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porqué

Es un sustantivo masculino que equivale a causa, motivo, razón, y se escribe con tilde por ser palabra aguda terminada en vocal. Puesto que se trata de un sustantivo, se usa normalmente precedido de artículo u otro determinante:

No comprendo el porqué de tu actitud [= la razón de tu actitud].

Todo tiene su porqué [= su causa o su motivo].

Como otros sustantivos, tiene plural:

Hay que averiguar los porqués de este cambio de actitud.


por qué

Se trata de la secuencia formada por la preposición por y el interrogativo o exclamativo qué (palabra tónica que se escribe con tilde diacrítica para distinguirla del relativo y de la conjunción que). Introduce oraciones interrogativas y exclamativas directas e indirectas:

¿Por qué no viniste ayer a la fiesta?

No comprendo por qué te pones así.

¡Por qué calles más bonitas pasamos!

Obsérvese que, a diferencia del sustantivo porqué, la secuencia por qué no puede sustituirse por términos como razón, causa o motivo.


porque

Se trata de una conjunción átona, razón por la que se escribe sin tilde. Puede usarse con dos valores:

  • Como conjunción causal, para introducir oraciones subordinadas que expresan causa, caso en que puede sustituirse por locuciones de valor asimismo causal como puesto que o ya que:

No fui a la fiesta porque no tenía ganas [= ya que no tenía ganas].

La ocupación no es total, porque quedan todavía plazas libres [= puesto que quedan todavía plazas libres].

También se emplea como encabezamiento de las respuestas a las preguntas introducidas por la secuencia por qué:

—¿Por qué no viniste? —Porque no tenía ganas.

Cuando tiene sentido causal, es incorrecta su escritura en dos palabras.

  • Como conjunción final, seguida de un verbo en subjuntivo, con sentido equivalente a para que:

Hice cuanto pude porque no terminara así [= para que no terminara así].

En este caso, se admite también la grafía en dos palabras (pero se prefiere la escritura en una sola):

Hice cuanto pude por que no terminara así.


por que

Puede tratarse de una de las siguientes secuencias:

  • La preposición por + el pronombre relativo que. En este caso es más corriente usar el relativo con artículo antepuesto (el que, la que, etc.):

Este es el motivo por (el) que te llamé.

Los premios por (los) que competían no resultaban muy atractivos.

No sabemos la verdadera razón por (la) que dijo eso.

  • La preposición por + la conjunción subordinante que. Esta secuencia aparece en el caso de verbos, sustantivos o adjetivos que rigen un complemento introducido por la preposición por y llevan además una oración subordinada introducida por la conjunción que:

Al final optaron por que no se presentase.

Están ansiosos por que empecemos a trabajar en el proyecto.

Nos confesó su preocupación por que los niños pudieran enfermar.


La forma verbal hubieron es la que corresponde a la tercera persona del plural del pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo del verbo haber: hube, hubiste, hubo, hubimos, hubisteis, hubieron.


Usos correctos

Esta forma verbal se emplea, correctamente, en los casos siguientes:

  • Para formar, seguida del participio del verbo que se está conjugando, la tercera persona del plural del tiempo compuesto denominado pretérito anterior o antepretérito de indicativo:

hubieron terminado, hubieron comido, hubieron salido.

Este tiempo indica que la acción denotada por el verbo ha ocurrido en un momento inmediatamente anterior al de otra acción sucedida también en el pasado:

Cuando todos hubieron terminado, se marcharon a sus casas.

Apenas hubieron traspasado el umbral, la puerta se cerró de golpe.

En el uso actual, este tiempo verbal aparece siempre precedido de nexos como:

cuando.

tan pronto como.

una vez que.

después (de) que.

hasta que.

luego que.

así que.

no bien.

apenas.

Prácticamente no se emplea en la lengua oral y es hoy raro también en la escrita, pues en su lugar suele usarse:

1- Bien el pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo:

Cuando todos terminaron, se marcharon a sus casas.

2- Bien el pretérito pluscuamperfecto o antecopretérito de indicativo:

Apenas habían traspasado el umbral, la puerta se cerró de golpe.

  • Como forma de la tercera persona del plural del pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo de la perífrasis verbal haber de + infinitivo, que denota obligación o necesidad y equivale a la más usual hoy tener que + infinitivo:

El director y su equipo hubieron de recorrer muchos lugares

antes de encontrar los exteriores apropiados para la película.


Uso Incorrecto
  • No se considera correcto el uso de la forma hubieron cuando el verbo haber se emplea para denotar la presencia o existencia de personas o cosas, pues con este valor haber es impersonal y, como tal, carece de sujeto (el elemento nominal que aparece junto al verbo es el complemento directo) y se usa solo en tercera persona del singular. Son, pues, incorrectas oraciones como:

Hubieron muchos voluntarios para realizar esa misión. 

No hubieron problemas para entrar al concierto.

Debe decirse:

Hubo muchos voluntarios para realizar esa misión.

No hubo problemas para entrar al concierto.


Aunque en el modo de marcar el género femenino en los sustantivos que designan profesiones, cargos, títulos o actividades influyen tanto cuestiones puramente formales —la etimología, la terminación del masculino, etc.— como condicionamientos de tipo histórico y sociocultural, en especial el hecho de que se trate o no de profesiones o cargos desempeñados tradicionalmente por mujeres, se pueden establecer las siguientes normas, atendiendo únicamente a criterios morfológicos:

  • Aquellos cuya forma masculina acaba en -o forman normalmente el femenino sustituyendo esta vocal por una -a:

bombero/bombera, médico/médica, ministro/ministra, ginecólogo/ginecóloga.

Hay excepciones, como piloto, modelo o testigo, que funcionan como comunes:

el/la piloto, el/la modelo, el/la testigo

NOTA: No debe considerarse una excepción el sustantivo reocuyo femenino etimológico y aún vigente en el uso es rea, aunque funcione asimismo como común: la reo).

También funcionan normalmente como comunes los que proceden de acortamientos:

el/la fisio, el/la otorrino

En algún caso, el femenino presenta la terminación culta -isa (del lat. -issa), por provenir directamente del femenino latino formado con este sufijo:

diácono/diaconisa

Excepcionalmente hay voces que tienen dos femeninos, uno en -a y otro con la terminación -esa (variante castellana de -isa):

Diablo, fem. diabla o diablesa; vampiro, fem. vampira o vampiresa.

  • Los que acaban en -a funcionan en su inmensa mayoría como comunes:

el/la atleta, el/la cineasta, el/la guía, el/la logopeda, el/la terapeuta, el/la pediatra.

En algunos casos, por razones etimológicas, el femenino presenta la terminación culta -isa: profetisa, papisa. En el caso de poeta, existen ambas posibilidades:

la poeta/poetisa.

