Archivos de la categoría ‘Escritura’


  • ESCRITURA UNITARIA: Los prefijos deben escribirse siempre soldados a la base a la que afectan cuando esta es univerbal, es decir, cuando es una sola palabra: antiadherente, antirrobo, contraoferta, cuasiácrata, cuasidelito, exalcohólico, exjugadora, exmarido, interministerial, posparto, precontrato, proamnistía, semiautomático, superbién, supermodelo, ultracongelar, viceministra, etc.
  • ESCRITURA CON GUION: Los prefijos se unen con guion a la palabra base si esta comienza por mayúscula, de ahí que se emplee este signo cuando el prefijo se antepone a una sigla o a un nombre propio constituido por una sola palabra: anti- ALCA, mini-USB, pos-Gorbachov, pro-Obama.

    También es preciso emplear el guion cuando la base es una cifra: sub-21, super-8.

  • ESCRITURA SEPARADA: Los prefijos se escriben necesariamente separados de la base a la que afectan cuando esta es pluriverbal, es decir, cuando se halla constituida por varias palabras, ya se trate de locuciones o de grupos de palabras que funcionan de forma unitaria desde el punto de vista léxico: anti pena de muerte, ex alto cargo, ex chico de los recados, pre Segunda Guerra Mundial, pro derechos humanos, super en forma, vice primer ministro.
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    Bibliografía

    RAE

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    Caber 1

    Caber 2


    Bibliografía

    RAE


    Siempre he escuchado aquella frase que critica tanto a los que conforman la Real Academia Española de la lengua: «No entiendo como han podido aceptar tal palabra en el diccionario» o «no tienen ni idea, la lengua la hace la gente»… Muchos podemos pensar que es por el uso excesivo que se le da a una determinada palabra, pero pocos se dan cuenta de las connotaciones de aceptar o no una palabra dentro de la lengua, o incluso una acepción; incluso quitarla.

    La mayoría piensa que los que se encargan de realizar estos trabajos son unos «viejos hombres blancos, anticuados, misógenos y carcas, rondando los setenta y de una determinada ideología política», como he podido escuchar o leer en muchas ocasiones. Nadie se para a pensar en la diversidad de gente que conforman la RAE y en los años de dedicación a las letras que hay detrás en todas sus vertientes: escritores, periodistas…

    Tan sólo lanzamos una crítica al aire, sin tener ni idea de lo que hablamos, que por otro lado es costumbre popular. Antes de juzgar, por lo menos hay que intentar entender las cosas, y esto es aplicable a todo lo que nos sucede en la vida. Hay que tratar de entender porque se hacen las cosas y así, no nos llevaremos impresiones equivocadas; porque detrás de una forma de actuar o de pensar, casi siempre hay una razón de ser. Espero que la persona que lea esto último reflexione y piense el porque se hacen ciertas cosas.

    Aquí os dejo una explicación de como es el proceso que lleva las nuevas palabras hasta el diccionario de la RAE.

    Sergi.


    Las palabras son viajeras. Se pasan la vida de boca en boca hasta que, si no se pierden en los terrenos del olvido, su definición echa raíces en el diccionario. Ahí adquieren una voz más profunda, trascendencia, que aguanta mejor el paso de los años. Pero, ¿por dónde entran? ¿Qué caminos atraviesan? ¿Cuánto tiempo han de permanecer, errantes, a la intemperie? Porque no nos engañemos: su acceso a la Academia es lento y sinuoso, incluso hostil a veces. ¿Quién tiene la última palabra sobre cada palabra? Para alcanzar su destino las posverdades y los buenistas tuvieron que soportar vuelos transatlánticos de ida y vuelta, aguantar en la camilla hasta que los expertos finalizaron su exhaustivo análisis y rezar porque las conclusiones fueran favorables. Y antes de todo eso necesitan un valedor, alguien que las saque de los libros.

    Todo comienza con una detección y una pregunta. ¿Por qué esta no? Cualquiera puede proponer la entrada de una palabra en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, que acoge las peticiones a través de la herramienta Unidrae. De hecho, fue el escrito de un particular el que consiguió que marisabidillo se aceptase en su forma masculina, una decisión avalada por el uso de esa forma registrado en el siglo XIX. Sin embargo, el grueso de las novedades llega a través de un cauce interno: o bien vienen de parte de los académicos (españoles o iberoamericanos), o bien de los lexicógrafos de la institución, que viven rastreando significados y elaborando definiciones. Aquí, ayuda también la tecnología, pues a través del programa Corpes XXI se elaboran listas de vocablos que se utilizan en los medios de comunicación y que todavía no están recogidas en el diccionario.


