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Su linaje era de origen plebeyo, pero ilustre. Su antepasado Publio Licinio Craso fue pontífice máximo y cónsul en 205 a.C. junto con Escipión el Africano, el vencedor de Aníbal, y fue apodado Dives, «el Rico». La familia se había integrado en la nobilitas, la aristocracia compuesta por patricios y plebeyos de la que se nutrían las filas de la clase política, pero su fortuna menguó considerablemente. Plutarco cuenta que la casa del padre de Craso era modesta y que él y dos hermanos suyos, ya casados, comían en la misma mesa. Craso, que se casaría con la viuda de uno de estos hermanos, mantendría toda su vida unos hábitos frugales que contrastaban llamativamente con los ostentosos derroches de otros patricios.

El padre de Craso desarrolló una destacada carrera política, que le llevó a ser nombrado cónsul en el año 97 a.C. y censor en 89 a.C. Esto provocó que se viera envuelto en las luchas por el poder en esos años. En 87 a.C., Sila dio un golpe de Estado y ocupó Roma militarmente, pero cuando partió a luchar en Oriente contra Mitrídates, sus rivales, Cina y Mario, tomaron el control de la ciudad y lanzaron una feroz persecución contra los partidarios de Sila. Entre éstos se encontraba el padre de Craso, que se suicidó; uno de sus hijos también murió a manos de los nuevos dueños de Roma.marco-licinio-craso


Su fortuna – El hombre más rico de Roma

Craso logró abandonar Roma, donde su vida corría peligro, y se refugió en Hispania. Temeroso de que incluso allí pudieran capturarlo, se escondió durante ocho meses en una cueva cerca de Málaga, junto con tres amigos y diez esclavos. Un cliente de su familia le llevaba la comida y también le procuró la compañía de dos esclavas. Craso únicamente volvió a Roma cuando Cina fue asesinado, en 84 a.C. Sin duda, esta experiencia traumática marcó su carácter y quizá fomentó en él, como un modo de resguardarse frente a los enemigos, la avaricia y la codicia que tantos le censuraron.

El acceso al poder de Lucio Cornelio Sila tras el asesinato de Cina devolvió a Craso la libertad perdida y lo situó en un lugar preferente de la política. Ahora, los perseguidos eran los de la facción enemiga. Contra ellos Sila aplicó el procedimiento de la proscripción: la inscripción en una lista pública de las personas declaradas fuera de la ley, a las que cualquiera podía matar y cuyas propiedades eran confiscadas. Nada menos que 40 senadores, 1.600 caballeros y 4.000 ciudadanos sufrieron esta condena. La subasta de sus bienes atrajo a muchos compradores en busca de oportunidades, entre ellos Craso.

Refiere Plutarco que:

«cuando Sila se apoderó de la ciudad y puso a la venta las propiedades de los que iban pereciendo a sus manos, ya que las consideraba y denominaba botín y quería que la mayoría de los notables compartieran este sacrilegio, Craso no se abstuvo de coger ni de comprar».

Así fue como Craso empezó a participar de un colosal y lucrativo negocio: la expropiación, incautación y compra de propiedades urbanas de ricos ciudadanos a precios irrisorios; éste fue el origen de su fortuna. 002023a_2000x2000

El negocio del ladrillo

Craso se aprovechó de otra medida de Sila: el nombramiento de 300 senadores más entre los caballeros, los equites, la clase empresarial y de negocios, con lo que la curia pasó a tener 600 miembros. Estos nuevos senadores necesitaban cultivar una imagen noble y digna y se mostraron muy interesados por las grandes mansiones y fincas de los senadores caídos en desgracia. Al modo de un avezado promotor inmobiliario, Craso les revendió las mansiones requisadas con un gran margen de beneficio.

Otra estrategia de Craso subraya aún más su imagen de negociante sin escrúpulos. Plutarco lo expone con nitidez:

«Como veía que los incendios y los derrumbamientos de casas eran un mal endémico e inevitable en Roma –debido a que los edificios eran muchos y muy pesados–, se dedicó a comprar los edificios incendiados y los próximos a éstos, pues los propietarios se los cedían a bajo precio a causa de su temor e incertidumbre; de manera que la mayor parte de Roma estaba en sus manos».

