismo se interpuso en el comienzo del puente dispuesto a frenar al ejército enemigo que venía para tomar la ciudad. Según escritor británico Thomas Macaulay en en la colección de poesías Cantos de la Antigua Roma:

«¿Qué mejor manera de morir puede tener un hombre, que la de enfrentarse a su terrible destino, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?»

Al principio eran unos pocos valientes etruscos que deseaban la gloria. Éstos caían al río ahogándose o bien eran muertos por Cocles. Viendo esta situación, dos oficiales de alto rango, quizás avergonzados de ser partícipes de la huida cambiaron de opinión al ver como Horacio Cocles comenzaba a matar enemigos que intentaban hacer paso. Es así como Espurio Lucrecio y Tito Herminio Aquilino se volvieron y se pusieron hombro a hombre con Horacio. Los dos oficiales y el soldado contuvieron las primeras embestidas. Mientras esto ocurría, Horacio ordenaba a los romanos que huían a que derrumbaran el puente como fuere para evitar que el enemigo penetrase.HoracioCocles1

Entre todo el alboroto para mover al ejército, todavía los jefes etruscos no entendían porqué no se estaban ya matando ciudadanos romanos y un gran alboroto se mantenía en el inicio del puente Sublicio. Al llegar los primeros jefes vieron que una última defensa romana de 3 defendía la línea con uñas y dientes. En el lado romano, Cocles y el resto de oficiales motivaban a los romanos a derrumbar el puente como fuere y llegado un momento, el puente comenzó a ceder y destruirse. Es así como Horacio Cocles ordenó a los oficiales que le hacían compañía a que se retiraran y le dejaran a él sólo frenar al ejército mientras el puente estaba siendo derrumbado. Los líderes y soldados etruscos viendo solo a Cocles no hicieron más que sentirse incrédulos ante tal situación. Con su espada y su escudo retaba a duelo a todos los jefes presentes y les recriminaba que fueran esclavos de tiranos. Mientras los presentes y los jefes miraban a Cocles con vergüenza y se ordenó realizar la última carga antes de que el puente cediera. Mientras Cocles contenía por el pedazo de puente que quedaba en piea una docena de soldados, el estruendo del puente cayendo se oyó y en ese momento Cocles gritó:

“Padre Tíber, te ruego recibas en tu corriente propicia estas armas y este guerrero tuyo”

Así, completamente armado, se arrojó al Tíber y aunque muchos proyectiles cayeron sobre él, pudo cruzar nadando a la seguridad de los suyos: el acto de audacia más famoso que quedó grabado en la posteridad. El acto heroico de Horacio Cocles le valió un reconocimiento sin igual: el Estado le erigió una estatua donde se realizaban los Comicios y también se le otorgó tierra suficiente, tanta como pudiese arar sólo en un círculo durante un día. La peble, no habiendo olvidado tampoco este sacrificio y sabiendo que todo el mundo estaba en aprietos con la comida –pues Horacio Cocles regresó vivo según la mayoría de los autores– ofreció a Cocles la ración gratuita de grano del día como agradecimiento.Horacio en el puente - Severino Baraldi


Poema de Juan de Arguijo

Con prodigioso ejemplo de osadía
Un hombre miro en la romana puente
Resistir solo de la etrusca gente
El grueso campo que pasar porfia.

Ni la enemiga fuerza le desvia,
Ni de su vida el cierto fin presente;
Que su valor dejar no lo consiente
La difícil empresa en que insistía.

Oigo del roto puente el son fragoso
Cuando al Tibre el varon se precipita
Armado, y sale de él con nueva gloria;

Y al mismo punto escucho del gozoso
Pueblo las voces, que aclamando grita:
«¡Viva Horacio; de Horacio es la vitoria!»


Bibliografía

Enciclonet 

Historia National Geograpich

Biblioteca Osprey Grecia y Roma

http://www.poesiacastellana.es/

http://minid.net

 

 


Su linaje era de origen plebeyo, pero ilustre. Su antepasado Publio Licinio Craso fue pontífice máximo y cónsul en 205 a.C. junto con Escipión el Africano, el vencedor de Aníbal, y fue apodado Dives, «el Rico». La familia se había integrado en la nobilitas, la aristocracia compuesta por patricios y plebeyos de la que se nutrían las filas de la clase política, pero su fortuna menguó considerablemente. Plutarco cuenta que la casa del padre de Craso era modesta y que él y dos hermanos suyos, ya casados, comían en la misma mesa. Craso, que se casaría con la viuda de uno de estos hermanos, mantendría toda su vida unos hábitos frugales que contrastaban llamativamente con los ostentosos derroches de otros patricios.

El padre de Craso desarrolló una destacada carrera política, que le llevó a ser nombrado cónsul en el año 97 a.C. y censor en 89 a.C. Esto provocó que se viera envuelto en las luchas por el poder en esos años. En 87 a.C., Sila dio un golpe de Estado y ocupó Roma militarmente, pero cuando partió a luchar en Oriente contra Mitrídates, sus rivales, Cina y Mario, tomaron el control de la ciudad y lanzaron una feroz persecución contra los partidarios de Sila. Entre éstos se encontraba el padre de Craso, que se suicidó; uno de sus hijos también murió a manos de los nuevos dueños de Roma.marco-licinio-craso


Su fortuna – El hombre más rico de Roma

Craso logró abandonar Roma, donde su vida corría peligro, y se refugió en Hispania. Temeroso de que incluso allí pudieran capturarlo, se escondió durante ocho meses en una cueva cerca de Málaga, junto con tres amigos y diez esclavos. Un cliente de su familia le llevaba la comida y también le procuró la compañía de dos esclavas. Craso únicamente volvió a Roma cuando Cina fue asesinado, en 84 a.C. Sin duda, esta experiencia traumática marcó su carácter y quizá fomentó en él, como un modo de resguardarse frente a los enemigos, la avaricia y la codicia que tantos le censuraron.

El acceso al poder de Lucio Cornelio Sila tras el asesinato de Cina devolvió a Craso la libertad perdida y lo situó en un lugar preferente de la política. Ahora, los perseguidos eran los de la facción enemiga. Contra ellos Sila aplicó el procedimiento de la proscripción: la inscripción en una lista pública de las personas declaradas fuera de la ley, a las que cualquiera podía matar y cuyas propiedades eran confiscadas. Nada menos que 40 senadores, 1.600 caballeros y 4.000 ciudadanos sufrieron esta condena. La subasta de sus bienes atrajo a muchos compradores en busca de oportunidades, entre ellos Craso.

Refiere Plutarco que:

«cuando Sila se apoderó de la ciudad y puso a la venta las propiedades de los que iban pereciendo a sus manos, ya que las consideraba y denominaba botín y quería que la mayoría de los notables compartieran este sacrilegio, Craso no se abstuvo de coger ni de comprar».

Así fue como Craso empezó a participar de un colosal y lucrativo negocio: la expropiación, incautación y compra de propiedades urbanas de ricos ciudadanos a precios irrisorios; éste fue el origen de su fortuna. 002023a_2000x2000

El negocio del ladrillo

Craso se aprovechó de otra medida de Sila: el nombramiento de 300 senadores más entre los caballeros, los equites, la clase empresarial y de negocios, con lo que la curia pasó a tener 600 miembros. Estos nuevos senadores necesitaban cultivar una imagen noble y digna y se mostraron muy interesados por las grandes mansiones y fincas de los senadores caídos en desgracia. Al modo de un avezado promotor inmobiliario, Craso les revendió las mansiones requisadas con un gran margen de beneficio.

Otra estrategia de Craso subraya aún más su imagen de negociante sin escrúpulos. Plutarco lo expone con nitidez:

«Como veía que los incendios y los derrumbamientos de casas eran un mal endémico e inevitable en Roma –debido a que los edificios eran muchos y muy pesados–, se dedicó a comprar los edificios incendiados y los próximos a éstos, pues los propietarios se los cedían a bajo precio a causa de su temor e incertidumbre; de manera que la mayor parte de Roma estaba en sus manos».

Al mismo tiempo, creó un equipo de quinientos esclavos arquitectos y constructores para apuntalar los edificios y desescombrar las parcelas, y luego alquilaba o vendía las viviendas. No hacía edificios nuevos, pues aseguraba que «los aficionados a la construcción se arruinan ellos mismos sin necesidad de enemigos».

Esclavista y usurero

Craso poseía también haciendas en Roma y en la península Itálica así como minas de plata, tal vez en Hispania.

Pero, según Plutarco:

«todo esto no era nada en comparación con el valor de sus esclavos».

Craso se preocupó personalmente de que recibieran una formación especializada en tareas diversas –«lectores, escribas, plateros, administradores, camareros…»– y les confió cada tarea con autonomía, entendiendo que ése era el mejor modo de rentabilizarlos, aunque consciente de que él mismo debía controlarlos a todos. Los esclavos le sirvieron como bienes preciados y liquidables, y para llevar la gestión de su emporio.

Gracias al inmenso capital que amasó, Craso actuó también como prestamista. Generalmente cobraba intereses altísimos, pero tenía a gala perdonárselos a sus amigos, aunque cuando vencía el plazo del préstamo reclamaba su devolución con gran dureza, tanto que «el don resultaba más oneroso que una gran cantidad de intereses», dice Plutarco. Los préstamos eran también un medio de ganarse aliados políticos; de ahí, por ejemplo, los 830 talentos que prestó a Julio César en los inicios de su carrera política. craso-muerte-644x362

Pese a su codicia, Craso supo ganarse el favor popular para lograr sus objetivos electorales. Cuando en el año 71 a.C. fue elegido cónsul, tras su éxito en la represión de la revuelta de Espartaco el año anterior, quiso mostrarse especialmente pródigo:

«Consagró a Hércules el diez por ciento de sus bienes –explica Plutarco–, ofreció un banquete al pueblo y de sus propios fondos procuró a cada romano una provisión de grano para tres meses».

Esta generosidad le ayudó a conseguir los votos necesarios para ser elegido censor, cargo que desempeñó diplomáticamente: no revisó ni censuró a senadores, caballeros ni a ciudadanos.