    Los cinco controles

    A partir del momento en el que nace la sugerencia, comienza un periplo que dura, como poco, un año y que tiene cinco controles. La primera parada se produce en las Comisiones especiales de la Academia, donde se analizan las propuestas. Existen un total de doce, divididas en especialidades (la de vocabulario científico y técnico, la de Cultura, la de neologismos) y compuestas por un número variable de expertos: la más amplia tiene doce y la más «íntima» tan solo tres. Esta división en departamentos es esencial, pues solo algunos elegidos pueden argumentar la pertinencia, o no, de sumar discinesia −«falta de coordinación muscular en los movimientos»− a las más de nueve mil entradas que conforman el diccionario. Por cierto, en esto del vocabulario científico el criterio de inclusión es si el término ha saltado de los ámbitos hiperespecializados a la divulgación.

    En esas reuniones se produce un toma y daca, donde se discuten los distintos matices del término y las diferentes problemáticas que suscita la nueva palabra. Porque más allá de la frecuencia de uso y de la dispersión geográfica del término en cuestión, los dos criterios fundamentales para la RAE, siempre hay aristas que generan disputas. ¿Existe diferencia entre «selfie» y autofoto? ¿Tiene género masculino o femenino? ¿Escribimos chakra con «c» o con «k»? Después de estas disquisiciones la iniciativa muere o pasa al siguiente nivel: la Comisión Delegada, presidida por el director de la RAE, Darío Villanueva. Aquí se acogen las propuestas anteriores y se vuelven a debatir. Sí, la entrada a la Academia tiene más puertas que escalones; y todavía estamos en la segunda parada. Zanjados los debates, se elabora una propuesta concreta de su definición y de sus precisiones ortográficas y gramaticales. Pero no son ellos los que dan la forma definitiva a las entradas del diccionario, pues de eso se encarga el Instituto de Lexicografía, un tercer paso firme e imprescindible.


    Ida y vuelta a América

    «Hacemos los arreglos técnicos necesarios. Preparamos el material para que esté conforme a la planta del diccionario», explica Elena Zamora, directora técnica del DLE. Pero aquí no acaba la historia. Después de juntar un «paquete» de palabras aprobadas, este se manda a todas las academias americanas, que envían sus pareceres. Aquí, claro, surgen disputas y opiniones contradictorias. Este cuarto filtro es dispar y exige un último veredicto. «En estos casos, la Comisión Delegada toma la decisión última, siempre con arreglo a la documentación. Para nosotros eso es vital: para que algo pueda entrar en el diccionario tiene que haber documentación que lo respalde. Es indispensable y está por encima de todo», continúa Zamora. Ya lo decíamos al principio: el viaje a América es siempre de ida y vuelta.

    El trayecto, en efecto, es largo: cada uno de los cinco filtros de la institución tiene que pasarse por consenso, esto es, con acuerdo común de todos los integrantes de cada comisión. Esto genera un proceso que, como anotábamos, dura como mínimo un año en el mejor de los casos. Sin embargo, el peso de algunas palabras, el ruido que generan en la sociedad, obliga a veces a tomar una camino más corto. La celebérrima posverdad nunca pasó por una comisión especializada: su inclusión en el diccionario se debatió directamente en el Pleno de la Academia. De hecho, se inició su discusión el pasado 22 de junio, el mismo día que los Reyes realizaban su visita anual al acto, tal y como recuerda Darío Villanueva, director de la RAE: «En aquel debate salieron varias ideas para su definición. Luego la propuesta se mandó al Instituto de Lexicografía y de ahí a las academias americanas». Ni la vía rápida evita los peajes.


    Bibliografía

    Aquí tenéis la noticia completa

    La doble negación del castellano

    Publicado: julio 20, 2018 en Escritura
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    En español existe un esquema particular de negación, que permite combinar el adverbio no con la presencia de otros elementos que tienen también sentido negativo.

    Los adverbiosnunca, jamás, tampoco. 

    Los indefinidos: nadie, nada, ninguno.

    La locución: en la/mi/tu/su vida.

    Y los grupos que contienen la palabra ni aparecen siempre en oraciones de sentido negativo.


    Si estos elementos van antepuestos al verbo, este no va acompañado del adverbio de negación no:

    Nunca voy al teatro;

    Él tampoco está de acuerdo;

    Jamás lo haré;

    Nadie lo sabe;

    Nada de lo que dice tiene sentido;

    Ninguno de ellos es actor;

    En su vida lo conseguirá;

    Ni su padre lo perdonaría.