Al mismo tiempo, creó un equipo de quinientos esclavos arquitectos y constructores para apuntalar los edificios y desescombrar las parcelas, y luego alquilaba o vendía las viviendas. No hacía edificios nuevos, pues aseguraba que «los aficionados a la construcción se arruinan ellos mismos sin necesidad de enemigos».

Esclavista y usurero

Craso poseía también haciendas en Roma y en la península Itálica así como minas de plata, tal vez en Hispania.

Pero, según Plutarco:

«todo esto no era nada en comparación con el valor de sus esclavos».

Craso se preocupó personalmente de que recibieran una formación especializada en tareas diversas –«lectores, escribas, plateros, administradores, camareros…»– y les confió cada tarea con autonomía, entendiendo que ése era el mejor modo de rentabilizarlos, aunque consciente de que él mismo debía controlarlos a todos. Los esclavos le sirvieron como bienes preciados y liquidables, y para llevar la gestión de su emporio.

Gracias al inmenso capital que amasó, Craso actuó también como prestamista. Generalmente cobraba intereses altísimos, pero tenía a gala perdonárselos a sus amigos, aunque cuando vencía el plazo del préstamo reclamaba su devolución con gran dureza, tanto que «el don resultaba más oneroso que una gran cantidad de intereses», dice Plutarco. Los préstamos eran también un medio de ganarse aliados políticos; de ahí, por ejemplo, los 830 talentos que prestó a Julio César en los inicios de su carrera política. craso-muerte-644x362

Pese a su codicia, Craso supo ganarse el favor popular para lograr sus objetivos electorales. Cuando en el año 71 a.C. fue elegido cónsul, tras su éxito en la represión de la revuelta de Espartaco el año anterior, quiso mostrarse especialmente pródigo:

«Consagró a Hércules el diez por ciento de sus bienes –explica Plutarco–, ofreció un banquete al pueblo y de sus propios fondos procuró a cada romano una provisión de grano para tres meses».

Esta generosidad le ayudó a conseguir los votos necesarios para ser elegido censor, cargo que desempeñó diplomáticamente: no revisó ni censuró a senadores, caballeros ni a ciudadanos.


La guerra con Espartaco

Hubo otros rebeldes que se alzaron en armas contra el poder del pueblo y el Senado de Roma, pero ningún caudillo popular logró la fama de Espartaco, que en tan sólo dos años derrotó nueve veces a las legiones romanas. El Senado, alarmado por tamaña serie de derrotas, en un gesto inaudito, no sólo envió contra los rebeldes diez legiones al mando del implacable y ambicioso Craso, sino que, recelando un nuevo fracaso, reclamó el regreso urgente a Italia de los ejércitos de sus dos mejores generales, Pompeyo y Lúculo, para acabar con Espartaco. Todo empezó con una revuelta en la escuela de gladiadores de Léntulo Batiato en Capua, en la primavera o el verano del año 73 a.C. De los doscientos esclavos sublevados fueron setenta los que lograron huir. Eran tracios, celtas y germanos, seleccionados y entrenados para los combates en el circo. Apenas tenían armas, pero eran fuertes y sabían combatir. Prefirieron arriesgarse a morir luchando por su libertad que en la arena circense. Designaron como jefes al tracio Espartaco y a dos celtas, Criso y Enómao. Marcharon hacia el sur, se fueron armando y saquearon campos y aldeas. Se les sumaron esclavos, desertores y gentes empobrecidas, atraídos por la generosidad de Espartaco, que repartía el botín de los saqueos de modo igualitario, y buscaron refugio en las laderas verdes y escarpadas del Vesubio.gladiadores-fondo-3