La guerra con Espartaco

Hubo otros rebeldes que se alzaron en armas contra el poder del pueblo y el Senado de Roma, pero ningún caudillo popular logró la fama de Espartaco, que en tan sólo dos años derrotó nueve veces a las legiones romanas. El Senado, alarmado por tamaña serie de derrotas, en un gesto inaudito, no sólo envió contra los rebeldes diez legiones al mando del implacable y ambicioso Craso, sino que, recelando un nuevo fracaso, reclamó el regreso urgente a Italia de los ejércitos de sus dos mejores generales, Pompeyo y Lúculo, para acabar con Espartaco. Todo empezó con una revuelta en la escuela de gladiadores de Léntulo Batiato en Capua, en la primavera o el verano del año 73 a.C. De los doscientos esclavos sublevados fueron setenta los que lograron huir. Eran tracios, celtas y germanos, seleccionados y entrenados para los combates en el circo. Apenas tenían armas, pero eran fuertes y sabían combatir. Prefirieron arriesgarse a morir luchando por su libertad que en la arena circense. Designaron como jefes al tracio Espartaco y a dos celtas, Criso y Enómao. Marcharon hacia el sur, se fueron armando y saquearon campos y aldeas. Se les sumaron esclavos, desertores y gentes empobrecidas, atraídos por la generosidad de Espartaco, que repartía el botín de los saqueos de modo igualitario, y buscaron refugio en las laderas verdes y escarpadas del Vesubio.gladiadores-fondo-3

Después de innumerables escaramuzas, en Abril del año 71 a.C. Craso y Espartaco entraron en una gran batalla campal. El combate fue extraordinariamente encarnizado. Espartaco avanzó sembrando muerte a su paso, dirigiéndose tal vez hacia donde se encontraba Craso. Pero cayó heroicamente con múltiples heridas y su cadáver quedó irreconocible entre los montones de muertos. Craso obtuvo una aplastante victoria. Para conmemorarla y para escarmiento de cualquier rebelde, mandó crucificar a los seis mil prisioneros supervivientes a lo largo de la vía Apia, que iba de Capua hasta Roma. Numerosos fugitivos trataron de escapar hacia el norte, pero se toparon, ya en Etruria (es decir, en la Toscana), con el ejército de Pompeyo, que aprovechó la ocasión para aniquilarlos y adjudicarse un nuevo timbre de gloria. Luego se jactaría de haber sido él quien puso punto final a la guerra: «Craso había derrotado a los esclavos fugados en una batalla, pero él, Pompeyo, había destrozado las raíces de la guerra», haciendo así sombra a los méritos de su rival político. Aunque Craso había logrado derrotar y matar a Espartaco en medio año, de otoño de 72 a.C. a abril de 71 a.C., no pudo monopolizar la victoria. Este último año, Pompeyo y Lúculo festejaron con un triunfo en Roma sus triunfos bélicos respectivos (en Hispania y en Asia Menor), pero Craso tuvo que contentarse con una celebración menor, la ovatio u ovación pública. El triunfo se concedía por ley sólo a los vencedores en una guerra contra enemigos externos, pero no a quien sólo había derrotado a una turba de esclavos, miserables rebeldes, en tierras itálicas. Pompeyo y Craso fueron elegidos cónsules para el año siguiente.


El triunvirato con Julio Cesar y Pompeyo

En el año 59 a.C., en un momento crítico para la estabilidad política de la República romana, se confeccionó un nuevo sistema de gobierno llamado a estabilizar la situación, el Triunvirato. Básicamente, este sistema consistía en un reparto de poder, más o menos equitativo, entre los tres hombres fuertes de la República: Julio César, Pompeyo y Marco Licinio Craso. El primero, gozaba de un gran prestigio por su buen gobierno en Hispania Ulterior; Pompeyo era el líder del ejército tras su exitosa campaña en Asia y su espectacular triunfo sobre los piratas del Mediterráneo; y Craso acumulaba unas enormes riquezas sobre las que cimentaba su influencia.

Pompeyo y Craso eran encarnizados enemigos, pero César fue capaz de acercar sus posturas e idear el sistema de reparto que permitió a los tres alcanzar sus objetivos políticos. César fue elegido cónsul, con un mando de cinco años sobre la Galia Cisalpina, Iliria y Narbonense; Pompeyo, por su parte, obtuvo en el año 55 a.C. la elección como cónsul de Hispania; finalmente, Craso, fue elegido, ese mismo año, cónsul de Siria. Para afianzar más las relaciones entre el triunvirato, Pompeyo contrajo matrimonio con la hija de César, la joven Julia.primer-triunvirato-romano

Pese al reparto de poder, el triunvirato mostró prontos sus debilidades. Pompeyo se negó a salir de Roma y gobernó sus provincias por medio de legados. Esto provocó ciertos recelos entre sus dos colegas, ya que desde Roma amenazaba su posición. Por otro lado, César, emprendió la conquista de la Galia, lo que le reportó fama y un considerable botín. Craso, que veía su posición debilitada por las ambiciones de sus dos compañeros, trató de emular a César y ampliar los límites de sus territorios. ara ello, en el año 53 a.C. cruzó el Éufrates y se adentró en territorio de Partia, dispuesto a conquistar a los belicosos vecinos orientales de Roma.


La batalla de Carras

Craso salió de la provincia romana de Siria al frente de un ejército de 45.000 hombres, de los cuales, 41.000 eran infantería (siete legiones y 4.000 arqueros) y 4.000 caballería ligera gala. La infantería estaba directamente bajo su mando, mientras que la caballería era comandada por su hijo, Publio Licinio Craso. El imponente ejército romano cruzó el Éufrates, la frontera entre ambos imperios establecida cuatro décadas antes, durante el reinado de Arsaces IX Mitriades II; y se adentró en territorio parto. En las cercanías de la localidad de Carrhae, las tropas de Craso se encontraron con el ejército parto de Arsaces XIV, dirigido por el general Surena.unnamed

Surena empleó a la temible caballería parta, compuesta de veloces arqueros a caballo y catafractos, un cuerpo de élite de caballería pesada, fuertemente acorazada y armada con lanzas. Frente a este ejército, Craso dispuso el tradicional ejército romano, cimentado en la infantería, altamente disciplinada, apoyada por arqueros a pie y caballería ligera. El general parto rehusó el combate frontal, sabedor de que sus tropas no eran comparables a la formidable infantería romana, pero adoptó una táctica muy inteligente que dio grandes frutos.

Los arqueros a caballo partos se acercaron al galope a las legiones romanas, disparando una constante lluvia de flechas. Ante esto, los romanos sólo pudieron protegerse tras sus enormes escudos y esperar a que los partos llegaran al cuerpo a cuerpo. No obstante, los partos se mantuvieron a distancia, castigando continuamente a la infantería romana con sus arcos. El arco compuesto usado por los partos les permitía no sólo lanzar sus flechas a gran velocidad sino además atravesar las corazas romanas. Para mantener constante el aluvión de flechas, los partos usaron camellos para abastecer de armas a sus arqueros.131106055512642308

Craso se dio cuenta pronto que la situación era insostenible, ya que si bien las bajas entre sus filas no eran muy numerosas, lo cierto es que su ejército estaba inmovilizado y a merced del enemigo. Para romper el bloqueo, Craso ordenó a su hijo que persiguiera a los arqueros partos con la caballería ligera gala. Ante la carga de Publio Licinio Craso, los partos, grandes jinetes, fingieron la retirada para alejar a Publio del resto del ejército romano. En esta retirada, los partos cabalgaron a pleno galope mientras disparaban hacia atrás sus arcos, lo que provocó numerosas bajas entre los galos. Una vez que la caballería de Publio estaba aislada y exhausta por la persecución, Surena ordenó a los catafractos cargar contra ellos. Una vez más, se pusieron en evidencia las enormes diferencias tácticas entre ambos contendientes, ya que mientras que los romanos mantuvieron su formación cerrada, los partos evitaron el enfrentamiento y se limitaron a cabalgar en círculo alrededor de los romanos, hostigándoles y levantando una polvareda tal que provocó que los romanos no pudieran emplear sus tácticas de combate.

Mientras la caballería gala de Publio era castigada por los catafractos, los arqueros partos regresaron al galope y reanudaron su ataque sobre la infantería de Craso. El combate se hizo agotador, durante horas las legiones romanas soportaron una lluvia de flechas interminable, mientras que la aislada caballería gala trataba en vano de cargar contra los catafractos. Finalmente, las tropas de Publio fueron las primeras en ceder, vencidas por el calor, la sed y el agotamiento, acabaron aniquiladas por la caballería pesada parta. Publio cayó junto a sus hombres y su cuerpo mutilado fue expuesto ante el resto de tropas romanas. Aplastada la caballería romana, Surena lanzó a su caballería pesada contra las legiones, al tiempo que continuaba la lluvia de flechas lanzadas por los arqueros partos. Una a una las legiones de Craso fueron aniquiladas.romanos-partos

Ante el desastre Craso ordenó la retirada a Carrhae, abandonando a más de 4.000 heridos en el campo de batalla, que fueron asesinados por los partos. Con la ciudad de Carrhae sitiada, Craso trató de huir, aprovechando la costumbre parta de no luchar de noche, pero fue traicionado por su guía y conducido directamente hacia el ejército de Surena. Las tropas romanas, con Craso a la cabeza, se encontraron al amanecer frente al grueso de las tropas de Surena, el cual ofreció al general romano parlamentar. Craso acudió a la reunión, ante la imposibilidad de seguir luchando, pero fue traicionado por Surena que le capturó y ejecutó.

Tras la muerte de Craso, el ejército romano se dividió. Unos 10.000 soldados se rindieron y se entregaron a Surena, que los envió a Partia como esclavos. El resto decidió escapar a las montañas en plena noche. El cuestor Cayo Casio Longino, al mando de quinientos jinetes y 5.000 legionarios, logró llegar hasta Siria y reorganizó las defensas romanas.gy2wnyv


La leyenda de la Legión Perdida

En conexión con la batalla de Carrhae existe una leyenda, la legión perdida, cimentada en los textos de Plutarco y Plinio, según la cual, tras la muerte de Craso, 10.000 soldados romanos decidieron rendirse a los partos con la intención de salvar sus vidas. Estos soldados, convertidos en mercenarios, reaparecerían en China en el año 36 a.C.