También tiene dos femeninos la voz guarda,aunque con matices significativos diversos:

la guarda/guardesa.

Son asimismo comunes en cuanto al género los sustantivos formados con el sufijo -ista:

el/la ascensorista, el/la electricista, el/la taxista.

NOTA: Es excepcional el caso de modista, que a partir del masculino normal el modista ha generado el masculino regresivo modisto.

  • Los que acaban en -e tienden a funcionar como comunes, en consonancia con los adjetivos con esta misma terminación, que suelen tener una única forma (afable, alegre, pobre, inmune, etc.):

el/la amanuense, el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre, el/la pinche.

Algunos tienen formas femeninas específicas a través de los sufijos -esa, -isa o -ina:

alcalde/alcaldesa, conde/condesa, duque/duquesa, héroe/heroína, sacerdote/sacerdotisa (aunque sacerdote también se usa como común: la sacerdote).

NOTA: En unos pocos casos se han generado femeninos en -a, como en jefe/jefa, sastre/sastra, cacique/cacica.

Dentro de este grupo están también los sustantivos terminados en -ante o -ente,procedentes en gran parte de participios de presente latinos, y que funcionan en su gran mayoría como comunes, en consonancia con la forma única de los adjetivos con estas mismas terminaciones (complaciente, inteligente, pedante,etc.):

el/la agente, el/la conferenciante, el/la dibujante, el/la estudiante.

No obstante, en algunos casos se han generalizado en el uso femeninos en -a, como clienta, dependienta o presidenta. A veces se usan ambas formas, con matices significativos diversos:

la gobernante (‘mujer que dirige un país’) o la gobernanta (en una casa, un hotel o una institución, ‘mujer que tiene a su cargo el personal de servicio’).

  • Los pocos que terminan en -i o en -u funcionan también como comunes:

el/la maniquí, el/la saltimbanqui, el/la gurú.

  • En cuanto a los terminados en -y, el femenino de rey es reina, mientras que los que toman modernamente esta terminación funcionan como comunes:

el/la yóquey.

  • Los que acaban en -or forman el femenino añadiendo una -a:

compositor/compositora, escritor/escritora, profesor/profesora, gobernador/gobernadora.

En algunos casos, el femenino presenta la terminación culta -triz (del lat. -trix, -tricis), por provenir directamente de femeninos latinos formados con este sufijo:

actor/actriz, emperador/emperatriz.

  • Los que acaban en -ar o -er, así como los pocos que acaban en -ir o -ur, funcionan hoy normalmente como comunes, aunque en algunos casos existen también femeninos en -esa o en -a:

el/la auxiliar, el/la militar, el/la escolar(pero el juglar/la juglaresa), el/la líder (raro lideresa), el/la chofer o el/la chófer(raro choferesa), el/la ujier, el/la sumiller, el/la bachiller (raro hoy bachillera), el/la mercader (raro hoy mercadera), el/la faquir, el/la augur.

  • Los agudos acabados en -n y en -s forman normalmente el femenino añadiendo una -a:

guardián/guardiana, bailarín/bailarina, anfitrión/anfitriona, guardés/guardesa, marqués/marquesa, dios/ diosa.

Se exceptúan barón e histrión, cuyos femeninos se forman a través de los sufijos -esa e -isa, respectivamente:

baronesa, histrionisa.

También se apartan de esta regla la palabra rehén, que funciona como epiceno masculino (el rehén) o como común (el/la rehén), y la voz edecán, que es común en cuanto al género (el/la edecán).

Por su parte, las palabras llanas con esta terminación funcionan como comunes:

el/la barman.

  • Los que acaban en -l o -z tienden a funcionar como comunes:

el/la cónsul, el/la corresponsal, el/la timonel, el/la capataz, el/la juez, el/la portavoz,

En consonancia con los adjetivos terminados en estas mismas consonantes, que tienen, salvo poquísimas excepciones, una única forma, válida tanto para el masculino como para el femenino:

dócil, brutal, soez, feliz (no existen las formas femeninas *dócila, *brutala, *soeza, *feliza).

NOTA: No obstante, algunos de estos sustantivos han desarrollado con cierto éxito un femenino en -a, como es el caso de juez/jueza, aprendiz/aprendiza, concejal/concejala o bedel/bedela.

  • Los terminados en consonantes distintas de las señaladas en los párrafos anteriores funcionan como comunes:

el/la chef, el/la médium, el/la pívot.

NOTA: Se exceptúa la voz abad, cuyo femenino es abadesa. Es especial el caso de huésped, pues aunque hoy se prefiere su uso como común (el/la huésped), su femenino tradicional es huéspeda.

  • Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los nombres que designan grados de la escala militar:

el/la cabo, el/la brigada, el/la teniente, el/la brigadier, el/la capitán, el/la coronel, el/la alférez.

Los sustantivos que designan por el instrumento al músico que lo toca:

el/la batería, el/la corneta, el/la contrabajo

Y los sustantivos compuestos que designan persona:

el/la mandamás, el/la sobrecargo, un/una cazatalentos, un/una sabelotodo, un/una correveidile.

  • Cuando el nombre de una profesión o cargo está formado por un sustantivo y un adjetivo, ambos elementos deben ir en masculino o femenino dependiendo del sexo del referente; por tanto, debe decirse la primera ministra, una intérprete jurada, una detective privada, etc., y no la primera ministro, una intérprete jurado, una detective privado, etc.: «Me llamo Patricia Delamo y soy detective privada».

LLAVE: Signo gráfico constituido por dos líneas sinuosas que, al juntarse, forman una pequeña punta en el centro. Se trata de un signo de los llamados dobles, ya que existe uno de apertura ({) y otro de cierre (}), aunque en su aplicación principal se usa únicamente uno de ellos.

  • Se utiliza principalmente en cuadros sinópticos o esquemas, para abarcar varios elementos —cada uno escrito en una línea diferente— que constituyen una enumeración a partir de un concepto dado, que es el que genera la apertura de la llave. Normalmente se emplea el signo de apertura, aunque en esquemas complejos pueden combinarse ambos. El concepto a partir del cual se genera la llave se coloca en el centro de esta, y en ningún caso deben escribirse dos puntos entre estos dos elementos. Para resaltar los elementos abarcados por este signo pueden usarse rayas o cualquier otro tipo de marcador:


Consonantes

{

— Sordas

Sonoras

Es posible utilizar el signo de cierre, si a partir de los elementos que componen la clasificación se quiere indicar el concepto que los abarca:

Paleolítico
Mesolítico
Neolítico

}

Edad de Piedra

  • También se emplean las llaves para presentar alternativas en un determinado contexto:


Prometo

{

venir mañana

que vendré mañana

}

a la fiesta.