Después de innumerables escaramuzas, en Abril del año 71 a.C. Craso y Espartaco entraron en una gran batalla campal. El combate fue extraordinariamente encarnizado. Espartaco avanzó sembrando muerte a su paso, dirigiéndose tal vez hacia donde se encontraba Craso. Pero cayó heroicamente con múltiples heridas y su cadáver quedó irreconocible entre los montones de muertos. Craso obtuvo una aplastante victoria. Para conmemorarla y para escarmiento de cualquier rebelde, mandó crucificar a los seis mil prisioneros supervivientes a lo largo de la vía Apia, que iba de Capua hasta Roma. Numerosos fugitivos trataron de escapar hacia el norte, pero se toparon, ya en Etruria (es decir, en la Toscana), con el ejército de Pompeyo, que aprovechó la ocasión para aniquilarlos y adjudicarse un nuevo timbre de gloria. Luego se jactaría de haber sido él quien puso punto final a la guerra: «Craso había derrotado a los esclavos fugados en una batalla, pero él, Pompeyo, había destrozado las raíces de la guerra», haciendo así sombra a los méritos de su rival político. Aunque Craso había logrado derrotar y matar a Espartaco en medio año, de otoño de 72 a.C. a abril de 71 a.C., no pudo monopolizar la victoria. Este último año, Pompeyo y Lúculo festejaron con un triunfo en Roma sus triunfos bélicos respectivos (en Hispania y en Asia Menor), pero Craso tuvo que contentarse con una celebración menor, la ovatio u ovación pública. El triunfo se concedía por ley sólo a los vencedores en una guerra contra enemigos externos, pero no a quien sólo había derrotado a una turba de esclavos, miserables rebeldes, en tierras itálicas. Pompeyo y Craso fueron elegidos cónsules para el año siguiente.


El triunvirato con Julio Cesar y Pompeyo

En el año 59 a.C., en un momento crítico para la estabilidad política de la República romana, se confeccionó un nuevo sistema de gobierno llamado a estabilizar la situación, el Triunvirato. Básicamente, este sistema consistía en un reparto de poder, más o menos equitativo, entre los tres hombres fuertes de la República: Julio César, Pompeyo y Marco Licinio Craso. El primero, gozaba de un gran prestigio por su buen gobierno en Hispania Ulterior; Pompeyo era el líder del ejército tras su exitosa campaña en Asia y su espectacular triunfo sobre los piratas del Mediterráneo; y Craso acumulaba unas enormes riquezas sobre las que cimentaba su influencia.

Pompeyo y Craso eran encarnizados enemigos, pero César fue capaz de acercar sus posturas e idear el sistema de reparto que permitió a los tres alcanzar sus objetivos políticos. César fue elegido cónsul, con un mando de cinco años sobre la Galia Cisalpina, Iliria y Narbonense; Pompeyo, por su parte, obtuvo en el año 55 a.C. la elección como cónsul de Hispania; finalmente, Craso, fue elegido, ese mismo año, cónsul de Siria. Para afianzar más las relaciones entre el triunvirato, Pompeyo contrajo matrimonio con la hija de César, la joven Julia.primer-triunvirato-romano

Pese al reparto de poder, el triunvirato mostró prontos sus debilidades. Pompeyo se negó a salir de Roma y gobernó sus provincias por medio de legados. Esto provocó ciertos recelos entre sus dos colegas, ya que desde Roma amenazaba su posición. Por otro lado, César, emprendió la conquista de la Galia, lo que le reportó fama y un considerable botín. Craso, que veía su posición debilitada por las ambiciones de sus dos compañeros, trató de emular a César y ampliar los límites de sus territorios. ara ello, en el año 53 a.C. cruzó el Éufrates y se adentró en territorio de Partia, dispuesto a conquistar a los belicosos vecinos orientales de Roma.