    Pero si van pospuestos al verbo, este debe ir necesariamente precedido del adverbio no:

    No voy nunca al teatro;

    Él no está de acuerdo tampoco;

    No lo haré jamás;

    No lo sabe nadie;

    No tiene sentido nada de lo que dice;

    No es actor ninguno de ellos;

    No lo conseguirá en su vida;

    No lo perdonaría ni su padre.

    La concurrencia de esas dos «negaciones» no anula el sentido negativo del enunciado, sino que lo refuerza.


    Bibliografía

    RAE

     

    El punto y coma

    Publicado: mayo 14, 2018 en Escritura, Uncategorized
    Etiquetas:,

    PUNTO Y COMASigno de puntuación (;) que indica una pausa mayor que la marcada por la coma y menor que la señalada por el punto. Se escribe pegado a la palabra o el signo que lo precede, y separado por un espacio de la palabra o el signo que lo sigue. La primera palabra que sigue al punto y coma debe escribirse siempre con minúscula (la única excepción se da en obras de contenido lingüístico, en las que es práctica común separar con este signo de puntuación los diferentes ejemplos que se ofrecen, cada uno de los cuales, cuando se trata de enunciados independientes, comienza, como es natural, con mayúscula; de este uso excepcional y contrario a la norma que rige en la lengua general hay abundantes ejemplos en esta misma obra).


    ¿Es un signo prescindible?

    El punto y coma es, de todos los signos de puntuación, el que presenta un mayor grado de subjetividad en su empleo, pues, en muchos casos, es posible optar, en su lugar, por otro signo de puntuación, como el punto y seguido, los dos puntos o la coma; pero esto no significa que el punto y coma sea un signo prescindible.


    Usos
    • Para separar los elementos de una enumeración cuando se trata de expresiones complejas que incluyen comas:

    Cada grupo irá por un lado diferente: el primero, por la izquierda; el segundo, por la derecha; el tercero, de frente.

     

    Se dieron cita el presidente ejecutivo, Francisco Ruiz; el consejero delegado, Pedro García; el vocal, Antonio Sánchez; y el secretario general, Juan González.

    Cuando el último elemento de la relación va precedido por una conjunción, delante de esta puede usarse también la coma.

    • Para separar oraciones sintácticamente independientes entre las que existe una estrecha relación semántica:

    Era necesario que el hospital permaneciese abierto toda la noche;

    hubo que establecer turnos.

    Todo el mundo a casa; ya no hay nada más que hacer.

    En la mayor parte de estos casos, se podría utilizar el punto y seguido. La elección de uno u otro signo depende de la vinculación semántica que quien escribe considera que existe entre los enunciados. Si el vínculo se estima débil, se prefiere usar el punto y seguido; si se juzga más sólido, es conveniente optar por el punto y coma. También se podrían usar los dos puntos, puesto que casi siempre subyacen las mismas relaciones que expresan estos cuando conectan oraciones.

    • Se escribe punto y coma delante de conectores de sentido adversativo, concesivo o consecutivo, como pero, mas, aunque, sin embargo, por tanto, por consiguiente, etc., cuando las oraciones que encabezan tienen cierta longitud:

    Los jugadores se entrenaron intensamente durante todo el mes; sin embargo, los resultados no fueron los que el entrenador esperaba.

    Si el período encabezado por la conjunción es corto, se usa la coma; y si tiene una extensión considerable, es mejor utilizar el punto y seguido:

    Vendrá, pero tarde.

    Este año han sido muy escasos los días en que ha llovido desde que se sembraron los campos. Por consiguiente, lo esperable es que haya malas cosechas y que los agricultores se vean obligados a solicitar ayudas gubernamentales.

    • Se pone punto y coma detrás de cada uno de los elementos de una lista o relación cuando se escriben en líneas independientes y se inician con minúscula, salvo detrás del último, que se cierra con punto:

    Conjugaciones en español:

    verbos terminados en -ar (primera conjugación);

    verbos terminados en -er (segunda conjugación);

    verbos terminados en -ir (tercera conjugación).


    El plural del Punto y coma

    El plural del nombre punto y coma es invariable:

    Coloque las comas y los punto y coma que considere necesarios en los siguientes enunciados.

    No obstante, siempre puede recurrirse, para un plural inequívoco, a la anteposición del sustantivo signos:

    Aquel texto estaba plagado de signos de punto y coma.


    Pronombres personales átonos.

    Los pronombres personales átonos son aquellos que funcionan como complemento verbal no preposicional (Ya te lo he dicho) o como formante de los verbos pronominales (Ahora me arrepiento). Precisamente por su carácter átono, se pronuncian necesariamente ligados al verbo, con el que forman una unidad acentual.