Si se prefiere presentar las alternativas escritas en línea seguida, estas deben separarse por medio de barras:

«Según la naturaleza del verbo en cuestión, presentan diversas posibilidades […]: Prometo {venir mañana/que vendré mañana}».

La Diéresis

Publicado: enero 13, 2017 en Escritura
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DIÉRESIS: Signo ortográfico auxiliar, también llamado crema, representado por dos puntos (¨) que se disponen horizontalmente sobre la vocal a la que afectan. En español tiene los usos siguientes:

a) Debe colocarse obligatoriamente sobre la u para indicar que esta vocal ha de pronunciarse en las combinaciones gue y gui:

vergüenza, pingüino.

Debe escribirse también sobre las letras mayúsculas: BILINGÜE, LINGÜÍSTICA. En ediciones actuales de textos antiguos no modernizados, también puede encontrarse este signo escrito sobre la u en las combinaciones que, qui, con esta misma finalidad:

qüestión, qüistión (en lugar de la forma moderna cuestión).

b) En textos poéticos, la diéresis puede colocarse sobre la primera vocal de un diptongo para indicar que las vocales que lo componen deben pronunciarse en sílabas distintas; así, la palabra a la que afecta y, en consecuencia, el verso en que aparece cuentan con una sílaba más a efectos métricos:

«¡Oh! ¡Cuán süave resonó en mi oído / el bullicio del mundo y su rüido!» (Espronceda Diablo [Esp. 1840-41]). Esta licencia poética se llama también diéresis.

Los Dos Puntos

Publicado: octubre 14, 2016 en Escritura, Uncategorized
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DOS PUNTOS: Signo de puntuación (:) que representa una pausa mayor que la de la coma y menor que la del punto. Detienen el discurso para llamar la atención sobre lo que sigue, que siempre está en estrecha relación con el texto precedente. Se escriben pegados a la palabra o el signo que los antecede, y separados por un espacio de la palabra o el signo que los sigue.


Usos lingüísticos

1.1. Preceden a una enumeración de carácter explicativo:

Ayer me compré dos libros: uno de Carlos Fuentes y otro de Cortázar.

1.2. Cuando, por interés, se anticipan los elementos de la enumeración, los dos puntos sirven para cerrarla y dar paso al concepto que los engloba:

Natural, sana y equilibrada: así debe ser una buena alimentación.

1.3. Preceden a la reproducción de citas o palabras textuales, que deben escribirse entre comillas e iniciarse con mayúscula:

Ya lo dijo Ortega y Gasset: «La claridad es la cortesía del filósofo».

1.4. Se emplean tras las fórmulas de saludo en el encabezamiento de cartas y documentos. En este caso, la palabra que sigue a los dos puntos, y que inicia el cuerpo de la carta, se escribe con inicial mayúscula y en renglón aparte:

Muy señor mío: / Le agradeceré que en el plazo más breve posible…

Es costumbre anglosajona, que debe evitarse en español, utilizar la coma en lugar de los dos puntos:

Querido amigo, / Te escribo esta carta para comunicarte…

1.5. Sirven para separar una ejemplificación del resto de la oración:

De vez en cuando tiene algunos comportamientos inexplicables: hoy ha venido a la oficina en zapatillas.

1.6. En textos jurídicos y administrativos, como decretos, sentencias, bandos, edictos, certificados o instancias, se colocan después del verbo que presenta el objetivo fundamental del documento y que va escrito con todas sus letras en mayúscula. La primera palabra que sigue a dicho verbo se escribe con inicial mayúscula y en párrafo aparte:

CERTIFICA: / Que D. José Álvarez García ha seguido con aprovechamiento el Curso…

Solamente en este caso los dos puntos son compatibles con la conjunción subordinante que.

1.7. Sirven para marcar una pausa enfática tras locuciones de carácter introductorio como a saber, ahora bien, pues bien, esto es, dicho de otro modo, en otras palabras, más aún…, y no precisan que la oración que los sigue se inicie con mayúscula:

Nunca me ha molestado colaborar. Dicho de otro modo: me gusta ayudar a los demás.

¿Recuerdas lo que te conté de Ramiro? Pues bien: ha vuelto a hacerlo.

En la mayoría de estos casos los dos puntos son sustituibles por la coma. La diferencia entre el uso de uno u otro signo está en que con la coma el énfasis desaparece y la expectación creada en el lector con respecto a lo que se va a decir es menor.

1.8. Se usan también para conectar oraciones relacionadas entre sí sin necesidad de emplear otro nexo. Son varias las relaciones que pueden expresar:

  • Causa-efectoSe ha quedado sin trabajo: no podrá ir de vacaciones este verano.
  • Conclusión, consecuencia o resumen de la oración anterior (En este caso se usa también el punto y coma)El arbitraje fue injusto y se cometieron demasiados errores: al final se perdió el partido.
  • Verificación o explicación de la oración anterior, que suele tener un sentido más general (En este caso se usa también el punto y coma)La paella es un plato muy completo y nutritivo: tiene la fécula del arroz, las proteínas de sus carnes y pescados, y la fibra de sus verduras.

1.9. En títulos y epígrafes es frecuente su uso para separar el concepto general del aspecto parcial del que va a tratarse:

La literatura medieval: estudio comparativo de los principales motivos recurrentes.

1.10. Separan los epígrafes internos de un libro del texto que los sigue, cuando este comienza en la misma línea:

La Revolución industrial: Su origen hay que situarlo en Gran Bretaña, alrededor de 1780, cuando…

Para ello se usa también la raya precedida de un punto.

1.11. Es incorrecto escribir dos puntos entre una preposición y el sustantivo o sustantivos que esta introduce:

En la reunión había representantes de: Bélgica, Holanda y Luxemburgo.

La obra estuvo coordinada por: Antonio Sánchez.


Usos NO Lingüísticos

2.1. Se emplean para separar las horas de los minutos en la expresión de la hora. No debe dejarse espacio de separación entre los dos puntos y las cifras colindantes:

15:30 h.

2.2. Indican división en expresiones matemáticas. En este caso, se escriben con espacio de separación respecto de las cifras colindantes:

8 : 2 = 4.


Se refiere a la palabra o conjunto de palabras utilizadas para unir ideas manteniendo  una relación en ambas. Son usados de forma oral y escrita para conseguir una correcta coherencia, conectando así las partes de un texto, de frases, palabras, párrafos largos o cortos. Los conectores no son mas que frases cortas o palabras que se encargar de enlazar oraciones, palabras y párrafos para darle un significado contextual. A falta de estos no sería posible relacionar hechos o datos en un mismo texto con la mayor claridad y coherencia posible. Los conectores no son una categoría gramatical, mas bien surgen de distintas categorías gramaticales. Con estos se logra obtener una excelente fluidez entre los párrafos. Los mismos logran visualizarse tanto en el principio como en el medio de una frase expresando así el contraste, orden, secuencia o similitudes de pensamientos que integra.