La batalla de Carras

Craso salió de la provincia romana de Siria al frente de un ejército de 45.000 hombres, de los cuales, 41.000 eran infantería (siete legiones y 4.000 arqueros) y 4.000 caballería ligera gala. La infantería estaba directamente bajo su mando, mientras que la caballería era comandada por su hijo, Publio Licinio Craso. El imponente ejército romano cruzó el Éufrates, la frontera entre ambos imperios establecida cuatro décadas antes, durante el reinado de Arsaces IX Mitriades II; y se adentró en territorio parto. En las cercanías de la localidad de Carrhae, las tropas de Craso se encontraron con el ejército parto de Arsaces XIV, dirigido por el general Surena.unnamed

Surena empleó a la temible caballería parta, compuesta de veloces arqueros a caballo y catafractos, un cuerpo de élite de caballería pesada, fuertemente acorazada y armada con lanzas. Frente a este ejército, Craso dispuso el tradicional ejército romano, cimentado en la infantería, altamente disciplinada, apoyada por arqueros a pie y caballería ligera. El general parto rehusó el combate frontal, sabedor de que sus tropas no eran comparables a la formidable infantería romana, pero adoptó una táctica muy inteligente que dio grandes frutos.

Los arqueros a caballo partos se acercaron al galope a las legiones romanas, disparando una constante lluvia de flechas. Ante esto, los romanos sólo pudieron protegerse tras sus enormes escudos y esperar a que los partos llegaran al cuerpo a cuerpo. No obstante, los partos se mantuvieron a distancia, castigando continuamente a la infantería romana con sus arcos. El arco compuesto usado por los partos les permitía no sólo lanzar sus flechas a gran velocidad sino además atravesar las corazas romanas. Para mantener constante el aluvión de flechas, los partos usaron camellos para abastecer de armas a sus arqueros.131106055512642308

Craso se dio cuenta pronto que la situación era insostenible, ya que si bien las bajas entre sus filas no eran muy numerosas, lo cierto es que su ejército estaba inmovilizado y a merced del enemigo. Para romper el bloqueo, Craso ordenó a su hijo que persiguiera a los arqueros partos con la caballería ligera gala. Ante la carga de Publio Licinio Craso, los partos, grandes jinetes, fingieron la retirada para alejar a Publio del resto del ejército romano. En esta retirada, los partos cabalgaron a pleno galope mientras disparaban hacia atrás sus arcos, lo que provocó numerosas bajas entre los galos. Una vez que la caballería de Publio estaba aislada y exhausta por la persecución, Surena ordenó a los catafractos cargar contra ellos. Una vez más, se pusieron en evidencia las enormes diferencias tácticas entre ambos contendientes, ya que mientras que los romanos mantuvieron su formación cerrada, los partos evitaron el enfrentamiento y se limitaron a cabalgar en círculo alrededor de los romanos, hostigándoles y levantando una polvareda tal que provocó que los romanos no pudieran emplear sus tácticas de combate.

Mientras la caballería gala de Publio era castigada por los catafractos, los arqueros partos regresaron al galope y reanudaron su ataque sobre la infantería de Craso. El combate se hizo agotador, durante horas las legiones romanas soportaron una lluvia de flechas interminable, mientras que la aislada caballería gala trataba en vano de cargar contra los catafractos. Finalmente, las tropas de Publio fueron las primeras en ceder, vencidas por el calor, la sed y el agotamiento, acabaron aniquiladas por la caballería pesada parta. Publio cayó junto a sus hombres y su cuerpo mutilado fue expuesto ante el resto de tropas romanas. Aplastada la caballería romana, Surena lanzó a su caballería pesada contra las legiones, al tiempo que continuaba la lluvia de flechas lanzadas por los arqueros partos. Una a una las legiones de Craso fueron aniquiladas.romanos-partos

Ante el desastre Craso ordenó la retirada a Carrhae, abandonando a más de 4.000 heridos en el campo de batalla, que fueron asesinados por los partos. Con la ciudad de Carrhae sitiada, Craso trató de huir, aprovechando la costumbre parta de no luchar de noche, pero fue traicionado por su guía y conducido directamente hacia el ejército de Surena. Las tropas romanas, con Craso a la cabeza, se encontraron al amanecer frente al grueso de las tropas de Surena, el cual ofreció al general romano parlamentar. Craso acudió a la reunión, ante la imposibilidad de seguir luchando, pero fue traicionado por Surena que le capturó y ejecutó.