Según Plutarco y Plinio, los 10.000 legionarios romanos que se rindieron fueron llevados como esclavos al extremo oriental de Partia, a Bactriana (Afganistán), con la intención de alejarlos lo más posible de la frontera romana y evitar así una sublevación. No obstante, algunas unidades, para evitar la esclavitud se convirtieron en mercenarios del ejército parto y fueron enviadas a Turkmenistán a luchar contra los hunos. Allí se perdió su rastro y nació la leyenda de la legión perdida.

Cuando Augusto logró firmar la paz con los partos, se estableció la devolución de los prisioneros y de los estandartes, pero para esa época ya se ignoraba que había ocurrido con los que se habían convertido en mercenarios.crassus-advance

No fue hasta mediados del siglo XX cuando se reabrió el interrogante. En 1955 el profesor estadounidense Homer Hasenpflug Dubs, afirmó que había encontrado el rastro de estos mercenarios. Según el historiador estadounidense, los soldados romanos aparecerían en las crónicas chinas de la Dinastía Han en el año 36 a.C. fecha en la que se produjo un enfrentamiento en la ciudad de Hun entre tropas chinas y un peculiar grupo de soldados que lucharían con un estilo muy similar al usado por los romanos. Para algunos, el estilo de lucha de los defensores de la ciudad de Hun supone la evidencia de que estos eran los soldados romanos convertidos en mercenarios por los partos, que lograron escapar y huyeron hacia el este, asentándose en China.

Según los seguidores de esta leyenda, los soldados romanos que lograron escapar de los partos y se establecieron en Tayikistán. Allí fueron encontrados por el general chino Gan Yanshou, que tras derrotarlos los deportó a China. El emperador les permitió asentarse en un lugar conocido como Li-Jen (nombre con el que los chinos se referían a Roma) a cambio de que protegieran las fronteras frente a los tibetanos. Recientes estudios han demostrado una cierta similitud en el ADN entre la población de esta región china y la de Europa, además, se han encontrado monedas y cerámicas de estilo romano, pero no hay que olvidar que Li-Jen estaba localizada en la Ruta de la Seda, por lo que estas evidencias podían pertenecer a mercaderes y no a los soldados perdidos.zhelaizhai03_map

La opinión mayoritaria de los investigadores es que la legión perdida no es más que un mito. Se considera poco probable que un contingente armado y numeroso de romanos pudiera vagar por territorio parto durante años sin que nadie los descubriera. Igualmente, se considera poco probable que en el caso de huir lo hubiesen hecho hacia el este en lugar de hacia el oeste, donde se encontraba Roma. Por tanto, la falta de evidencias arqueológicas y bibliográficas claras, sitúa esta historia en el terreno de la leyenda.

Oficialmente, no fue hasta el año 166 cuando China y Roma entraron en contacto, por medio de una embajada enviada por el emperador Marco Aurelio. Pese a estos contactos, las largas distancias entre ambos imperios y el tradicional aislamiento de China provocaron que los contactos no prosperasen y ambos imperios continuaran evolucionando de espaldas el uno al otro.


Bibliografía

Historia National Geograpich

Enciclonet

http://www.abc.es/cultura/20150831/abci-craso-romano-cruel-crucifico-201508281340.html


Clito «El Blanco»

En griego Kleitos, llamado Leuco (El Blanco). Almirante macedonio. Marchó a Asia con Alejandro Magno, pero se le mandó regresar con Cratero y los veteranos licenciados en el 324 A.C. Estuvo al mando de la flota macedonia en la guerra lamíaca en el 322 A.C.; adoptó el sobrenombre de Poseidón y , como emblema, el tridente. Del reparto del 321 A.D. obtuvo Lidia, que le arrebató Antígono en el 319 A.C. Entonces volvió a Macedonia, se puso al servicio de Poliperconte y entregó Foción a los atenienses. En 318 A.C., derrotó a Nicanor frente a Bizancio, pero al día siguiente Antígono atacó a su flota por sorpresa y la destrozó; fue muerto poco después, cuando intentaba llegar por tierra a Macedonia.caballo-de-alejandro-magno


Clito «El Negro»

En griego Kleitos, llamado Melas (El Negro). Lugarteniente de Alejandro Magno. Era hermano de la nodriza del rey y hermano de la infancia de Alejandro, cuyo marido, Andrónico, estaba al mando de  los mercenarios griegos. Salvó la vida a Alejandro durante el paso del Gránico en 334 A.C. En Arbelas estuvo al frente del escuadrón de los compañeros del rey. En 330 A.C., se le confió una de las dos hiparquías recientemente creadas, y , en 328 A.C., sustituyó a Artabazo, sátrapa de Bactriana. Durante un banquete criticó al rey, exaltando la sencillez y las hazañas de Filipo, por lo que Alejandro le mató, lo cual le produjo más tarde una violenta desesperación.

Plutarco cuenta como salvó la vida a Alejandro en Gránico:

«Un gran número de persas acorraló al rey, que resistió gracias a su escudo y a la cresta de su casco, a cuyos lados había una pluma de asombroso tamaño y blancura. Alejandro recibió un lanzazo en la unión de su coraza, pero no resultó herido. Entonces los generales persas Resacees y Epítridatess cayeron al unísono sobre el rey. Tras esquivar a este último, Alejandro logró golpear a Resaces, protegido con su coraza, con su lanza, pero cuando esta se rompió recurrió a su espada. Mientras ambos estaban enzarzados en combate cuerpo a cuerpo, Espítridates detuvo su caballo junto a ellos, desmontó de su caballo y asestó un golpe al rey de Macedonia con el hacha bárbara. Partió la cresta del casco de Alejandro junto a una de sus plumas, y el casco apenas resistió el golpe, llegando a tocar el filo del hacha el caballo del rey macedonio. Entonces, Epítridates alzó el hacha para asestarle el golpe definitivo, pero Clito llegó antes y le abatió con su lanza. En ese mismo instante, también caía Resaces, abatido por la espada de Alejandro».

Su muerte.

A medida que iban pasando los años, Clito percibió que su rey y amigo Alejandro Magno se interesó por integrar a los persas en el ejército y a tomar las costumbres de estos pueblos, lo cual le llevó a sentirse decepcionado con el rey, pero debido a su amor y lealtad hacia él, callaba tratando de no contradecirlo. Se sentía fuera de lugar en Persia, pero tenía la esperanza de volver pronto a su casa en Macedonia.800px-black_cleitus_saves_alexander_in_the_charge_at_the_granicus_19th_century_adaptation_from_the_painting_by_charles_le_brun

En el año 328 a.C., Alejandro organizó un banquete en Maracanda, al que invitó a sus amigos griegos de siempre y también a los asiáticos. A mitad de la celebración, Clito comenzó una acalorada discusión con el rey, discusión que acabó en un cruce de reproches, en la que Clito le dijo a Alejandro que era inferior a su padre Filipo y que era un orgulloso que se creía un dios y un traidor hacia Macedonia, y, además, le recordó que le salvó la vida en el Gránico. Criticó la «orientalización» del rey macedonio y su ingratitud para con sus soldados griegos y macedonios, quien según él eran los verdaderos responsables de los triunfos de Alejandro, y le acusó indirectamente de haber participado en el asesinato de Filipo II.

Alejandro comenzó una fuerte pelea; los amigos no podían separarlos y la desgracia apareció cuando Alejandro lo atravesó con su lanza y le provocó la muerte. El joven rey tomó conciencia que había matado a un gran amigo, deseó quitarse la vida justo después, pero los soldados impidieron tal acto. Estuvo deprimido durante tres días lamentando haberlo matado.

Clito tuvo un gran funeral y siempre fue y será recordado por su amor a su patria y por la lealtad a sus superiores y amigos.batalla-de-granico-alejandro-cruzando-el-rio


Bibliografía

Enciclopedia Larousse

Osprey Publishing

Gisbert, Haefs; Alemany, José Antonio (2005). Alejandro: El unificador de Grecia, la Hélade (1 edición). Barcelona, España: Quinteto, S.L. Edhasa. p. 592. ISBN 978-84-95971-24-1.

Gisbert, Haefs (2002). Alejandro: El Conquistador de un imperio: Asia (1 edición). Barcelona, España: Quinteto, S.L. p. 680. ISBN 978-84-95971-25-8.

Carl Grimberg, Historia Universal, “Ocaso político de Grecia”, ediciones Daimón, Manuel Tamayo de 1967.


El personaje de Corocotta únicamente aparece citado por las fuentes clásicas en una ocasión. Es el historiador y senador romano Dion Casio (155-después de 235) el único que le cita. Lo hace en su Historia Romana (LVI, 43, 3), pero no en el contexto de las guerras cántabras, sino al final del principado de Augusto y tras la muerte del emperador (año 14 d. de C.).

Al narrar algunas anécdotas de su vida, dice únicamente que Augusto estaba irritado con un «bandido de Iberia» llamado Corocotta y que ofreció una recompensa por él; que cuando éste se entregó voluntariamente no le causó daño y le entregó el dinero prometido por su captura. Nada más nos indica sobre la vida de Corocotta anterior o posterior a este episodio de la vida de Augusto, con el que el historiador grecorromano quiso ilustrar la magnanimidad del emperador.

En ningún caso se dice además que Corocotta se presentase audazmente a cobrar la recompensa y dejase boquiabierto a Augusto con su bizarro gesto de colarse hasta la tienda del mismísimo emperador (lo que les habría costado a los que estuviesen de guardia en las puertas del campamento y a la misma guardia personal del emperador un castigo ejemplar por incompetentes), como ha pretendido el chovinismo popular local, ni se especifica a qué pueblo pertenecía ni qué hechos de armas protagonizó para que merezca el rango de figura ‘heroica’.