Conector de Adición

Con estos se puede añadir información de un contexto en específico. Aquí se incorpora dos ideas utilizando para ello los adverbios conjuntivos, las conjuciones de coordinación y las frases preposicionales empleados para establecer una la relación entre ambas ideas.

Ejemplo: además, por ejemplo, junto con, así como,  y.


Conector de Causa

Como su nombre lo indica, expresan causa o las razones de ser de algo.

Ejemplo: porque, dado que.


Conector de Condición

Aquí presentan los hechos o acciones donde al realizarlas o no, es necesario para llevar a cabo otro hecho o acción. Estos conectores muestran condiciones usadas para establecer cierta relación entre ideas, encontrándose los adverbios conjuntivos, y las conjuciones subordinantes.

Ejemplo: con la condición de que, si, de lo contrario, por ejemplo, incluso si, a menos que.


Conector de Consecuencia

Aquí se presentan hechos o acciones que resultan de otros hechos o acciones. Muestran la consecuencia de otro.

Ejemplo: por lo tanto, en consecuencia, por esta razón, así pues, así que, por consiguiente, de modo que, de ahí que.


Conector de Finalidad

Expresan el propósito u objetivo de una acción.

Ejemplo: con el fin de, para.


Conector de Ilustración

También llamados conectores aclaratorios, estos desarrollan claramente una idea a través de re-formulaciones, aclaraciones, ejemplos, etc.

Ejemplo: es decir, por ejemplo.


Conector de Oposición

Llamados al igual conectores adversarios o de contraste, logran introducir ideas contradictorias u opuestas.

Ejemplo: sin embargo, no obstante, pero, por el contrario, ahora bien, en cambio, aunque, tampoco, ahora bien.


Conector de Orden

Conocidos como conectores cronológicos o de jerarquía. Exponen ordenadamente diversos argumentos e ideas usando cierta secuencia o jerarquizando algunas ideas.

Ejemplo: por una parte, en primer lugar, sobre todo.


Conector de Referencia

Empleados para añadir un tema o para hacer referencia del mismo en cuanto a  sus hechos y acciones mencionados.

Ejemplo: en cuanto a, en lo que respecta.


Conector de Resumen

Con frecuencia se utilizan para dar fin o cerrar un razonamiento, donde se presenta conclusiones o resúmenes que parten de lo dicho.

Ejemplo: en conclusión, en resumen.


Conector de Temporalidad

Con estos se logra colocar hechos o acciones en el tiempo. Indican entre los enunciados cierta simultaneidad o sucesión.

Ejemplo: desde entonces, en nuestros días, al mismo tiempo, a continuación, después, antes, ahora, mas tarde, mas adelante.


Conectores de Ejemplificación

Conocidos al igual como conectores de explicación. Estos aclaran por medio de un ejemplo o explicación de un término mostrado en un enunciado.

Ejemplo: mejor dicho, o sea, es decir, pongo por caso, por ejemplo.


Conectores Oracionales

Estos llegan a formar una oración compuesta relacionando dos o mas enunciados independientes. Estos conectores pueden ser simples -o,y,pero-, o compuestos -a menos que, por mucho que, y eso que-.


En adición existen otros conectores que también suelen ser muy utilizados en la elaboración de textos, frases y oraciones como son:

  • Conectores de negación: los cuales niegan como se realiza una acción (tampoco, no, nunca, jamás).
  • Conectores de afirmación: que al contrario llegan a afirmar la realización de la acción (ejemplo: en efecto, ciertamente, siempre, por supuesto, sin duda).
  • Conectores pronominal: que hacen uso de pronombres relativos y demostrativos como elemento textual (ejemplo: ése, que, el cual, lo que).
  • Conector de modo: que son adverbios que indican el modo en el cual se lleva a cabo el proceso verbal (ejemplo: bien, a escondidas, así).

Todos estos conectores ayudan directamente al redactor y al orador a comunicarse de una manera más clara, precisa y contextual, y al mismo tiempo ayuda al lector y al receptor a tener un mejor entendimiento de lo leído u odio.81-conectores-gramaticales-infografc3ada-educar21-compressor.png


Bibliografía

http://www.lostipos.com/de/conectores-gramaticales.html

 


La Letra A

La A proviene de la letra fenicia áleph, que significaba ‘buey’ y que se escribía como la mayúscula nuestra, solo que al revés, con las patas arriba porque representaba los cuernos del buey, la raya que los atraviesa marcaba las orejas y el vértice formaba el hocico. Según los paleógrafos, los fenicios la tomaron de un antiguo jeroglífico egipcio que representaba la cabeza de un buey. Con el tiempo, los fenicios tumbaron este signo a la derecha, dejándolo muy parecido a una trompeta. De los fenicios la copiaron los griegos, para usarlo como letra A, ya puesta como nosotros la conocemos.

La a minúscula apareció en el siglo II, al redondearse los trazos angulosos de la mayúscula con la escritura rápida y uniendo las letras. Y la forma menos redondeada y que aparece ahora en todos los teclados de ordenador (a) nació para la imprenta.a


La Letra B

El origen gráfico de la B se remonta a la letra fenicia bet, que quería decir ‘casa’. Los fenicios la tomaron de un jeroglífico egipcio que en cierto modo recuerda una tienda de campaña. Los griegos la copiaron de los fenicios, haciéndola ya muy parecida a como la escribieron los romanos, que es igual a la nuestra.b-2


La Letra C

Tiene su origen en un jeroglífico egipcio con forma de bastón, que los fenicios adoptaron para su alfabeto con el nombre de gimel. Este signo fue copiado a su vez por los griegos, con el nombre degamma, que tenía varias formas, entre ellasla C. De ahí pasó al alfabeto latino, que en un principio empleaba la misma letra tanto para el sonido C como el sonido G, hasta que Espurio Camilio inventó esta última letra. Y así, ya diferenciadas, llegaron ambas, C y G, al español.c


La Letra D

Procede de un ideograma egipcio que representa una puerta con una forma triangular que en efecto recordaba el trozo de piel que cerraba la puerta de las tiendas de campaña. Los fenicios la adaptaron simplificándola y le dieron el nombre de dalet (también los hebreos), que quiere decir ‘puerta’. Los griegos la tomaron llamándola delta, redondeándola en una de sus variedades. Así la adoptó el alfabeto latino, creando además una minúscula (d) por acomodación de la mayúscula a la escritura práctica. Y así llegaron la mayúscula y la minúscula al español.d