Tras la muerte de Craso, el ejército romano se dividió. Unos 10.000 soldados se rindieron y se entregaron a Surena, que los envió a Partia como esclavos. El resto decidió escapar a las montañas en plena noche. El cuestor Cayo Casio Longino, al mando de quinientos jinetes y 5.000 legionarios, logró llegar hasta Siria y reorganizó las defensas romanas.gy2wnyv


La leyenda de la Legión Perdida

En conexión con la batalla de Carrhae existe una leyenda, la legión perdida, cimentada en los textos de Plutarco y Plinio, según la cual, tras la muerte de Craso, 10.000 soldados romanos decidieron rendirse a los partos con la intención de salvar sus vidas. Estos soldados, convertidos en mercenarios, reaparecerían en China en el año 36 a.C.

Según Plutarco y Plinio, los 10.000 legionarios romanos que se rindieron fueron llevados como esclavos al extremo oriental de Partia, a Bactriana (Afganistán), con la intención de alejarlos lo más posible de la frontera romana y evitar así una sublevación. No obstante, algunas unidades, para evitar la esclavitud se convirtieron en mercenarios del ejército parto y fueron enviadas a Turkmenistán a luchar contra los hunos. Allí se perdió su rastro y nació la leyenda de la legión perdida.

Cuando Augusto logró firmar la paz con los partos, se estableció la devolución de los prisioneros y de los estandartes, pero para esa época ya se ignoraba que había ocurrido con los que se habían convertido en mercenarios.crassus-advance

No fue hasta mediados del siglo XX cuando se reabrió el interrogante. En 1955 el profesor estadounidense Homer Hasenpflug Dubs, afirmó que había encontrado el rastro de estos mercenarios. Según el historiador estadounidense, los soldados romanos aparecerían en las crónicas chinas de la Dinastía Han en el año 36 a.C. fecha en la que se produjo un enfrentamiento en la ciudad de Hun entre tropas chinas y un peculiar grupo de soldados que lucharían con un estilo muy similar al usado por los romanos. Para algunos, el estilo de lucha de los defensores de la ciudad de Hun supone la evidencia de que estos eran los soldados romanos convertidos en mercenarios por los partos, que lograron escapar y huyeron hacia el este, asentándose en China.

Según los seguidores de esta leyenda, los soldados romanos que lograron escapar de los partos y se establecieron en Tayikistán. Allí fueron encontrados por el general chino Gan Yanshou, que tras derrotarlos los deportó a China. El emperador les permitió asentarse en un lugar conocido como Li-Jen (nombre con el que los chinos se referían a Roma) a cambio de que protegieran las fronteras frente a los tibetanos. Recientes estudios han demostrado una cierta similitud en el ADN entre la población de esta región china y la de Europa, además, se han encontrado monedas y cerámicas de estilo romano, pero no hay que olvidar que Li-Jen estaba localizada en la Ruta de la Seda, por lo que estas evidencias podían pertenecer a mercaderes y no a los soldados perdidos.zhelaizhai03_map

La opinión mayoritaria de los investigadores es que la legión perdida no es más que un mito. Se considera poco probable que un contingente armado y numeroso de romanos pudiera vagar por territorio parto durante años sin que nadie los descubriera. Igualmente, se considera poco probable que en el caso de huir lo hubiesen hecho hacia el este en lugar de hacia el oeste, donde se encontraba Roma. Por tanto, la falta de evidencias arqueológicas y bibliográficas claras, sitúa esta historia en el terreno de la leyenda.

Oficialmente, no fue hasta el año 166 cuando China y Roma entraron en contacto, por medio de una embajada enviada por el emperador Marco Aurelio. Pese a estos contactos, las largas distancias entre ambos imperios y el tradicional aislamiento de China provocaron que los contactos no prosperasen y ambos imperios continuaran evolucionando de espaldas el uno al otro.


Bibliografía

Historia National Geograpich

Enciclonet

http://www.abc.es/cultura/20150831/abci-craso-romano-cruel-crucifico-201508281340.html

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Pueblo prerromano de la península Ibérica que habitaba el norte de la actual provincia de Navarra, zonas de los Pirineos y de Aragón. En su época de mayor esplendor se extendían desde Canfrac hasta Cinco Villas de la Montaña y el Bidasoa. Al norte se encontraba el pueblo francés de los aquitanos, al sureste los edetanos, al este los ilergetes, al suroeste los berones y al oeste los várdulos.