Se citaban estas cosas de Augusto, y se decía además que se enfadaba con quienes le habían ofendido pero sin llegar a perder el control, y que mantenía fielmente su palabra incluso con quienes no eran dignos de ella. Un ejemplo: en un primer momento llegó a estar tan enfadado con un tal Corocotta, un bandido famoso de Iberia, que prometió doscientas cincuenta mil dracmas (=denarios) a quien lo capturase. Pero como Corocotta acabó por entregarse voluntariamente, no sólo no le causó ningún daño sino que le entregó la recompensa prometida.

Dion Crasio


La construcción de un mito

Los historiadores contemporáneos dan credibilidad al relato de Dion Casio, quien, a pesar de que recupera la historia romana más de doscientos años después, bebe de otras obras que no han llegado hasta nosotros. No obstante, hay que preguntarse por qué otros historiadores antiguos que documentan las guerras cántabras no aluden a este episodio, cuando siempre se les ha atribuido tendencia a encumbrar la figura del emperador con grandes victorias sobre sus enemigos.

La falta de datos ha multiplicado las interpretaciones y una fácil de alimentar ha sido convertir a Corocotta en un símbolo de los cántabros –en Asturias no ha sucedido lo mismo– y de su oposición a Roma. Pero esto es complicado de entender si lo que sucede es que al final el ‘bandolero’ pacta, llega a un acuerdo con su rival, Roma, y por extensión con su máxima autoridad, Augusto.240px-Spain.Santander.Estatua.Monumento.al.Cantabro


Bibliografía

El diario montañés

Enciclonet

Los cántabros. Desde los orígenes hasta las Guerras Cántabras. Rafael Palacio Ramos, Narciso Herreros Cleret de Langavant y Rafael Guerrero Elecalde. Gobierno de Cantabria.


Su lugar de nacimiento está firmemente señalado por la tradición en Vivar del Cid, a 10 km de Burgos en el año 1043. Su familia pertenecía al estamento caballeresco, pero en el grado más bajo, la hidalguía. Su padre se llamaba Diego Laínez y estaba emparentado con el linaje de Laín Calvo, uno de los más antiguos de Castilla. Tras la muerte de su padre (hacia el año 1058), y como cualquier otro infanzón de su época, Rodrigo fue educado en las artes de la guerra, ocupación principal de los miembros de su estamento, y a la edad de catorce años pasó a servir al rey de Castilla Fernando I, concretamente en el séquito del príncipe Sancho, primogénito de Fernando y heredero del trono.El cid

La primera intervención del Cid en el campo de batalla tuvo lugar en 1063, en uno de los conflictos internos entre los reinos peninsulares, que muestran bien claramente el universo fronterizo en que se insertaron las andanzas de Rodrigo. El rico reino taifa de Zaragoza, gobernado por al-Muqtadir, era objeto de las preferencias de Aragón y Castilla, pues el tributo anual que se cobraba por su protección era muy alto. El monarca aragonés Ramiro I, hermano de Fernando I, invadió el reino taifa en el año 1063, apoderándose de varios territorios e iniciando el asedio a la fortaleza oscense de Graus. El régulo zaragozano, que era vasallo de Castilla, solicitó la ayuda de Fernando I, por lo que éste decidió enviar un gran contingente de tropas al mano de su heredero, Sancho, ejército en el que también peleó el Cid. El resultado fue la muerte de Ramiro I, el control de Zaragoza por Castilla, y la primera actuación sobresaliente de Rodrigo; dos años más tarde, cuando Sancho fue elegido rey tras la muerte de su padre, le recompensó con el cargo de alférez de la corte, como premio a su entrega en la batalla de Graus.

Como alférez de Sancho, Rodrigo Díaz de Vivar inauguró la que se supone su mayor época de actividad e intervención en los asuntos de la política castellana, aunque bien es cierto que no se tiene demasiada constancia y que, de cualquier forma, su participación debió de ceñirse al control de las líneas fronterizas entre Aragón y Castilla, sobre todo en el territorio zaragozano.Espada_Tizona

Después de la ocupación de Galicia, las diferencias volvieron a surgir entre los dos hermanos, Sancho y Alfonso. Las cuestiones de hegemonía se dirimieron en la batalla de Golpejera (1071), en la que las tropas de Sancho, dirigidas por el Cid Campeador, derrotaron a la aristocracia afín a Alfonso, el cual hubo de refugiarse en Toledo, reino taifa protegido por Fernando I que, por su propio testamento, había quedado bajo la vigilancia (y el cobro de las ricas parias) de León, y no de Castilla, como era más lógico. De todas formas, Sancho el Fuerte creyó que, desaparecido Alfonso, el único problema para lograr su ansiada recuperación territorial se hallaba en Zamora, donde su hermana, Urraca, resistía a entregarle la fortaleza, acosada por tropas castellanas. En el año 1072, cuando el propio rey Sancho y su alférez Rodrigo encabezaban las tropas que, a mitad de camino entre el asedio y la negociación, sitiaban Zamora, el conocido episodio de Bellido Dolfos, el traidor regicida, acabó con el corto y bélico reinado del que había sido protector del Cid.


El Destierro del Cid

El juramento del monarca se narra en el célebre romance de la Jura de Santa Gadea. Como nuevo soberano de Castilla Alfonso se convirtió en señor del hombre que lo había derrotado dos veces, y aunque la nueva situación le permitiera vengarse de él, ése acto le podía acarrear serio problemas con los nobles castellanos. Rodrigo se casó con una parienta del rey: Jimena. Muchos miembros del nuevo séquito real lo miraron con malos ojos, pese a que el propio Alfonso no había tomado medidas contra él, las fricciones no tardaron en producirse. Todo ellos le llamaría a Rodrigo, no sólo a un destierro, sino a dos.Estatua_del_Cid_(Burgos)

El primer destierro se produjo en 1081, se decretó a raíz de su ataque contra una zona del reino taifa de Toledo, en respuesta a la incursión de unos bandidos que habían partido de allí.La actuación del Cid, sin permiso de Alfonso, dejó en evidencia a este último ante el rey de Toledo, que le pagaba tributo. Mantener su crédito ante los tributarios musulmanes exigía castigar a Rodrigo. Sin embargo, las circunstancias obligaron a Alfonso a perdonar al Cid. En 1086, los Almorávides invadieron la península y derrotaron a las tropas del rey en la sangrienta batalla de Sagrajas. Necesitado de auxilio de todo el mundo, Alfonso acudió a Rodrigo, quien durante su destierro había entrado al servicio del rey moro de Zaragoza y se había ganado un gran renombre como guerrero al frente de sus tropas.cid 2

El segundo destierro se produjo cuando los Almorávides asediaron en 1089 el estratégico castillo de Aledo (Murcia), y Alfonso convocó al Cid para su defensa. No se fijaron los detalles del encuentro, de modo que el soberano se dirigió allí por una ruta mientras Rodrigo lo esperaba en otro lugar, y las tropas de ambos no lograron juntarse. Aunque el rey logró evitar que la plaza cayera en manos enemigas, consideró que el Cid lo había desobedecido y que incluso había puesto en peligro al ejército cristiano, de modo que lo volvió a desterrar.


Los Almorávides y la conquista de Valencia.

Son el fruto de la reciente islamización de las tribus del Sahara y les mueve el celo rigorista del converso. Cuando pisan la Península lo hacen sin concesiones, ni ante los reinos cristianos, ni mucho menos ante el lujo andalusí. Traen consigo, además nuevas maneras de combatir. El estruendoso tañido de sus tambores llena el campo de batalla, y sus efectivos se mueven compactos, en una marea humana milimétricamente organizadas a través de señales de mando. De este modo, los Almorávides conquistan los reinos Taifas de Granada, Sevilla, Jaén, Murcia y Denia. Su poder parece imparable.

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Paralelamente el Cid conquista Valencia tras un asedio de diecinueve meses, pero apenas conquistada la ciudad llega la noticia que nadie quiere escuchar: un enorme ejército Almorávide se dirige a la ciudad de Valencia con la intención de recuperarla. Pronto el retumbar de sus tambores de guerra inunda las huertas cercanas a la ciudad y su número hace enmudecer a los guerreros atrincherados tras las murallas.

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En la noche del 21 de Octubre de 1094, el Cid decidió atacar al ejército Almorávide. A escondidas, aprovechó la falta de vigilancia en la zona sur de las murallas y salió junto con buena parte de sus hombres. dio un rodeo hasta la retaguardia del campamento musulman y esperó. Contaba con que, al romper el alba, el pequeño contingente que había dejado en la ciudad saliera ha hacer una cabalgada sobre los arrabales, una de las tantas que se solían hacer para aliviar los rigores del asedio. La caballería Almorávide salió en persecución de los atacantes, y entonces Rodrigo y sus hombres atacaron el campamento enemigo,sembrando el pánico al ser confundidos con los refuerzos del rey de Castilla.La derrota de Cuarte fue la primera derrota de los Almorávides en la península y cerró a Levante de los Almorávides durante décadas.

Yo soy hombre que nunca tuve un reino, ni nadie de mi linaje lo ha tenido; pero desde el día que a esta villa vine, siempre me pagué de ella, la codicié y rogué a nuestro señor dios que me la diese. Y ved cual es el poder de dios: el día que yo llegué para sitiar Yuballa no tenía nada más que cuatro panes, y me ha hecho dios tal merced, que gané Valencia y soy dueño de ella.


La muerte del Cid

Dícese que una mañana cuando subido a las almenas desde ellas estudiaba el campo del enemigo que le sitiaba, una flecha perdida le atravesó y El Cid cayo herido de muerte, sabiendo de su tragedia, tuvo valor para indicar una estrategia, “El Cid” ordenó que embalsamaran su cuerpo y que muerto cabalgara sobre su caballo Babieca en la siguiente batalla.

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Toda la noche sonaron los tambores moros, para animar a los combatientes, seguros de ganar sabiendo que el Cid había sido abatido. En el interior de las murallas solo sus allegados conocian lo sucedido y se preguntaban qué podían hacer sin su señor.

Cuando amaneció se abrieron las puertas de Valencia y por ellas salieron al galope todos los caballeros que había en la ciudad, con el Cid a la cabeza, pues sus hombres le habían vestido, ceñido sus armas, y montado sobre su caballo, sus hombres recobraron el vigor y la esperanza de vencer.