La Letra E

Era representada por los egipcios por la figura de una persona con los brazos extendidos hacia el cielo, adorando a una divinidad celestial. Los fenicios esquematizaron esta figura al adoptarla a su alfabeto con una línea vertical cortada por tres horizontales que apuntan a la izquierda. Los griegos la adoptaron dándole la forma que ha llegado hasta nosotros como la E mayúscula. La minúscula nació siglos más tarde, como consecuencia de la comodidad y rapidez al escribir.e


La Letra F

La F mayúscula procede del signo fenicio para el vau, del que también han derivado otras tres letras: U, V, Y. Los griegos importaron la letra fenicia sin cambios apreciables y lo mismo hicieron los etruscos, que le dieron una forma más reconocida para nosotros; el alfabeto latino invirtió sus trazos y la dejó tal cual la conocemos hoy. Los rasgos rectilíneos de la F mayúscula fueron suavizándose, redondeándose, para formar la f minúscula.f


La Letra G

El latín heredó de los griegos, a través de los etruscos, la letra C con la que representar dos sonidos: el [k] que aparece en cama y [g]. De manera que, como no existía la G, se escribía VIRCO aunque se pronunciara virgo. Esto era así porque los etruscos no conocían el sonido [g]; pero lo romanos sí, por tanto les resultaba un problema no tener una letra específica para este sonido y diferenciarlo así del [k] de la C. Podrían haber adoptado la gamma griega ( Γ ), que sí representaba el sonido [g], pero los romanos creían erróneamente que también tenía el sonido [k]. Así que no resolvieron este problema hasta que Espurio Carvilio inventó la G, en el siglo III a. C., añadiendo una rayita a la C.c


La Letra H

Su hombre es hache, del francés hache, y este del bajo latino hacca, modificación de ach, pronunciación vulgar en lugar de ah (con aspirada), que fue el antiguo nombre latino de esta letra. Paradójicamente, empezó su andadura en el español escribiéndose sin h: ache en un texto de 1433.

En el alfabeto fenicio había una letra conocida con el nombre de het que es la antepasada de nuestra H y que se representaba con una figura de dos rectángulos superpuestos, algo inclinados. No está muy claro de donde procedía esta het fenicia. Se pronunciaba como una suavemente aspirada. Los griegos la adoptaron de los fenicios dándole la forma mayúscula que hoy conocemos por eliminación de los trazos superior e inferior, y manteniendo la suave aspiración. Pasó al latín, donde fue perdiendo el sonido hasta quedar muda. Y así llegó al español: se escribe pero no se pronuncia.h


La Letra I

La antepasada más remota de la de la que se tiene seguridad es la yod fenicia. Los griegos la empezaron a escribir tal como nosotros conocemos la I mayúscula. El alfabeto latino la copió, pero poniéndole al principio dos circulitos en cada extremo. Durante mucho tiempo, en español se escribió en minúsculas sin el actual puntito, lo que ocasionó muchos trastornos para su lectura correcta, pues se confundía a menudo con otras letras; para diferenciarla, a veces se escribía prolongándola por arriba (como una I mayúscula) o por abajo (de donde salió la j), y hasta con algún circulito en algún extremo, casi como los romanos. En la Edad Media se decidió acentuarla, y así quedó el puntito actual tras inventarse la imprenta.i


La Letra J

La j es hija de la i. No existía en los alfabetos fenicio, griego ni latino.

El sonido consonántico peculiar de la j se produjo en el paso del latín al romance castellano por múltiples procedimientos:

  • La propia (IOCUM > juego).
  • Una seguida de (MULIER > mujer, PALEA > paja).
  • Un grupo -cul- (AURICŬLA >oreja, OCULUS > ojo).
  • Un grupo -sc- (FACSIA > faja).
  • Por adaptación de sonidos árabes (šáy> jeque, aššuwár> ajuar, šuríl> jurel).

Para este sonido también servía la i (causa de no pocas confusiones, pues la palabra viejo, por ejemplo, podía verse escrita vieio vjeio), hasta que, entre los siglos XVI y XVII, se separaron, quedando la primera como vocal y la segunda como consonante y con sonido propio.

El humanista francés Pierre de la Ramée fue el inventor del signo de la J mayúscula y la minúscula, para su adaptación a la imprenta en el siglo XVI.

Tiene un punto arriba por herencia de la i, que así se distinguía de la u. Su propio nombre, jota, procede del nombre de la en griego: iota.i


La Letra K

Se la ha considerado desde siempre como una letra inútil y extranjera, pues ya los romanos contaban solo con diez palabras que empezaban con esta letra, aunque la tomaron del alfabeto griego que, a su vez, la copió de la kaf fenicia (pero dándole la vuelta) y los fenicios, en fin, la tomaron de la escritura jeroglífica egipcia, en donde representaba una mano o un puño. Entre 1815 y 1869 desapareció del diccionario académico.k


La Letra L

Los fenicios tenían esta letra en su alfabeto con el nombre de lamed ‘cayado’, con forma en efecto de este utensilio que empleaban los pastores para azuzar a los bueyes. Los griegos la adaptaron con el nombre de lambda pero sustituyendo la curva de la letra en un ángulo agudo. Un ángulo que hicieron recto los romanos cuando la copiaron para el alfabeto latino. Y así llegó al español. Excepto por el tamaño, la L mayúscula y la l minúscula se escribían igual, pero al ligarla con otras letras en la escritura manual, a la minúscula le apareció la panza superior.l


La Letra M

El origen de esta letra está en el símbolo con que se representaba el agua en la antigua escritura jeroglífica egipcia. De este símbolo tomó el alfabeto fenicio su letra mem ‘agua’, pero transformando los trazos de manera que desaparecen sus evocadores aires acuáticos. Los griegos la copiaron para su letramy, en versiones muy parecidas ya a la M actual, como lo es ya la M latina.m


La Letra N

En los jeroglíficos egipcios aparece representada como una serpiente. Esquematizada y con un rasgo más quebrado pasó primero al alfabeto fenicio con el nombre de nun y luego al griego con la misma forma y el nombre de ny. Así llegó al latín, con una mayúscula, N, idéntica a la nuestra. La minúscula nació con el redondeo del trazo al escribir letras juntas.


La Letra Ñ

Es la aportación española al alfabeto latino. El sonido de la ñ no existía en latín, pero la evolución de grupos tales como gn, nn, ni nh dio lugar a él durante la Edad Media entre las lenguas románicas. El italiano y el francés se quedaron con gn, el gallego-portugués con el nh y el catalán con el ny. El castellano prefirió nn, que se abrevió por medio de una con una raya encima y que acabó convirtiéndose en una única letra en forma de con tilde ondulada (ñ) y un sonido nasal muy peculiar, que se pronuncia juntando la lengua con el paladar de tal manera que impida la espiración por la boca, y separándola rápidamente para que el aire salga por la boca y las fosas nasales.