    Estos pronombres carentes de independencia fónica se denominan, en general, «clíticos»:

    1. Cuando anteceden al verbo (me encanta; lo dijo; se fue) se llaman «proclíticos».
    2. Cuando siguen al verbo (ayúdame, díselo, vete) se llaman «ENCÍCLICOS».

    A continuación se ofrece un cuadro con sus formas:

    formas de los pronombres personales átonos

    persona gramatical

    singular

    plural

    1.ª pers.

    me

    nos

    2.ª pers.

    te

    os*

    3.ª pers.

    compl. directo

    masc.

    lo
    (también le)

    los

    fem.

    la

    las

    compl. directo o atributo

    neutro

    lo

    compl. indirecto

    le
    (o se ante otro pron. átono)

    les
    (o se ante otro pron. átono)

    forma reflexiva

    se

    * En América, en Canarias y en parte de Andalucía, no se usa el pronombre personal vosotros para la segunda persona del plural. En su lugar se emplea ustedes, que en esas zonas sirve tanto de tratamiento de confianza como de respeto ( usted). Por lo tanto, los pronombres personales átonos de segunda persona del plural que se utilizan en esas zonas son los que corresponden, gramaticalmente, a la tercera lo(s), la(s) y le(s): A ustedes, niños, los espero en casa (frente a A vosotros, niños, os espero en casa).

    Como se ve en el cuadro, en las formas de primera y segunda persona solo se distingue entre singular y plural, y no existe una forma reflexiva específica: Me gusta el cine (no reflexivo) / Me peino (reflexivo). En la tercera persona existen formas distintas según el género, el número y la función sintáctica, así como una forma reflexiva específica, se, invariable en género y número: Les gusta el cine (no reflexivo) / Se peinan (reflexivo). La forma neutra lo se emplea cuando el antecedente es un pronombre neutro (esto, eso, aquello), toda una oración o el atributo en una oración copulativa: Él no dijo eso, lo dije yo; Que no quieras ir, lo comprendo;¿Eran guapas?Sí, lo eran.


    Pronombres Personales Cíclicos: Los Encíclicos

    Por tratarse de formas átonas ligadas al verbo, los clíticos deben aparecer inmediatamente antepuestos o inmediatamente pospuestos a este.

    Cuando van antepuestos (proclíticos), se escriben como palabras independientes:

    Te lo dije.

    Cuando van pospuestos (enclíticos), se escriben necesariamente soldados:

    melo.

    En este último caso, se producen en determinadas situaciones ciertas alteraciones fónicas que tienen reflejo en la escritura:

    • Delante del enclítico nos se pierde obligatoriamente la –s de la primera persona del plural del subjuntivo usado con valor de imperativo (subjuntivo exhortativo); así, dejemos + nos = dejémonos (no dejémosnos):

    «Dejémonos de cuentos».

    • Si se añade el pronombre se a una forma verbal terminada en -s —lo que sucede cuando la primera persona del plural del subjuntivo exhortativo lleva un segundo enclítico—, las dos eses resultantes se reducen a una sola; así, pongamos + se + lo = pongámoselo (no pongámosselo):

    Pongámoselo fácil.

    NOTA: Pero no se produce reducción si se añade nos a una forma verbal terminada en -n, lo que sucede en los casos en que este pronombre se une a la forma del plural ustedes del subjuntivo exhortativo (digan + nos = dígannos) o a algunos imperativos irregulares de segunda persona del singular (pon + nos = ponnos; mantén + nos = mantennos). En el caso del subjuntivo exhortativo, además, la -nn- permite distinguir la persona del plural de la del singular: Dígannos[ustedes] la verdad, frente a Díganos [usted] la verdad.

    • Cuando se añade se a una forma verbal terminada en -n, no debe trasladarse ni repetirse esta letra al final del conjunto formado por el verbo y el enclítico; así, sienten + se = siéntense (no siéntesen ni siéntensen). Es error propio del habla popular, como ilustra esta cita:

    «“¿Qué prisa tienen? ¡Siéntensen!”. Se decía siempre siéntensen, que luego me han dicho que está muy mal dicho».

    NOTA: Esta -n se añade también, en registros muy vulgares, al infinitivo empleado incorrectamente como imperativo:

    Irsen, en lugar de Váyanse; o a infinitivos cuyo sujeto es plural: «¿Y tienen cara d’irsen sin probame los cháncharos?».

    • La segunda persona del plural del imperativo vosotros pierde la -d final cuando se le añade el enclítico os; así, estad + os = estaos (y no estados):

    Estaos quietos.