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Las tropas árabes, quedaron sorprendidos viendo al Cid montado en Babieca, cabalgando dispuesto a luchar cuando le creían muerto. El pánico cundió entre ellos, que huyeron. Así fue como el Cid Campeador había ganado su última batalla. Este hecho ocurrió en Valencia en julio de 1099 cuando el Cid, aún no había cumplido los 56 años.


El Cid Campeador

No se sabe cuando se le atribuyó a rodrigo el título de Campeador, la versión del romance de «Campi Doctor» o «Campi Doctus», cuyo significado es experto o vencedor en el campo de batalla; quizás a raíz de su victoria en combate singular que habría librado el navarro Jimeno Garcés, puede que hacia el 1067.

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En cuanto a «Cid» procede del árabe al-Sayyid (señor). Las fuentes árabes contemporáneas no le dan este nombre, que quizás utilizaron los musulmanes que formaron parte de sus tropas.


Colada

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La primera mención a una de ellas, concrétamente de la Colada,  la tenemos en la serie 58 del Cantar de Mio Cid, cuando éste se la arrebata al conde de Barcelona Berenguer Ramón II el Fratricida tras derrotarlo en la jornada del pinar de Tébar:

Vençido a esta batalla el que en buena hora nasco;
al comde don Remont a preso le a tomado
hi gañó a Colada que más vale de mill marcos.

Tizona

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En cuanto a la Tizona o, mejor dicho, Tizón, que era como se la denominaba hasta aproximadamente el siglo XVI, entra en escena en manos de un supuesto rey de Marruecos llamado Búcar, que ataca Valencia y el cual es abatido por Rodrigo precisamente con la Colada. Tras vencerlo, se apodera de su espada Tizón. Lo podemos leer en la serie 118 del Cantar de Mio Cid:

Mató a Búcar, al rey de allén el mar,
e ganó a Tizón que mill marcos d’oro val.
Vençió la batalla maravillosa e grant.
Aquís ondró mio Çid e quantos con elle están.

Babieca

Según la Leyenda de Cardeña, elaborada en torno al Monasterio de San Pedro de Cardeña hacia 1270, fue el caballo sobre el que la esposa de El Cid montó el cadáver de éste para hacer creer a sus enemigos que seguía vivo. Después, Babieca no volvió a ser montado y murió dos años más tarde a la inusual edad de cuarenta años. Según esta tradición, fue enterrado en algún lugar del Monasterio de San Pedro de Cardeña, a diez kilómetros de Burgos, en el término municipal de Castrillo del Val y junto a las localidades de Cardeñajimeno y Carcedo.

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En la explanada situada frente a la fachada principal, en la que aparece una imagen ecuestre del Cid Campeador, hay una estatua del Sagrado Corazón, y a la izquierda un monolito con leyenda alusiva al caballo Babieca. Coincide con el lugar donde, según la tradición, fue sepultado el fiel animal, aunque las excavaciones arqueológicas financiadas por el Duque de Alba en el año 1949 no obtuvieron resultados.

E a este su padrino después de tiempo demandó un potro de sus yeguas. En cuando ge lo hovo a dar, metióle entre muchas yeguas con muchos buenos potros, e mandó que escogiese e que tomase el mejor (…) e a la postre slió una yegua con un potro feo e sarnoso, e dixo a su padrino: «Este quiero yo», e su padrino, muy sañudo, díxole con saña: «¡bavieca, mal escogistes!», e dixo estonces Rodrigo: «Este será buen cavallo, e Bavieca abrá nombre.


Los reinos de Taifas

Los llamados reinos de taifas (taifa, plural tawaif; ‘partido, bandería’) fueron pequeños estados de existencia efímera basados en similitudes étnicas o de origen que aparecieron tras las ruinas del califato de Córdoba a partir del año 1009. Estas taifas fragmentaron el territorio de al-Andalus en una veintena de dominios gobernados por una serie de reyezuelos conocidos con el nombre de reyes de taifas (muluk al-tawaif).

En relación a su elemento étnico-social dirigente, las taifas se agrupaban en tres categorías:

  • Beréberes, que ocuparon los territorios comprendidos entre la Marca Media hasta la parte occidental y sur de la Península (los hammudíes en Málaga, los Banu Zirí en Granada, los amiríes en Valencia, los aftasíes en Badajoz y los du-al-nunníes en Toledo).
  • Las taifas eslavonas o saqalibah (eslavos), que ocuparon el este de al-Andalus (los Banu Ganiya en las Baleares).
  • Las taifas arábigo-andalusíes, que ocuparon la Marca Superior, más Córdoba y Sevilla (los Chahwar en Córdoba, los abbadíes en Sevilla, los hud en Zaragoza, los Qasim en Alpuente y los Sumadih en Almería).
  • Taifas2

Epitafio épico del Cid

El Cid Ruy Díaz soy, que yago aquí encerrado y vencí al rey Bucar con treinta y seis reyes paganos. De estos treinta y seis reyes, veintidós murieron en el campo; los vencí en Valencia después de muerto encima de mi caballo. Con esta son setenta y dos batallas que vencí en el campo. Gané a Colada y a Tizona: por ello Dios sea loado. Amén.

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Bibliografía

Cantar del Mio Cid

http://www.enciclonet.com

Historia National Geograpich


El Gran Capitán es el merecido apodo de uno de los mejores soldados de la historia de España, que ha sido también llamado «El primer general moderno», «El padre de la guerra de trincheras» y «El Wellington español», así como otros varios títulos honorables cuando no muy significativos. En todos los aspectos, fue un comandante excelente y un innovador muy perspicaz. Puede que fuera el primer general que ideó un sistema para explotar las armas de pólvora con éxito en el ejército a finales de la Edad Media, y se convirtió en uno de los pioneros de la revolución militar del «Renacimiento». Como también parece que tuvo todas las características necesarias de un gran héroe público, «apuesto, generoso, valiente y temerario», es extraño que, exceptuando a los historiadores, no sea más conocido fuera de España.Gonzalo Fernandez Cordoba 5

Gonzalo era el hijo menor de un noble español, y su madre era de una familia aún más distinguida, los Enriquez, almirantes hereditarios de Castilla emparentados con la dinastía reinante. Nació cerca de Córdoba en marzo de 1453, y su padre murió cuando el y su hermano mayor, Alonso, eran niños. Como hijo menor, Gonzalo Fernández tuvo que abrirse camino en la vida, y la única alternativa a la iglesia era una carrera en el Servicio Real. Entró al servicio de Isabel la Católica y tomó parte en las guerras civiles que impusieron la doble monarquía en Castilla, uniéndose a Aragón con la boda con Fernando el Católico. Todo esto tuvo como resultado que las órdenes militares fueran cayendo una a una y se consiguió el dominio de las Cortes.Gonzalo Fernandez Cordoba 7

En estas guerras civiles Gonzalo Fernández de Córdoba aprendió su oficio sirviendo bajo las órdenes del Gran Maestre de la Orden de Santiago. Siempre estaba en primera línea y quizás destacara más por el resplandor de su armadura, pero en seguida comprendió el hecho de que con un poco de teatralidad y un despliegue de energía y valor se ganaría el respeto y el valor de sus hombres y de los demás oficiales. Dicen que durante el asedio de Monte Frío fue el primer hombre en subir a las murallas y que muchas veces no se preocupaba de su seguridad.Gonzalo Fernandez Cordoba 6

Estos esfuerzos no fueron vanos. Cuando, durante el sitio de Granada, fue desarzonado en un choque de caballería fuera de la ciudad, uno de sus seguidores le salvo la vida a costa de la suya.


El fin de la reconquista: Granada

La conquista de Granada requirió más de diez años de lucha (1481-1492), y un tren de sitio de más de 200 cañones para derrotar las fortalezas moras que habían resistido a los cristianos durante siglos. La conquista no solo significó la unificación de España, sino que forjó el poder militar que dominaría Europa durante siglo y medio.

La primera empresa granadina en la que se tiene constancia de la participación de Gonzalo fue el asedio y posterior conquista de Loja (1486), y, poco después, de la toma de Illora, un importante enclave estratégico, por su situación montañosa, que el propio Rey Católico encomendó a Gonzalo Fernández de Córdoba. Desempeñó diversas embajadas, pues no sólo destacaba por su habilidad en el campo de batalla sino también en las negociaciones militares.Reyes catolicos 1

Desde 1488, Gonzalo pasó a la primera línea de fuego granadina y fue uno de los capitanes que con más ahínco trabajó para conseguir la ansiada capitulación granadina de 1492. Concluida la contienda, su destreza al mando de las tropas de infantería no había pasado inadvertida para Fernando el Católico, que apenas dejó al caballero descansar un par de años: cuando el monarca recibió la petición de ayuda de su sobrino, el rey de Nápoles Ferrante II, ante la invasión francesa del territorio italiano, Fernando no pensó en otra persona que en Gonzalo Fernández de Córdoba para comandar las tropas hispanas en Italia.


Las guerras italianas

La invasión de Italia por Carlos VIII de Francia en 1494, que conmocionó a toda Europa, fue uno de los indicadores, junto con el descubrimiento de América y la caída de Granada, del final de la Edad Media y los albores de la Edad Moderna. Su objetivo fue Nápoles y atravesó italia desde el norte conquistando Florencia y Roma. Dando como resultado una completa dominación de Nápoles bajo bandera francesa.Reyes catolicos 2

La expedición española llegó en 1495 con un ejército relativamente pequeño, con unos 5000 soldados de infantería y 600 de caballería ligera, en su mayoría aguerridos veteranos de la guerra de Granada. En Atella, puso sitio a la ciudad con una cobertura de caballería ligera móvil, para derrotar a las fuerzas francesas, más numerosas en el sur de Italia. Con el apoyo naval de la Liga de Venecia acabó con el resto de guarniciones francesas restantes en tan sólo dos años. En la última operación expulsó a los franceses de Ostia, el puerto de Roma a petición del papa.Gonzalo Fernandez Cordoba 2

Más tarde cuando el imperio Otomano amenazó con invadir Venecia, Gonzalo Fernández de Córdoba unió sus fuerzas en Messina a las de Benedicto de Pésaro, almirante veneciano, y pusieron rumbo hacia Cefalonia, isla que conquistaron en apenas un par de meses, y de la que expulsaron a los turcos.