La Letra O

La letra aparece en la escritura jeroglífica egipcia con la forma de un ojo humano que miraba de frente. Los fenicios esquematizaron el símbolo dándole una sencilla forma circular y recordando su origen llamando la letra ayin ‘ojo’. Reducida la adoptaron los griegos, después los romanos y, por fin, nosotros.o


La Letra P

Desciende esta letra de un jeroglífico egipcio que representaba una boca abierta. Los fenicios le dieron el nombre de pe, que quería decir ‘boca’. Aunque olvidándose de lo que representaba, los griegos la llamaron pi y copiaron la forma fenicia, pero en varias versiones. Una de ellas fue la que eligieron los romanos para su alfabeto, que al final llegó al español.p


La Letra Q

Ya suponía esta letra un problema para los romanos, por tener un sonido coincidente con la y la k. Esta diferencia ya existía en el alfabeto fenicio, con las letras kaf qof, que las tomaron del jeroglífico egipcio, esquematizándolo, en el que se representaba la cabeza de un mono y que significaba esto mismo: ‘mono’. Los griegos hicieron suyas las letras fenicias pero llamándolas kappa qoppa. Esta última la adoptó el latín, como Q, que pasó así al español.q


La Letra R

Es una letra muy particular dentro del alfabeto español porque tiene la facultad de representar dos sonidos distintos que además pueden dar lugar a significados distintos (pero / perro; caro / carro). Esta letra procede de un jeroglífico egipcio que representaba una cabeza humana vista de perfil. Los nombres que recibió esta letra en los alfabetos fenicio y hebreo recordaban dicho origen: res resh, que quieren decir ‘cabeza’. Los fenicios simplificaron el dibujo egipcio reduciéndolo a una al revés (q). La escritura griega varió el sentido de la letra dejándola en P (forma que actualmente tiene la en los abecedarios griego y ruso). Los latinos copiaron la letra griega, pero como ya tenían la p, para evitar confusiones crearon entre los siglos IV-III a. C. la letra R (una P con una virgulilla inferior, para diferenciarla).r


La Letra S

hay dos teorías sobre el origen de esta letra:

Una teoría es la formulada por Berthol Louis Ullmann, es que la S procede del ideograma egipcio donde se representan unos dientes. Cuenta la leyenda que cuando Cadmo fue a fundar Tebas, allí no disponían de letras. Cadmo mató a una serpiente, le arrancó los dientes y los sembró, como si simbólicamente cultivara los instrumentos del buen hablar. Cosechó los 16 dientes de las culebras como símbolo de las 16 primeras letras. La letra que mejor resumía todo, por su sonido y su forma, era la S. En la actualidad, es muy común representar una serpiente en la literatura moderna mediante dicha letra.

La otra de las teorías es la que señala que esta letra procede de un ideograma egipcio que representa un lago del que salen dos juncos o lotos. En la escritura fenicia se simplificó eliminando las plantas acuáticas y resumiéndolo en una W, que los griegos invirtieron bautizándola sigma y dándole dos versiones: una con tres líneas rectas y otra con las tres líneas redondeadas. Los romanos recogieron esta última versión, que fue la que llegó hasta el español.s


La Letra T

Procede de un ideograma de la escritura egipcia que representa dos palos cruzados a modo de señal, del que se hicieron distintas esquematizaciones ya entre los propios egipcios. Las más conocidas son las que pasan al alfabeto fenicio con forma de X o de +, de donde derivan con ligeras modificaciones las tes de los alfabetos griego, etrusco y latino arcaico, donde aparece en la forma mayúscula que utilizamos hoy. Los tipos de imprenta definen la mayúscula y minúscula actuales: t.t


La Letra U

Los romanos no le daban a la U un valor exclusivo de vocal, pues era una variante gráfica por redondeo de la clásica V y se utilizaba asimismo para señalar la vocal o la consonante. Como a la J mayúscula, el humanista francés Pierre de la Ramée le dio a la U carta de naturaleza en la imprenta, empleándose siempre para la vocal, mientras que se dejaba la V para la consonante.


La Letra V

Su nombre es uve: de la combinación de u ve, propiamente ‘u que tiene el oficio de v’, en memoria del tiempo en que se empleaba aquella letra con el oficio de esta. No apareció con esta denominación (uve) en el diccionario académico hasta la edición de 1947.

Su origen hay que buscarlo en las inscripciones jeroglíficas de Egipto. La adaptación fenicio dio lugar a diversas formas muy similares a nuestra actual Y (letra que también tiene el mismo origen). La V mayúscula que hoy utilizamos es bien reconocible en algunos alfabetos griegos donde alterna con la antigua adaptación fenicia. El alfabeto latino le dio carta de naturaleza definitiva en forma de V mayúscula que sirvió, además, para representar la U durante muchos siglos, tantos que en la ortografía española ese problema no se resolvió de modo definitivo hasta bien entrado el siglo XVIII. Con la imprenta se había generalizado la práctica de diferenciar ambas letras apellidándolas U vocal V consonante(pronunciada u consonante), entre otros apelativos, pero aun así seguía escribiéndose tanto vozcomo uoz, ver como uer, uno como vno, hasta que el primer diccionario académico zanjó el asunto.f


La Letra W

Siempre ha sido considerada foránea, extranjera. Lo dice el diccionario académico: «No se emplea si no en voces de procedencia extranjera». Básicamente son dos idiomas extranjeros de donde hemos exportado al español con el transcurso del tiempo las palabras con w: alemán e inglés. Pues bien, la recomendación académica para su pronunciación es la de [u] (Newton) o [g + u]para la de origen inglés (Washington, waterpolo, web) y la [b] (en ortografía) para lade origen alemán (Wagner, Westfalia).