    NOTA: Es excepción la forma idos, imperativo poco usado de irse:

    «Nada comprendéis. ¡Idos Juana, Inés, Marina…!, ¡idos todas!».

    • Se pierde la -s final del verbo en los casos —hoy raros y propios únicamente de la lengua escrita— en que una forma verbal de primera persona del plural va seguida del pronombre os: suplicamos + os = suplicámoos, y no suplicamosos.

    Colocación de los enclíticos con respecto al verbo.

    La colocación del pronombre átono detrás del verbo no es libre, sino que está sometida a ciertas reglas, que han ido variando con el tiempo. Estas son las normas por las que se rige hoy la colocación de los clíticos en el español general culto:

    • Los encíclicos es asimismo un rasgo dialectal propio de determinadas zonas del noroeste de España:

    Voyme enseguida; Marchose hace rato.

    NOTA: La posposición de los clíticos es imposible cuando el verbo va en forma negativa:

    *No díjomelo.

    • Los clíticos se posponen a las formas de imperativo y a las del subjuntivo exhortativo afirmativo:

    Hazlo; Ponételo; Dígannoslo; Hágase la luz.

    NOTA: Es vulgar anteponer los clíticos al subjuntivo exhortativo cuando este no depende de otro verbo:

    «¡Se callen, carajo, no es hora de conversa!»; debe decirse cállense.

    NOTA 2: Sin embargo, la anteposición es obligada cuando el subjuntivo va en forma negativa o depende de otro verbo (explícito o implícito):

    No lo hagan; Les ordeno que se callen; Que se vayan ahora mismo.

    • Los clíticos se posponen a las formas simples de infinitivo y de gerundio:

    Al mirarlo, sonrió; No conseguirás nada regañándome.

    Pero si el infinitivo o el gerundio forman parte de una perífrasis verbal, en la mayor parte de los casos los clíticos pueden colocarse también delante del verbo auxiliar de la perífrasis, que es el que aparece en forma personal:

    Debo hacerlo / Lo debo hacer.

    Tienes que llevárselo / Se lo tienes que llevar.

    Vais a arrepentiros / Os vais a arrepentir.

    Siempre está quejándose / Siempre se está quejando.

    Siguió explicándomelo / Me lo siguió explicando.

    • Lo dicho para las formas simples es válido también para las compuestas, teniendo en cuenta que la posposición o anteposición de los pronombres átonos se da siempre con respecto al auxiliar haber, dado que el participio, como norma general, no admite enclíticos; así, los pronombres átonos se anteponen al auxiliar en las formas compuestas de indicativo y de subjuntivo:

    Me lo he imaginado; ¿Se habrá terminado la película?.

    Ojalá se lo hayan concedido

    NOTA: Únicamente pervive el uso pospuesto en expresiones lexicalizadas, como ¡Habrase visto!); y se posponen en los infinitivos y gerundios compuestos:

    Por haberlo terminado, recibirás un premio; Se fue habiéndonos dicho lo que quería.

    NOTA 2: Cuando el infinitivo compuesto forma parte de una perífrasis o depende de otro verbo con su mismo sujeto, los pronombres pueden posponerse al auxiliar haber o anteponerse al verbo conjugado, salvo en los mismos casos señalados para las formas simples:

    Tenías que habérmelo dicho / Me lotenías que haber dicho.

    Había que haberlo previsto (pero no *Lo había que haber previsto).

    Convenía habérselo dicho (pero no *Se lo convenía haber dicho).

    • En el español actual, el participio no admite con normalidad la agregación de pronombres enclíticos; por ello, deben evitarse hoy usos como:

     Había prometídole su apoyo.

    En lugar del normal:

    Le había prometido su apoyo.

    NOTA: Más forzado aún resulta el uso de enclíticos con participios en función adjetiva que sustituyen a oraciones de relativo, como:

    El accidente ocurrídole ayer.

    En lugar de:

    El accidente que le ocurrió ayer.

    Solo es admisible la agregación de enclíticos a un participio cuando aparece en coordinación con otro y no se repite el auxiliar:

    «Y después de haber adorado a Dios y dádole gracias, se sentaron».


    porqué

    Es un sustantivo masculino que equivale a causa, motivo, razón, y se escribe con tilde por ser palabra aguda terminada en vocal. Puesto que se trata de un sustantivo, se usa normalmente precedido de artículo u otro determinante:

    No comprendo el porqué de tu actitud [= la razón de tu actitud].

    Todo tiene su porqué [= su causa o su motivo].