La reforma del ejército. El nacimiento de los Tercios Españoles

La combinación de las operaciones de combate permitió a Gonzalo Fernández de Córdoba, en el transcurso de las guerras de Italia, introducir varias reformas sucesivas en el ejército español, que desembocaron en el Tercio. La primera reorganización fue en 1503. Gonzalo creó la división con dos coronelías de 6000 infantes cada una, 800 hombres de armas, 800 caballos ligeros y 22 cañones. El general tenía en sus manos todos los medios para llevar el combate hasta la decisión. Gonzalo de Córdoba dio el predominio a la infantería, que es capaz de maniobrar en toda clase de terrenos. Dobló la proporción de arcabuceros, uno por cada cinco infantes, y armó con espadas cortas y lanzas arrojadizas a dos infantes de cada cinco, encargados de deslizarse entre las largas picas de los batallones de esguízaros suizos y lansquenetes y herir al adversario en el vientre.Tercio españoles 2

Dio a la caballería un papel más importante para enfrentarse a un enemigo «roto» (persecución u hostigamiento) que para «romperlo» quitándole el papel de reina de las batallas que había tenido hasta entonces. Sustituyó la guerra de choque medieval por la táctica de defensa-ataque dando preferencia a la infantería sobre todas las armas.Tercio españoles 1

Puso en práctica, además, un escalonamiento en profundidad, en tres líneas sucesivas, para tener una reserva y una posibilidad suplementaria de maniobra. Gonzalo Fernández de Córdoba facilitó el paso de la columna de viaje al orden de combate fraccionando los batallones en compañías, cada una de las cuales se colocaba a la altura y a la derecha de la que le precedía, con lo que se lograba fácilmente la formación de combate. Adiestró a sus hombres mediante una disciplina rigurosa y formó su moral despertando en ellos el orgullo de cuerpo, la dignidad personal, el sentido del honor nacional y el interés religioso. Hizo de la infantería española aquel ejército formidable del que decían los franceses después de haber luchado contra él:

No habían combatido con hombres sino con diablos


La leyenda del Gran Capitán

Federico III contó, naturalmente, con el militar cordobés para dominar a los franceses, sobre todo las tropas que, al mando de d’Aubigny, resistían en la Alta Calabria. Durante todo el año 1496 el ejército de infantería dirigido por Fernández de Córdoba fue derrotando a los enemigos villa por villa, monte por monte y escaramuza tras escaramuza. A partir de esta campaña, los soldados de su ejército comenzaron a llamarle por el apodo con que ha pasado a la Historia: Gran Capitán.Gonzalo Fernandez Cordoba 4

Fernández de Oviedo, relata los motivos de este apodo (Batallas y Quinquagenas, ed. cit., p. 183):

Todo quanto hazía paresçía que el çielo lo aprobaba e la tierra lo consentía, e los hombres lo açeptaban. Él nasçió para mandar, e súpolo tan bien hazer en paz e en guerra quanto todos los que le vieron lo sabemos, e los ausentes en la mayor e mejor parte del mundo no lo ygnoraron. Testigos son del valor de su perssona e gran ser suyo todos los christianos de Europa; no lo dexaron de saber los moros e turcos e persianos[…], e mejor que otros entendieron e con su daño lo experimentaron françeses […] E así los que en sus exérçitos le seguían eran para más que otros hombres, e por tal costumbre e uso de las armas, menos temían la muerte...


Ceriñola, la debacle de los Piqueros Suizos contra los Tercio Españoles

El 3 de Abril de 1503 Córdoba emprendió un violento asalto al depósito francés de Ceriñola.Venció en seguida a sus defensores, relativamente poco numerosos, y se apresuró a preparar una posición desde la cual pudiera asestar al enemigo un golpe mortal. Un arroyo atravesaba el campo y los españoles lo ensancharon y lo hicieron más profundo, usando los escombros para improvisar un terraplén. Luego este fue reforzado con algún tipo de alambrada que se podría considerar como el predecesor del alambre de púas, se creó así la primera trinchera en una batalla.

Cuando comenzó el ataque, éste estaba encabezado por los piqueros suizos, que figuraba entre la infantería más poderosa de toda Europa, tropezándose con el fuego concentrado de los arcabuceros españoles (en el ejército de Gonzalo Fernández de Cordoba, eran mucho mas numerosos que los ballesteros, con los que se juntaban dentro del Tercio), disparando desde la protección de la línea de piqueros entremezclados con hombre que llevaban espada y rodela, además de la zanja y el terraplén , y apoyados por pequeños cañones de campaña. En formación, los piqueros suizos habían demostrado que eran invulnerables, pero una vez perdido el orden y rota la falange, los piqueros, con sus largas y pesadas armas, estuvieron en desventaja contra los ágiles espadachines capaces de acercarse a ellos bajo sus picas. Se dispersaron desordenadamente. Un oportuno contraataque contra el flanco francés, por parte de la caballería ligera aragonesa, dirigida por el propio comandante español con su habitual estilo gallardo, selló una famosa victoria en poco más de una hora.Gonzalo Fernandez Cordoba 1

La batalla de Ceriñola fue la primera batalla ganada con armas ligeras de polvora y fue la que le valió el apodo de «El Gran Capitán». La batalla fue el ejemplo de un nuevo tipo de lucha, en la que la batalla era dirigida más o menos de la misma manera que un sitio, con una trinchera como foco de la lucha, creando rápidamente un bastión para los cañones y los mosquetes del ejército.

Ese mismo año Gonzalo Fernández de Córdoba infringió otra nueva derrota en la batalla del rio Garellano y expulsó definitivamente a los franceses de Nápoles.


Las famosas Cuentas del Gran Capitán

Los auditores de Fernando el Católico comenzaron a quejarse con grave escándalo de los elevados gastos en que había incurrido el militar hispano, lo que dio origen a la famosa frase “las cuentas del Gran Capitán”. Efectivamente, se trataba de un militar, no de un político o un gobernador; por esto, tal vez los gastos habían sido demasiado dirigidos a calmar el ansia bélica de los nobles de la zona, algo en lo que Gonzalo Fernández de Córdoba no había reparado, sino sólo en mantener la paz y en guardar lo que tanto trabajo había costado conquistar. Por ello, tal vez los auditores se horrorizaron de partidas de gastos como los cincuenta mil ducados en aguardiente para las tropas, ocho mil en espías o ciento setenta mil en reparaciones de las campanas de Nápoles, que se habían gastado de tanto repicar para dar a conocer las victorias del Gran CapitánGonzalo Fernandez Cordoba 3

Irónicamente las cuentas incluían en el capítulo de gastos cantidades tales como: Doscientos mil setecientos treinta y seis ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres para que rogasen a Dios por la prosperidad de las armas españolas. Cien millones en picos, palas y azadones. Diez mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres enemigos, cincuenta mil ducados en aguardiente para las tropas un día de combate, ciento setenta mil ducados en renovar campanas destruidas por el uso de repicar cada día por las victorias conseguidas… y lo mejor: «Cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el rey pedía cuentas al que le ha regalado un reino».


El Tercio Español

El éxito de las armas de España en el siglo XVI estaba basado en la militarización de toda la sociedad, pero a Córdoba se le atribuye el mérito de incluir tácticas aprendidas de los musulmanes, los franceses y los suizos para formar su eficaz y flexible combinación de tiradores, cañones ligeros y piqueros. Ahora conocido por los expertos militares como tercios, este tipo de formación se convirtió en la base militar del poderío español. Una innovación notable en su época, no fue puesta en duda hatas que Maurice de Nassau y otro introdujeron desarrollos en las guerras de independencia holandesas. El Tercio español no cayó en desuso hasta 1643, cuando fue superado por el peso de fuego de artillería en la victoria de los franceses en Rocroi.Tercio españoles 3


Bibliografía

Historia National Geograpich

www.Enciclonet.com

Colección Guerreros Medievales. Ediciones Del Prado.

http://www.abc.es/20121109/archivo/abci-gran-capitan-201211071806.html


Llamado habitualmente Tamerlán, este apelativo procede de su nombre verdadero, Timur o Temür (según la pronunciación turca o mongola), ‘hombre de hierro’, y de su apodo, Lang o Lenk, ‘cojo’. Tuvo una juventud incierta en la que sirvió al khan mongol dominante en su país natal, la Transoxiana. En 1370 se hizo con el poder tras expulsar a los mongoles y a sus rivales turcos. Inició entonces una serie de conquistas que le dieron el mando de un gran imperio centroasiático, destruyendo o venciendo a los estados musulmanes más importantes de la época (lo cual justificó, siendo también él musulmán, dando carácter de guerra santa a sus acciones militares). En primer lugar conquistó todo el Turkestán y envió diversas expediciones contra los mongoles del noreste (Mogolistán); prosiguió después con la incorporación del Irán oriental (Jurasán) y el Cáucaso. Tamerlan 4

Tras vencer al khan de la Horda Blanca y la Horda de Oro, Toktamish, completó la conquista de Irán occidental y de Irak. En los últimos años del s. XIV devastó el noreste de la India hasta Delhi, y a principios del s. XV derrotó a los mamelucos de Egipto en Siria y capturó al sultán otomano Bayaceto I cerca de Ankara, asolando luego toda Asia Menor. Murió poco después mientras preparaba la invasión de China. Repartió su extenso imperio entre sus hijos, que no supieron mantenerlo unificado. No utilizó nunca el título de “khan” (equivalente a emperador), sino el de “emir” (príncipe).