La Letra X

Esta letra se dice que fue invento del rey griego Palamedes. Normalmente los griegos representaban el sonido [cs] o [gs] con dos letras hasta que se inventó un signo suplementario simple con que sustituirlas, y aquí aparece el legendario Palamedes y su invención. El nuevo signo pasa al alfabeto etrusco y de él lo toma el latino arcaico. Pero en el griego clásico la letra X también representaba otro sonido, aparte del cs/gs, que era el ji (con el sonido parecido al de nuestra j). Y en el español, aunque la heredada del latín suele pronunciarse como lo hacían estos, con el sonido cs/gs (axioma, exento, que ante consonante suele reducirse a sextremo, exposición), hay palabras de procedencia griega en las que la se pronuncia como una suave. De ahí que en el español antiguo se escribiera con palabras que, desde 1815, se escriben con j: abaxo, caxa, cexar, coxin, coxear, complexo, crucifixo, cruxir, dexar, dixo, enxaguar, enxanbre, exe, executar, exemplo, exercer, viexo, floxo, fluxo, lexía, lixa, luxo, mexilla, paradoxa, prolixo, roxo, texer, traxo, Ximénez, Xerez, Truxillo, Mexía, Xavier, Ximena, Xuárez

Por otra parte, desde la Edad Media la letra aparece en el español con dos usos: el latino y el patrimonial. El latino es el que todavía usamos hoy, con la pronunciación actual. El patrimonial era característico del español antiguo y derivado de la transformación del sonido en algo parecido a la sh inglesa o a la ch francesa; un sonido muy similar al que tenía también algunas voces de origen árabe y que fueron adaptadas con (xaque, xaqueca, xarabe, xeque, axuar, xurel, xubón, xabalí, moxama). Este uso patrimonial desapareció del español, pero cuatro siglos después su reminiscencia queda en algunas palabras donde la se transformó en j. Además, cuando los españoles llegaron a América, les pareció oír en muchas lenguas indígenas el sonido sh que ellos transcribieron con (ej.: xícara, del nahua xicalli): aquí el origen de las equis de México, Oaxaca, Xonacatlón, Texas… Hoy estos topónimos (nombres propios de lugares) conservan su vieja ortografía, pero, desde 1815, se pronuncian con en español (incluyendo a los mejicanos); no así en las lenguas extranjeras, donde las pronuncian con sonido x. Hacen por tanto el ridículo aquellos españoles que pronuncian México con el sonido [cs], ya que hasta los propios mejicanos lo hacen con j. Muchos de aquellos topónimos escritos con x perdieron esta a favor de la con el tiempo, como Jalisco, Jamaica Jauja.x


La Letra Y

Su nombre es i griega ye.  La forma de la no ha cambiado en siglos. Ya se reconoce su antepasada en la escritura hierática egipcia, en los alfabetos milenarios de Medio Oriente (donde representaba una maza), en la vaufenicia, y es la misma antepasada de la f, la y la v. Los griegos le dieron su forma definitiva y la llamaron ipsilon; los romanos la tomaron tardíamente (en el siglo I aproximadamente) para escribir palabras griegas que tenían dicha letra; y del latín pasó al español.f


La Letra Z

Su nombre es zeta, ceta, ceda zeda. representa un sonido sordo, donde no vibran las cuerdas vocales; para pronunciarlo basta morderse ligeramente la punta de la lengua y expulsar el aire. Durante mucho tiempo, en el español se acumuló tres letras con el mismo sonido: la z, la cdelante de e,i, y la ç sorda. Esta última es hija de la z, ya que nació de la costumbre de los amanuenses de escribir la con un copete arriba a modo de adorno que se fue exagerando hasta que se redujo la original a una virgulilla inferior, dando lugar así a una nueva letra.

La Z se origina en la escritura jeroglífica egipcia y pasa a la fenicia donde, como la griega, se representaba de forma muy parecida a la actual I mayúscula. No fue hasta el abecedario latino que formó la forma actual Z, donde no fue una letra corriente y su empleo estaba limitado a nombres procedentes del griego. En el español la es una letra bien definida y consistente.z


Bibliografía

Historia de las letras

Historia de las Letras. (Madrid: Espasa, 1996). Gregorio Salvaror

http://etimologias.dechile.net

 


COMILLAS: Signo ortográfico doble del cual se usan diferentes tipos en español:

  • Las comillas angulares, también llamadas latinas o españolas (« »): Se escriben centradas
  • Las inglesas (“ ”): Se escriben en la parte alta del renglón
  • Las simples (‘ ’): Se escriben en la parte alta del renglón.

 

¿CUÁNDO UTILIZAR UN TIPO U OTRO?

En los textos impresos, se recomienda utilizar en primera instancia las comillas angulares, reservando los otros tipos para cuando deban entrecomillarse partes de un texto ya entrecomillado. En este caso, las comillas simples se emplearán en último lugar«Antonio me dijo: “Vaya ‘cacharro’ que se ha comprado Julián”».

Las comillas se escriben pegadas a la primera y la última palabra del período que enmarcan, y separadas por un espacio de las palabras o signos que las preceden o las siguen; pero si lo que sigue a las comillas de cierre es un signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos.


Usos
  • Para enmarcar la reproducción de citas textuales. Si el texto que se reproduce consta de varios párrafos, antes era costumbre colocar comillas de cierre al comienzo de cada uno de ellos (salvo, claro está, en el primero, que se inicia con comillas de apertura):

Dice Rafael Lapesa en su obra Historia de la lengua española, a propósito de los germanos:

«En el año 409 un conglomerado de pueblos germánicos —vándalos, suevos y alanos— atravesaba el Pirineo y caía sobre España […].

»Así quedó cumplida la amenaza que secularmente venía pesando desde el Rhin y el Danubio».

Hoy, lo normal es reproducir la cita con sangrado respecto del resto del texto y generalmente en un cuerpo menor. En ese caso, ya no son necesarias las comillas:

Dice Rafael Lapesa en su obra Historia de la lengua española, a propósito de los germanos:

En el año 409 un conglomerado de pueblos germánicos vándalos, suevos y alanos— atravesaba el Pirineo y caía sobre España […].

Así quedó cumplida la amenaza que secularmente venía pesando desde el Rhin y el Danubio.

Cuando se intercala un comentario del transcriptor de la cita, este debe enmarcarse entre rayas, sin necesidad de cerrar las comillas para volverlas a abrir después del inciso:

«Es imprescindible —señaló el ministro— que se refuercen los controles sanitarios en las fronteras».

También se encierran entre comillas las palabras textuales que se reproducen dentro de un enunciado en estilo indirecto:

«Desde Medicus Mundi reconocieron ayer sentir “impotencia y congoja” por este asesinato y exigieron “un compromiso de las autoridades para el esclarecimiento de estos graves hechos”»

  • Para encerrar, en las obras literarias de carácter narrativo, los textos que reproducen de forma directa los pensamientos de los personajes:

«“¡Hasta en latín sabía maldecir el pillastre!”, pensó el padre» (Clarín Regenta [Esp. 1884-85]).

Cuando los pensamientos del personaje ocupan varios párrafos, se colocan comillas de cierre al comienzo de cada uno de ellos (salvo, claro está, en el primero, que se inicia con comillas de apertura):

«“¡Oh, a él, a don Álvaro Mesía le pasaba aquello! ¿Y el ridículo? ¡Qué diría Visita, […] qué diría el mundo entero!

”Dirían que un cura le había derrotado. ¡Aquello pedía sangre! Sí, pero esta era otra”. Si don Álvaro se figuraba al Magistral vestido de levita, acudiendo a un duelo a que él le retaba… sentía escalofríos» (Clarín Regenta [Esp. 1884-85]).