    Como otros sustantivos, tiene plural:

    Hay que averiguar los porqués de este cambio de actitud.


    por qué

    Se trata de la secuencia formada por la preposición por y el interrogativo o exclamativo qué (palabra tónica que se escribe con tilde diacrítica para distinguirla del relativo y de la conjunción que). Introduce oraciones interrogativas y exclamativas directas e indirectas:

    ¿Por qué no viniste ayer a la fiesta?

    No comprendo por qué te pones así.

    ¡Por qué calles más bonitas pasamos!

    Obsérvese que, a diferencia del sustantivo porqué, la secuencia por qué no puede sustituirse por términos como razón, causa o motivo.


    porque

    Se trata de una conjunción átona, razón por la que se escribe sin tilde. Puede usarse con dos valores:

    • Como conjunción causal, para introducir oraciones subordinadas que expresan causa, caso en que puede sustituirse por locuciones de valor asimismo causal como puesto que o ya que:

    No fui a la fiesta porque no tenía ganas [= ya que no tenía ganas].

    La ocupación no es total, porque quedan todavía plazas libres [= puesto que quedan todavía plazas libres].

    También se emplea como encabezamiento de las respuestas a las preguntas introducidas por la secuencia por qué:

    —¿Por qué no viniste? —Porque no tenía ganas.

    Cuando tiene sentido causal, es incorrecta su escritura en dos palabras.

    • Como conjunción final, seguida de un verbo en subjuntivo, con sentido equivalente a para que:

    Hice cuanto pude porque no terminara así [= para que no terminara así].

    En este caso, se admite también la grafía en dos palabras (pero se prefiere la escritura en una sola):

    Hice cuanto pude por que no terminara así.


    por que

    Puede tratarse de una de las siguientes secuencias:

    • La preposición por + el pronombre relativo que. En este caso es más corriente usar el relativo con artículo antepuesto (el que, la que, etc.):

    Este es el motivo por (el) que te llamé.

    Los premios por (los) que competían no resultaban muy atractivos.

    No sabemos la verdadera razón por (la) que dijo eso.

    • La preposición por + la conjunción subordinante que. Esta secuencia aparece en el caso de verbos, sustantivos o adjetivos que rigen un complemento introducido por la preposición por y llevan además una oración subordinada introducida por la conjunción que:

    Al final optaron por que no se presentase.

    Están ansiosos por que empecemos a trabajar en el proyecto.

    Nos confesó su preocupación por que los niños pudieran enfermar.


    La forma verbal hubieron es la que corresponde a la tercera persona del plural del pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo del verbo haber: hube, hubiste, hubo, hubimos, hubisteis, hubieron.


    Usos correctos

    Esta forma verbal se emplea, correctamente, en los casos siguientes:

    • Para formar, seguida del participio del verbo que se está conjugando, la tercera persona del plural del tiempo compuesto denominado pretérito anterior o antepretérito de indicativo:

    hubieron terminado, hubieron comido, hubieron salido.

    Este tiempo indica que la acción denotada por el verbo ha ocurrido en un momento inmediatamente anterior al de otra acción sucedida también en el pasado:

    Cuando todos hubieron terminado, se marcharon a sus casas.

    Apenas hubieron traspasado el umbral, la puerta se cerró de golpe.

    En el uso actual, este tiempo verbal aparece siempre precedido de nexos como:

    cuando.

    tan pronto como.

    una vez que.

    después (de) que.

    hasta que.

    luego que.

    así que.

    no bien.

    apenas.

    Prácticamente no se emplea en la lengua oral y es hoy raro también en la escrita, pues en su lugar suele usarse:

    1- Bien el pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo:

    Cuando todos terminaron, se marcharon a sus casas.

    2- Bien el pretérito pluscuamperfecto o antecopretérito de indicativo:

    Apenas habían traspasado el umbral, la puerta se cerró de golpe.

    • Como forma de la tercera persona del plural del pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo de la perífrasis verbal haber de + infinitivo, que denota obligación o necesidad y equivale a la más usual hoy tener que + infinitivo:

    El director y su equipo hubieron de recorrer muchos lugares

    antes de encontrar los exteriores apropiados para la película.


    Uso Incorrecto
    • No se considera correcto el uso de la forma hubieron cuando el verbo haber se emplea para denotar la presencia o existencia de personas o cosas, pues con este valor haber es impersonal y, como tal, carece de sujeto (el elemento nominal que aparece junto al verbo es el complemento directo) y se usa solo en tercera persona del singular. Son, pues, incorrectas oraciones como:

    Hubieron muchos voluntarios para realizar esa misión. 