Personalidad

De alta estatura y piel clara, Tamerlán tenía una gran capacidad militar y la personalidad necesaria para dominar un extenso estado. Él mismo combatía valerosamente en las batallas y organizaba la disposición de sus tropas, que aún contaba con muchos turcos nómadas. Cruel (fueron características sus pirámides de miles de cráneos humanos, cuyo objeto era provocar terror y la sumisión sin combate), gustaba sin embargo de las artes o la poesía: convirtió a Samarcanda en una gran ciudad con hermosos monumentos, como la mezquita de Bibi Hanum, el conjunto de Sha-i Zindah y su mausoleo de Gur-e Mir.Samarcanda 1

Su labor política consistió en la fundación del último imperio estepario, sucesor del mongol, que a su vez era heredero del huno. Él, que efectivamente quiso restaurar el imperio mongol, se veía además como soldado del Islam, por más que en muchas ocasiones esto se tratase de una justificación de sus campañas, que generalmente afectaron a estados musulmanes.Tamerlan 5

Timur despreciaba a los «tajiks», la población agrícola y urbana de Transoxiana de habla iraní. A diferencia de las élites militares cultas de la mayor parte del mundo musulmán, Timur venía de una inculta provincia fronteriza, y él mismo era bastante inculto, pero no era de ningún modo un ignorante: hablaba varias lenguas, tenía un notable conocimiento de los asuntos militares y políticos y se consideraba a sí mismo experto en cuestiones religiosas. Conservaba la típica afición mongol al alcohol en grandes cantidades, y sus borracheras eran famosas, así como a las grandes celebraciones con comida en abundancia y a las mujeres.


El Imperio Tártaro

En el momento de su muerte este imperio centroasiático, de carácter turco-mongol (llamado en Europa tártaro), y con capital en la hoy ciudad uzbeka de Samarcanda, se extendía entre el río Éufrates al oeste y el Indo al este, y entre el mar de Aral y el río Yaxartes (Sir Daria) al norte y el golfo Pérsico al sur. Comprendía por tanto, totalmente o en parte, una quincena de países actuales: el sur de Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguizistán, Tayikistán, una pequeña porción de China (oeste del Tíbet), el oeste de Pakistán, Afganistán, Irán, el este de Irak, el extremo oriental de Turquía, Armenia, parte de Azerbaiyán y el este de Georgia. Sin embargo, su dominación fue efímera, pues simplemente se limitó a destruir las estructuras de las tierras que conquistó sin sustituirlas por otras nuevas, de modo que su imperio no sobrevivió a su muerte.Tamerlan 1


El ejército tártaro

Tamerlán fue así mismo un musulmán, pero su ejército era una mezcla de musulmanes, cristianos, chamanistas, paganos y zoroastristas. El grueso de su ejército se componía de tropas turco-mongolas, que componían formaciones similares al sistema mongol.

Prestaba mucha atención a su ejército y frecuentemente realizaba reformas militares. Los arqueros a caballo fueron de gran importancia en sus éxitos iniciales, la caballería pesada y la infantería los apoyaban. Luego se interesó especialmente en los ingenieros de asedio y la infantería tomó un papel más importante, pero es claro que la caballería era la clave para el ejército timúrida. El miedo y el terror fueron también de gran importancia para Tamerlán.Tartaro 1

Los timúridas también utilizaban elefantes. Colgaban en sus colmillos curvos hojas cortas y les entrenaban para avanzar en línea en una serie de saltos cortos, cortando hacia arriba y hacia abajo con cada movimiento.

Cada soldado estaba armando con una lanza, un mazo, una daga, un escudo forrado en cuero, un arco y un carcaj de 30 flechas. Muchos llevaban también dos espadas, un sable ordinario en el lado izquierdo y un arma más corta en el lado derecho, y una élite de caballería pesada tenía caballos con armadura, algunos armados con lazos.Tartaro 2


El Tarkhan

Los actos de heroísmo no sólo eran celebrados por los poetas oficiales sino también recompensados con el ascenso al rango de Tarkhan o héroe. Esto exonera a un hombre a pagar impuestos y le daba el derecho a conservar el botín que había ganado en la guerra, a que se le concediera audiencia real sin cita previa y a un lugar de honor en todas las ceremonias oficiales. También le libraba de se perseguido hasta la novena vez que cometiera un crimen en particular. Su familia heredaba estos privilegios  hasta la séptima generación y la familia de un soldado que había muerto realizando hazañas heróicas recibía unas recompensas póstumas comparables.Tamerlan 6


Espionaje y engaño

La habilidad de Timur para engañar al enemigo era proverbial. Fingió estar enfermo delante de los embajadores extranjeros, hizo correr el rumor de que su ejército se estaba disgregando, encendía falsas hogueras de campamento y mandaba arrastrar ramas de árboles a sus jinetes, levantando así una polvareda que hacía que su ejército pareciera mucho mayor.Tamerlan 2El servicio de espionaje de Timur era espeluznante, con informadores en instituciones religiosas, los bazares e incluso entre los ministros del gobierno o en los kanes rivales, así como en las caravanas de comerciantes de Oriente Medio. Entre ellos había hombres y mujeres que hablaban árabe, griego y hebreo. Existía un cuerpo de policía o de seguridad internacional con agentes en todas partes, y los que eran mencionados desfavorablemente en sus informes eran severamente castigados.


Terror y crueldad

Se dice que sus tropas quemaron su nombre en las selvas de los montes Altai, cerca de Mongolia, y el propio Timur hizo erigir una lápida tallada dentro de la Horda de Oro para señalar su paso. En Sitan, al suroeste de Afganistán, todo un sistema agrícola basado en una frágil red de irrigación quedó tan dañado que a día de hoy aún no se ha recuperado. Tamerlan 3Una de las costumbres más salvajes de Timur era la construcción de torres hechas con cabezas humanas. En Sabzevar los prisioneros vivos fueron revestidos de cemento entre la arcilla y los ladrillos para formar minaretes. El 12 de Diciembre de 1398 los hombres de Timur mataron a miles de prisioneron indios cerca de Delhi. Allí por prisioneros musulmanes tuvieron el privilegio de que les cortaran el cuello, mientras que los hindúes fueron desollados y quemados vivos. Los soldados cristianos, casi todos armenios, que defendieron Sivas para los otomanos fueron enterrados vivos en el foso. En Van las tropas cristianas fueron arrojadas desde las almenas después de que cayera la ciudad. No es de extrañar que el nombre de Timur infundiera tanto respeto.


Bibliografía

Historia National Geograpich

www.Enciclonet.com

Colección Guerreros Medievales. Ediciones Del Prado.


Caudillo de los pueblos lusitanos durante los años 147 al 139 a.C. que encarna la resistencia indígena ante la dominación romana. Su origen se desconoce, pero se cree que era oriundo de la sierra de la Estrella, de la parte más abrupta de la Lusitania romana. La leyenda lo hace pastor en su juventud, con grandes cualidades para el liderazgo. Cuando Viriato asume el mando de sus gentes, los lusitanos habían sufrido la represión sangrienta de los romanos y, sobre todo, la matanza de Galba. De aquella matanza algunos pudieron salvarse, entre ellos Viriato, que será elegido como caudillo para dirigir el levantamiento general del pueblo lusitano contra Roma durante algo más de 10 años. Durante el año 147 a.C., consiguió notables éxitos contra los romanos: en Tríbola (Serranía de Ronda), derrotó al pretor Vetilio, sucumbiendo éste en el propio combate junto a más de 4000 legionarios. Esta victoria puso en manos de Viriato toda la Hispania Ulterior. Poco después, Viriato abandona la Betica y se dirige a la Carpetania, seguido por el pretor Plaucio, quien lo ataca en la sierra de San Vicente. De nuevo, el romano es derrotado, y se ve obligado a retirarse de la zona. Viriato aprovecha la ocasión y penetra en la ciudad de Segobriga, ciudad aliada de los romanos, que Plinio calificaba como cabeza de la Celtiberia, situada en las proximidades de Saelices, junto al río Cigüela.Viriato 1

Viriato es acosado por las campañas del año 144 a.C. del nuevo cónsul Fabio, de la Ulterior, quien le obliga a replegarse en Baecula (Bailén). Así, decide el caudillo lusitano pedir ayuda a los celtíberos. Éstos, especialmente los arévacos, dirigidos por Olónico, deciden dársela, rompiendo así los 10 años de paz que los pueblos de la submeseta norte habían mantenido con los romanos, gracias al respeto hacia los acuerdos firmados con Marcelo.

Viriato 2

Viriato firma un tratado de paz con Roma durante la legislatura del cónsul Serviliano, y, pese a que poco después fue ratificado por el Senado, su sucesor, Cepión, consiguió que Roma lo anulase, por lo que Viriato, después de ser derrotado en Azuaga, se vio obligado, a mediados del año 139 a.C., a negociar la paz con el cónsul romano Cepión, sin ninguna ventaja para el caudillo lusitano. Viriato utilizó para estas negociaciones de paz a tres jefes de su ejército (Audas, Ditalkón y Minuros, naturales de Urso, Osuna), que hacía tiempo habían desertado de las filas romanas pasándose a las lusas. Cepión compró a estos embajadores de Viriato, que lo asesinaron mientras dormía. La muerte del caudillo, además de causar un hondo pesar en el pueblo lusitano, supuso el fin de la guerra lusitana, aunque todavía fue continuada por poco tiempo, bajo la dirección de Tántalo, hasta su definitiva rendición frente al cónsul Décimo Junio Bruto, a finales del año 139 a.C.


El nombre de Viriato

Muchos historiadores sitúan la patria de Viriato en el actual territorio portugués, probablemente al sur , en la zona del algarve, aunque son muchos los lugares que reclaman ese honor. Sin embargo, el nombre de Viriato era muy frecuente en esa zona, a juzgar por los documentos epigráficos. Es un derivado de la palabra latina «viria», que era el nombre de los brazaletes de oro o plata que lucían los guerreros hispanos.Viriato Zamora

La fama y el arrojo de Viriato lo convirtieron en un tópico para los romanos, hasta tal punto de que éstos hicieron derivar su nombre del latin «vires», que significa fuerza o valor.