  • Para indicar que una palabra o expresión es impropia, vulgar, procede de otra lengua o se utiliza irónicamente o con un sentido especial:

Dijo que la comida llevaba muchas «especies»; En el salón han puesto una «boiserie» que les ha costado un dineral; Parece que últimamente le va muy bien en sus «negocios».

En textos impresos en letra redonda es más frecuente y recomendable reproducir los extranjerismos crudos en letra cursiva que escribirlos entrecomillados.

  • Cuando en un texto manuscrito se comenta un término desde el punto de vista lingüístico, este se escribe entrecomillado:

La palabra «cándido» es esdrújula.

En los textos impresos, en lugar de usar las comillas, se escribe el término en un tipo de letra diferente al de la frase en que va inserto (en cursiva si el texto normal va en redonda, o en redonda si el texto normal va en cursiva).

  • En obras de carácter lingüístico, las comillas simples se utilizan para enmarcar los significados:

La voz apicultura está formada a partir de los términos latinos apis ‘abeja’ y cultura ‘cultivo, crianza’.

  • Se usan las comillas para citar el título de un artículo, un poema, un capítulo de un libro, un reportaje o, en general, cualquier parte dependiente dentro de una publicación; los títulos de los libros, por el contrario, se escriben en cursiva cuando aparecen en textos impresos en letra redonda (o viceversa, en redonda si el texto normal va en cursiva):

Ha publicado un interesante artículo titulado «El léxico de hoy» en el libro El lenguaje en los medios de comunicación, libro en el que han participado varios autores.


Combinación con otros Signos
  • Los signos de puntuación correspondientes al período en el que va inserto el texto entre comillas se colocan siempre después de las comillas de cierre:

Sus palabras fueron: «No lo haré»; pero al final nos ayudó.

¿De verdad ha dicho «hasta nunca»?

  • El texto que va dentro de las comillas tiene una puntuación independiente y lleva sus propios signos ortográficos. Por eso, si el enunciado entre comillas es interrogativo o exclamativo, los signos de interrogación y exclamación se escriben dentro de las comillas:

Le preguntó al conserje: «¿Dónde están los baños, por favor?».

«¡Qué ganas tengo de que lleguen las vacaciones!», exclamó.

De esta regla debe excluirse el punto, que se escribirá detrás de las comillas de cierre cuando el texto entrecomillado ocupe la parte final de un enunciado o de un texto.

  • Cuando lo que va entrecomillado constituye el final de un enunciado o de un texto, debe colocarse punto detrás de las comillas de cierre, incluso si delante de las comillas va un signo de cierre de interrogación o de exclamación, o puntos suspensivos:

«No está el horno para bollos». Con estas palabras zanjó la discusión y se marchó.

«¿Dónde te crees que vas?». Esa pregunta lo detuvo en seco.

«Si pudiera decirle lo que pienso realmente…». A Pedro no le resultaba fácil hablar con sinceridad.

En el caso de que deba colocarse una llamada de nota que afecte a todo el texto entrecomillado, esta debe colocarse entre las comillas de cierre y el punto:

Rafael Lapesa señalaba que «es muy discutido el posible influjo de las lenguas indígenas en la pronunciación del español de América».

Si la nota solo hace referencia a la última palabra del texto entrecomillado, la llamada debe colocarse delante de las comillas de cierre:

Rodolfo Lenz llegó a afirmar que el habla vulgar de Chile era «principalmente español con sonidos araucanos».


La LlDígrafo que, por representar un solo sonido, es considerado desde 1803 decimocuarta letra del abecedario español. Su nombre es femenino: la elle (pl. elles).

  1. Puede representar dos sonidos consonánticos distintos:
    1. Actualmente, en la pronunciación normal de la mayor parte de los territorios de habla hispana, representa el sonido palatal central sonoro /y/. La pronunciación como /y/ del dígrafo ll se denomina «yeísmo».
    2. En algunas zonas y, en general, entre hablantes de pronunciación esmerada, representa el sonido palatal lateral sonoro /ll/.
  2. Debe evitarse la pronunciación de ll como /li/ ([kabálio] por caballo), con la que algunos hablantes yeístas —aquellos que espontáneamente pronuncian la ll como si fuera una y— tratan de diferenciar, artificialmente, la pronunciación de ambas letras.
  3. En las palabras españolas, como todos los dígrafos, es indivisible en la escritura, de manera que no pueden separarse sus componentes con guion de final de línea: fa- / lleba, no fal- / leba.
  4. La forma mayúscula del dígrafo ll es Ll, es decir, solo la primera de las letras que lo componen debe escribirse en mayúscula.

La CHDígrafo que, por representar un solo sonido, es considerado desde 1803 cuarta letra del abecedario español. Su nombre es femenino: la che (pl. ches).

  1. En el español general representa el sonido consonántico palatal africado /ch/, aunque en algunas hablas dialectales de Hispanoamérica y del sur de España se hace fricativo y se pronuncia de forma semejante a la sh inglesa.
  2. Como todos los dígrafos, es indivisible en la escritura, de manera que sus componentes no pueden separarse con guion de final de línea: ace- / char, no acec- / har.
  3. La forma mayúscula del dígrafo ch es Ch, es decir, solo la primera de las letras que lo componen debe escribirse con mayúscula. Igualmente se escribe solo la c mayúscula cuando este dígrafo forma parte de una sigla: PCCh por Partido Comunista de China.

Dígrafo: Secuencia de dos letras que representa un solo sonido; p. ej., en español ll, en francés ou, en catalán ny.


Exclusión del Abecedario

Se excluyen definitivamente del abecedario los signos ch y ll, ya que, en realidad, no son letras, sino dígrafos, esto es, conjuntos de dos letras o grafemas que representan un solo fonema. El abecedario del español queda así reducido a las veintisiete letras siguientes: a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.

El español se asimila con ello al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas.

La eliminación de los dígrafos ch y ll del inventario de letras del abecedario no supone, en modo alguno, que desaparezcan del sistema gráfico del español. Estos signos dobles seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de las palabras españolas: el dígrafo ch en representación del fonema /ch/ (chico [chíko]) y el dígrafo ll en representación del fonema /ll/ o, para hablantes yeístas, del fonema /y/ (calle [kálle, káye]). La novedad consiste, simplemente, en que dejan de contarse entre las letras del abecedario.

Al tratarse de combinaciones de dos letras, las palabras que comienzan por estos dígrafos o que los contienen no se alfabetizan aparte, sino en los lugares que les corresponden dentro de la c y de la l, respectivamente. La decisión de adoptar el orden alfabético latino universal se tomó en el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994, y viene aplicándose desde entonces en todas las obras académicas.


BIBLIOGRAFÍA

http://www.rae.es/consultas