    No hubieron problemas para entrar al concierto.

    Debe decirse:

    Hubo muchos voluntarios para realizar esa misión.

    No hubo problemas para entrar al concierto.


    Aunque en el modo de marcar el género femenino en los sustantivos que designan profesiones, cargos, títulos o actividades influyen tanto cuestiones puramente formales —la etimología, la terminación del masculino, etc.— como condicionamientos de tipo histórico y sociocultural, en especial el hecho de que se trate o no de profesiones o cargos desempeñados tradicionalmente por mujeres, se pueden establecer las siguientes normas, atendiendo únicamente a criterios morfológicos:

    • Aquellos cuya forma masculina acaba en -o forman normalmente el femenino sustituyendo esta vocal por una -a:

    bombero/bombera, médico/médica, ministro/ministra, ginecólogo/ginecóloga.

    Hay excepciones, como piloto, modelo o testigo, que funcionan como comunes:

    el/la piloto, el/la modelo, el/la testigo

    NOTA: No debe considerarse una excepción el sustantivo reocuyo femenino etimológico y aún vigente en el uso es rea, aunque funcione asimismo como común: la reo).

    También funcionan normalmente como comunes los que proceden de acortamientos:

    el/la fisio, el/la otorrino

    En algún caso, el femenino presenta la terminación culta -isa (del lat. -issa), por provenir directamente del femenino latino formado con este sufijo:

    diácono/diaconisa

    Excepcionalmente hay voces que tienen dos femeninos, uno en -a y otro con la terminación -esa (variante castellana de -isa):

    Diablo, fem. diabla o diablesa; vampiro, fem. vampira o vampiresa.

    • Los que acaban en -a funcionan en su inmensa mayoría como comunes:

    el/la atleta, el/la cineasta, el/la guía, el/la logopeda, el/la terapeuta, el/la pediatra.

    En algunos casos, por razones etimológicas, el femenino presenta la terminación culta -isa: profetisa, papisa. En el caso de poeta, existen ambas posibilidades:

    la poeta/poetisa.

    También tiene dos femeninos la voz guarda,aunque con matices significativos diversos:

    la guarda/guardesa.

    Son asimismo comunes en cuanto al género los sustantivos formados con el sufijo -ista:

    el/la ascensorista, el/la electricista, el/la taxista.

    NOTA: Es excepcional el caso de modista, que a partir del masculino normal el modista ha generado el masculino regresivo modisto.

    • Los que acaban en -e tienden a funcionar como comunes, en consonancia con los adjetivos con esta misma terminación, que suelen tener una única forma (afable, alegre, pobre, inmune, etc.):

    el/la amanuense, el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre, el/la pinche.

    Algunos tienen formas femeninas específicas a través de los sufijos -esa, -isa o -ina:

    alcalde/alcaldesa, conde/condesa, duque/duquesa, héroe/heroína, sacerdote/sacerdotisa (aunque sacerdote también se usa como común: la sacerdote).

    NOTA: En unos pocos casos se han generado femeninos en -a, como en jefe/jefa, sastre/sastra, cacique/cacica.

    Dentro de este grupo están también los sustantivos terminados en -ante o -ente,procedentes en gran parte de participios de presente latinos, y que funcionan en su gran mayoría como comunes, en consonancia con la forma única de los adjetivos con estas mismas terminaciones (complaciente, inteligente, pedante,etc.):

    el/la agente, el/la conferenciante, el/la dibujante, el/la estudiante.

    No obstante, en algunos casos se han generalizado en el uso femeninos en -a, como clienta, dependienta o presidenta. A veces se usan ambas formas, con matices significativos diversos:

    la gobernante (‘mujer que dirige un país’) o la gobernanta (en una casa, un hotel o una institución, ‘mujer que tiene a su cargo el personal de servicio’).

    • Los pocos que terminan en -i o en -u funcionan también como comunes:

    el/la maniquí, el/la saltimbanqui, el/la gurú.

    • En cuanto a los terminados en -y, el femenino de rey es reina, mientras que los que toman modernamente esta terminación funcionan como comunes:

    el/la yóquey.

    • Los que acaban en -or forman el femenino añadiendo una -a:

    compositor/compositora, escritor/escritora, profesor/profesora, gobernador/gobernadora.

    En algunos casos, el femenino presenta la terminación culta -triz (del lat. -trix, -tricis), por provenir directamente de femeninos latinos formados con este sufijo:

    actor/actriz, emperador/emperatriz.