Los lusitanos

Su territorio abarcaba la mayor parte de Portugal y las provincias españolas de Zamora, Salamanaca, Cáceres, Badajoz y Huelva. Aparecen en las fuentes en el 194 a.C., fecha en que atacaron Ilipa, pero su presencia se hizo notoria desde el 154 a.C., tras las incursiones de uno de sus jefes, Púnico, en la Beturia «El territorio entre los rios Guadiana y Guadalquivir». A éste la sucedió Césaro, que en el 153 a.C. derrotó a un gran ejército romano dirigido por Lucio Mummio, pretor de la Hispania Ulterior, y pasó luego a África.Lusitania

Servio Galba, el año 150 a.C., con el señuelo de proporcionarles tierras donde vivir en paz,  concentró a los lusitanos en un determinado lugar, divididos en tres grupos, y tras hacerles entregar sus armas ordenó a sus legionarios acabar con ellos. Según el detallado relato de Apiano, «pocos de ellos consiguieron escapar, entre los que se encontraba Viriato, que no mucho después fue el caudillo de los lusitanos y aniquiló a muchos romanos y dio muestras de grandes hazañas».

La masacre fue total y fueron muy pocos los que sobrevivieron. Los historiadores romanos se hicieron eco de la extremada crueldad del pretor, aunque discrepan en las cifras totales de muertos: 8.000 según Valerio Máximo y 30.000 según Suetonio. Tras finalizar su mandato en la Hispania Ulterior, Galba regresó a Roma, donde el Senado cuestionó su actuación en tierras lusitanas por considerarla deshonrosa. En el año 149 a. C. se abrió causa judicial contra él.

A raíz de este episodio Viriato se convirtió en el jefe militar de todos los Lusitanos.


Según los historiadores
  • Como jefe militar.
    • Diodoro: Belicoso y conocedor del arte bélico.
    • Apiano: Amante de la Guerra.
  • Criado entre piedras.
    • Dion Casio: La mayor parte de su vida la pasó al raso y esta satisfecho con lo que la naturaleza le daba.
  • Generoso con sus seguidores.
    • Diodoro: Basaba sus recompensas en el mérito y hacía regalos especiales a aquellos hombres que se distinguían por su valor, además no cogía para su uso particular lo que pertenecía a la reserva común.
    • Apiano: Un ejército constituido por elementos tan heterogéneos nunca se revelo [contra su jefe] y siempre fue sumiso y el más resuelto a la hora del peligro.
  • Su boda con la hija de Astolpas, un rico propietario lusitano.
    • Diodoro: Habiéndose expuesto gran cantidad de copas de plata y oro y vestidos de muchas clases y colores, viriato, apoyándose en la lanza, miró con desdén todas aquellas riquezas sin asombrarse o maravillarse de ellas, antes bien manifestando desprecio. Ni siquiera se sentó en la mesa del banquete. Únicamente tomo panes y carne y los distribuyó entre quienes le acompañaban, mandó que buscasen a su novia, la montó en su caballo y partió hacia su escondida morada.

Los funerales de un rey

Apiano describe los magníficos funerales del jefe lusitano: «El cadáver de Viriato, espléndidamente vestido, fue quemado en una altísima pira. Se inmolaron muchas victimas, mientras que los soldados, tanto los de infantería como los de caballería, corrían en formación alrededor de la pira, con sus armas y entonando sus glorias al modo bárbaro. No se retiraron de allí hasta que el fuego de la hoguera se extinguió completamente. Terminado el funeral, celebraron combates singulares sobre el túmulo»


«Roma no paga traidores»

Según mantiene la tradición, esta fue la respuesta que el romano Quinto Servilio Cepión dio a los asesinos de Viriato cuando se presentaron ante él para reclamar su recompensa. Lo más parecido a está frase es lo que escribe el autor bizantino Eutropio, «Cuando sus asesinos pidieron al consul Cepión su premio tuvieron como respuesta que a los romanos nunca les había gustado que los soldados asesinaran a sus jefes».

Viriato muerte

También a este autor se atribuyen unas nobles palabras como epitafio de Viriato:

«Fue considerado el mejor defensor de la libertad de Hispania frente a los romanos»


Bibliografía

Historia National Geograpich

Enciclonet

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/galba_servio_sulpicio.htm


Cacique dominicano nacido en Guahaba en fecha desconocida y muerto en Maisí (en la zona oriental de Cuba) en 1511. Se opuso a la conquista europea en Santo Domingo y Cuba. Fue capturado y quemado vivo, y se negó a ser bautizado para no encontrarse con los españoles en el cielo. Su trágica muerte le convirtió en un símbolo de la resistencia indígena ante la conquista.

Era cacique de Guahaba, en la isla Española. Se opuso a la conquista española y, tras comprender finalmente la imposibilidad de resistir, decidió huir con sus hombres en canoas hasta la cercana isla de Cuba. Se estableció en la región montañosa de Maisí, pero allí tuvo que hacer frente nuevamente a los españoles el año 1511, cuando Diego Velásquez emprendió la conquista de la Isla. Hatuey reunió a sus hombres y les informó de que los españoles venían buscando oro para su rey, y que se lo sacarían a los indios hasta de las entrañas, por lo que les aconsejó reunir todo el que tenían y tirarlo a un río.hatueybusto2

A Hatuey se le atribuye este discurso que dirigió a los Taínos de Caobana mientras sostenía piezas de oro en sus manos:

«Este es el Dios que los españoles adoran. Por estos pelean y matan; por estos es que nos persiguen y es por ello que tenemos que tirarlos al mar… Nos dicen, estos tiranos, que adoran a un Dios de paz e igualdad, pero usurpan nuestras tierras y nos hacen sus esclavos. Ellos nos hablan de un alma inmortal y de sus recompensas y castigos eternos, pero roban nuestras pertenencias, seducen a nuestras mujeres, violan a nuestras hijas. Incapaces de igualarnos en valor, estos cobardes se cubren con hierro que nuestras armas no pueden romper».

Preparó luego a sus hombres y se enfrento a Velásquez en un conflicto muy desigual, ya que los taínos no eran grandes guerreros, ni poseían armas eficaces (usaban todavía la tiradera). Los españoles les causaron numerosas derrotas y bajas, dominándoles en unos tres meses. Los indios se escondieron en los montes, pero fueron perseguidos tenazmente y apresados.hatuey2

El mismo Hatuey fue hecho prisionero. Velásquez quiso hacer un escarmiento con él, dada su enorme fama. Mandó procesarle como hereje y rebelde y le condenó a ser quemado vivo. Colocado ya sobre la hoguera y a punto de encenderla, se le aproximó un fraile franciscano para pedirle que se bautizara, con objeto de ir al cielo, pero el cacique se negó a hacerlo, ante el temor de volver a encontrar españoles en el Paraíso.

«No quiero yo ir allá, sino al infierno, por no estar donde estén y por no ver tan cruel gente».hatuey


Las Leyendas

La Luz de Yara, leyenda más antigua de Cuba, cuenta que algunas noches se puede observar una luz benigna saliendo al paso de los viajeros que recorren los caminos, esta luz se considera el alma de Hatuey, que en el momento de expirar en la pira, brotó de sus labios para vagar eternamente, negándose a abandonar su lucha y el lugar donde fue ejecutado.

Otra versión narra que Yara era la esposa del heroe, quien se lanzó a las llamas de la hoguera para compartir el dolor y morir junto con su amante. De este sacrificio, surgió la unión de dos almas, siendo esta la luz que vaga por siempre en los caminos de Yara.


Bibliografía

http://www.enciclonet.com

http://elantiguomundo.com

 

 


El comandante de más confianza de Alejandro Magno empezó junto a él la expedición persa en calidad de taxiarca «taxiarcos», comandante de los Compañeros de a pie. Sirvió como segundo en el mando del ala izquierda bajo la autoridad directa de Parmenio, como preparación para sustituirle. Cratero era un oficial de una inquebrantable lealtad hacia su rey. Se dice que Hefestión «apreciaba a Alejandro», pero que Cratero «Apreciaba al rey». No es sorprendente que ambos jóvenes comandantes se convirtieran en rivales y que su desacuerdo condujera a una confrontación abierta, que amenazaba con involucrar a sus respectivas unidades. Pero el ascenso de Cratero estaba basado en su capacidad, mientras que en el caso de Hefestión al menos había sospechas de nepotismo. A medida que progresaba la campaña, Cratero asumió con frecuencia el mando de forma independiente. Cuando Alejandro regresó por el desierto de Gedrosia, Cratero se puso al frente de las tropas más lentas y de los inválidos, y les condujo por el paso de Bolan hasta la moderna Kandahar. En el 324 a.C. sustituyó a Antipatro como virrey de Macedonia. La órden quedó sin efecto tras la muerte de Alejandro y el estallido de la guerra de Lamia (Tesálica).En el 321-320 a.C. , Cratero regresó a Asia y luchó contra Eumenes cerca del Helesponto, donde su caballo le derribo y le pisoteó hasta causarle la muerte. Fue un final ignominioso para uno de los más capacitados generales de Alejandro.Cratero


Cratero, El general de los Agravios (en Leyendas de los Mirdalirs)

«Cratero era un hombre bastante impetuoso e impulsivo, sobre todo para el combate, como cualquier Agravio. Era un comandante que había salido de las filas de aquellos temibles soldados de Mirdar y por su sangre fluía el ansia y el espíritu de lo que significaba ser un Agravio. Una vida dedicada por completo a la guerra. Todos los Agravios lo respetaban, de tal forma que, si hubiese querido rebelarse contra los Mirdalirs, con un solo gesto suyo todos y cada uno de los Agravios lo habrían hecho sin pensarlo. Carano sabía muy bien a quién ponía al mando de las dos paenias cuando lo eligió; su lealtad era inquebrantable. Cratero era el modelo por excelencia de aquellos hombres. No sólo era un buen comandante, sino también un gran soldado y hábil con las armas, y eso era muy valorado entre sus hombres. Cratero se dirigió hacia sus hombres y escogió a diecinueve Agravios, que estaban a punto de licenciarse, para darles la oportunidad de ganarse el honor y la gloria después de una vida dedicada al servicio de las armas, un premio muy apreciado por los Agravios. Los largos años de paz que habían vivido los Mirdalirs habían hecho que muchos de aquellos hombres no hubieran podido demostrar su valía, y eso era algo que les permitiría descansar en paz cuando cruzaran hacia el Otro Lado…».


Bibliografía

Osprey Publishing