    • Los que acaban en -ar o -er, así como los pocos que acaban en -ir o -ur, funcionan hoy normalmente como comunes, aunque en algunos casos existen también femeninos en -esa o en -a:

    el/la auxiliar, el/la militar, el/la escolar(pero el juglar/la juglaresa), el/la líder (raro lideresa), el/la chofer o el/la chófer(raro choferesa), el/la ujier, el/la sumiller, el/la bachiller (raro hoy bachillera), el/la mercader (raro hoy mercadera), el/la faquir, el/la augur.

    • Los agudos acabados en -n y en -s forman normalmente el femenino añadiendo una -a:

    guardián/guardiana, bailarín/bailarina, anfitrión/anfitriona, guardés/guardesa, marqués/marquesa, dios/ diosa.

    Se exceptúan barón e histrión, cuyos femeninos se forman a través de los sufijos -esa e -isa, respectivamente:

    baronesa, histrionisa.

    También se apartan de esta regla la palabra rehén, que funciona como epiceno masculino (el rehén) o como común (el/la rehén), y la voz edecán, que es común en cuanto al género (el/la edecán).

    Por su parte, las palabras llanas con esta terminación funcionan como comunes:

    el/la barman.

    • Los que acaban en -l o -z tienden a funcionar como comunes:

    el/la cónsul, el/la corresponsal, el/la timonel, el/la capataz, el/la juez, el/la portavoz,

    En consonancia con los adjetivos terminados en estas mismas consonantes, que tienen, salvo poquísimas excepciones, una única forma, válida tanto para el masculino como para el femenino:

    dócil, brutal, soez, feliz (no existen las formas femeninas *dócila, *brutala, *soeza, *feliza).

    NOTA: No obstante, algunos de estos sustantivos han desarrollado con cierto éxito un femenino en -a, como es el caso de juez/jueza, aprendiz/aprendiza, concejal/concejala o bedel/bedela.

    • Los terminados en consonantes distintas de las señaladas en los párrafos anteriores funcionan como comunes:

    el/la chef, el/la médium, el/la pívot.

    NOTA: Se exceptúa la voz abad, cuyo femenino es abadesa. Es especial el caso de huésped, pues aunque hoy se prefiere su uso como común (el/la huésped), su femenino tradicional es huéspeda.

    • Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los nombres que designan grados de la escala militar:

    el/la cabo, el/la brigada, el/la teniente, el/la brigadier, el/la capitán, el/la coronel, el/la alférez.

    Los sustantivos que designan por el instrumento al músico que lo toca:

    el/la batería, el/la corneta, el/la contrabajo

    Y los sustantivos compuestos que designan persona:

    el/la mandamás, el/la sobrecargo, un/una cazatalentos, un/una sabelotodo, un/una correveidile.

    • Cuando el nombre de una profesión o cargo está formado por un sustantivo y un adjetivo, ambos elementos deben ir en masculino o femenino dependiendo del sexo del referente; por tanto, debe decirse la primera ministra, una intérprete jurada, una detective privada, etc., y no la primera ministro, una intérprete jurado, una detective privado, etc.: «Me llamo Patricia Delamo y soy detective privada».

    LLAVE: Signo gráfico constituido por dos líneas sinuosas que, al juntarse, forman una pequeña punta en el centro. Se trata de un signo de los llamados dobles, ya que existe uno de apertura ({) y otro de cierre (}), aunque en su aplicación principal se usa únicamente uno de ellos.

    • Se utiliza principalmente en cuadros sinópticos o esquemas, para abarcar varios elementos —cada uno escrito en una línea diferente— que constituyen una enumeración a partir de un concepto dado, que es el que genera la apertura de la llave. Normalmente se emplea el signo de apertura, aunque en esquemas complejos pueden combinarse ambos. El concepto a partir del cual se genera la llave se coloca en el centro de esta, y en ningún caso deben escribirse dos puntos entre estos dos elementos. Para resaltar los elementos abarcados por este signo pueden usarse rayas o cualquier otro tipo de marcador:


    Consonantes

    {

    — Sordas

    Sonoras

    Es posible utilizar el signo de cierre, si a partir de los elementos que componen la clasificación se quiere indicar el concepto que los abarca:

    Paleolítico
    Mesolítico
    Neolítico

    }

    Edad de Piedra

    • También se emplean las llaves para presentar alternativas en un determinado contexto:


    Prometo

    {

    venir mañana

    que vendré mañana

    }

    a la fiesta.

    Si se prefiere presentar las alternativas escritas en línea seguida, estas deben separarse por medio de barras:

    «Según la naturaleza del verbo en cuestión, presentan diversas posibilidades […]: Prometo {venir mañana/que vendré mañana}».