Fueron mencionados por primera vez por las fuentes clásicas en el año 76 a.C., en el transcurso de las Guerras Sertorianas, en la que apoyaron la causa romana.

Según Tolomeo sus ciudades principales eran: Andelos (Andión), Gracurris (Alfaro), Cascantum (Cascante), Oisaen (Oyarzum), Calagurris (Calahorra) y Sefia (Egea).Captura de pantalla 2015-12-08 a las 1.50.40


El nombre de los vascones

No se sabe como se llamaban á si mismos los vascones. El nombre que ha llegado es el que les daban los romanos, que era el mismo que le dieron los celtas. En las monedas acuñadas en territorio vascón aparece, en escritura ibérica, el nombre BARSCUNES o BASCUNES, que tiene al parecer una clara etimología celta (“montañeses”).Captura de pantalla 2015-12-08 a las 2.00.49


Territorio

Los geógrafos griegos Estrabón (s. I a.c.) y Ptolomeo (s. II d.c.) atribuyen a los vascones el territorio que se ve en el mapa: la actual Navarra, una pequeña parte de Guipúzcoa hasta el mar Cantábrico; toda la canal de Verdún hasta Jaca; una parte de la Rioja, desde  Calahorra hasta Alfaro, y algo de la actual Zaragoza, hasta Alagón. Hay que señalar que ni Estrabón ni Ptolomeo estuvieron nunca en la península, sino que utilizaban fuentes  escritas anteriores o testimonios personales de conocedores de Hispania, dando referencias concisas sobre ríos, montes y pueblos que conocían los romanos.Captura de pantalla 2015-12-08 a las 1.48.44


Dos regiones diferenciadas

Los vascones, no eran un pueblo muy homogéneo ni política ni culturalmente ya antes de la llegada de los romanos. Éstos distinguieron claramente entre los vascones del norte, que  ocupaban el llamado bosque vascón (en latín saltus vasconum) y los del sur, que vivían en el campo vascón (ager vasconum). El límite entre ambas zonas es muy difuso, aunque se suele considerar Pamplona como punto más meridional del saltus.

Los vascones del saltus permanecían anclados en formas de vida pertenecientes a la Edad del Bronce: practicaban la ganadería de subsistencia y vivían en pequeñas aldeas, e incluso en cuevas y abrigos naturales. Fueron poco romanizados. Aunque diversos invasores, como los celtas, cruzaron e incluso se asentaron en alguna medida en su territorio, no dejaron huellas demográficas ni culturales duraderas.Captura de pantalla 2015-12-08 a las 1.50.16

Los vascones del ager, en cambio, eran agricultores, vivían en ciudades con algún tipo de organización política, practicaban el comercio y, ya antes de la llegada de Roma, habían recibido una profunda influencia cultural de pueblos como celtas e iberos, de suerte que estaban culturalmente en la Edad del Hierro y usaban las lenguas celta e ibera, además o en vez de la suya original, que debía de ser una forma antigua de vascuence. Estos fueron mucho más permeables a la romanización que los del norte.

Descripción que hace Estrabon de ellos:

Estos montañeses llevan todos una vida sobria, solo beben agua, duermen en el suelo y llevan el pelo suelto en melena, como las mujeres, aunque antes de trabar combate se ciñen la frente con una cinta. Comen mayormente carne de cabra y sacrifican a Ares machos cabríos, así como prisioneros y caballos. Hacen también hecatombes de todo tipo de víctimas, al modo de los griegos, como dice Píndaro: De cada especie matar ciento. También organizan competiciones para tropas ligeras, hoplitas y caballería, en las que practican el pugilato, el combate con jabalina y el combate en formación. Durante dos tercios del año se alimentan de bellotas, que dejan secar, muelen y con su harina hacen un pan que se conserva mucho tiempo. También beben cerveza, pero les falta vino, y el poco que  consiguen se lo beben enseguida en banquetes entre parientes. Usan mantequilla en vez de aceite. Comen sentados en unos bancos de obra que hacen corridos por las paredes de la habitación, y se sientan allí ordenados según su edad y su rango. Se pasan de mano en mano la comida y, empezando a beber, los hombres bailan al son  de flautas y trompetas, a veces haciendo coros y a veces saltando y cayendo de rodillas. En la Bastetania las mujeres participan con los hombres en estos bailes. Los hombres se visten de negro, con unos mantos bastos que les sirven también de manta para dormir sobre lechos de paja. Como los celtas, usan vasijas de cerámica. Las mujeres, en cambio, van siempre vestidas con abrigos y sayas multicolores. En vez de moneda, al menos los que viven en las zonas más remotas, usan el trueque o, si no, unas laminillas de plata recortadas. A los condenados a muerte los tiran por un precipicio y lapidan a los parricidas, pero lejos de las montañas o los ríos. Sus bodas se parecen a las de los griegos. Exponen a los enfermos en la calle, como hacían los antiguos egipcios, para que algún viandante que hubiera padecido la misma enfermedad les diga cómo curarla.[…]

Así viven los pueblos montañeses, es decir, los que habitan la costa norte de Iberia, a saber, calaicos, astures y cántabros hasta los vascones y el Pirineo, que todos viven de la misma manera.fasdfgafdghadhsdf


La lengua íbera y el euskera

Han llegado muchos textos en lengua ibera, en inscripciones y monedas que van del s. IV al s. I a.C. Estos textos se pueden leer, porque se conoce el valor de sus signos, pero no se entienden; la lengua está sin decifrar. La escritura ibérica es un semisilabario: se compone de signos alfabéticos para las vocales y algunas consonantes, y de signos que representan consonante más vocal para las oclusivas. Hay también un pequeño grupo de inscripciones en lengua ibera pero en alfabeto latino o griego.

Como el euskera es la única lengua hispánica que sobrevivió a la romanización, muchos especialistas pensaron que el ibero podía ser una forma de euskera antiguo e intentaron interpretar los textos iberos mediante esta lengua. Hoy, en general, ya no se piensa que ibero y vasco sean lenguas emparentadas, ya que el euskera no sirve para interpretar el ibero, pero se reconoce que hay notables coincidencias entre el ibero y lo que se reconstruye para el protovasco (son de la misma tipología aglutinante y poseen un inventario y distribución de fonemas similar).Captura de pantalla 2015-12-08 a las 1.58.02


Vascones y romanos

Los primeros contactos de los vascones con los romanos tuvieron lugar en el valle del Ebro en el s. II antes de Cristo. En el 179 a.C, Graco fundó la ciudad de Gracurris (actual Alfaro, Rioja) en tierras vasconas. En general, las relaciones de romanos y vascones parece que fueron de buena amistad. El año 89 a.C., por ejemplo, Cneo Pompeyo Estrabón concedió el extraordinario privilegio de la ciudadanía romana a un escuadrón de caballería indígena (la turma salluitana) reclutado en las cercanías de Zaragoza, del que formaban parte varios vascones. Algo más tarde, su hijo, Pompeyo el Grande, se refugió entre los vascones para pasar el invierno del 75-74 a.C., en su guerra contra Sertorio. Estableció su campamento junto a un poblado vascón y allí fundó una ciudad que llamó Pompaelo.Captura de pantalla 2015-12-08 a las 1.51.17

Pompaelo, de fundación romana, fue la ciudad más importante de los vascones. Su organización y modo de vida parece que fueron los generales del imperio. Fue, por eso, un foco de romanización importante para el resto de los vascones. Estaba situada estra- tégicamente en el cruce de la gran calzada romana que iba de Astorga a Burdeos y la de menor importancia, mencionada por Estrabón, que iba de Tarragona al Cantábrico.

Otras ciudades vasconas romanizadas fueron Andelos, en término de Muruzábal de Andión, Gracurris (actual Alfaro), Calagurris (Calahorra), Cascantum, Cara (Santacara) y Oiarso (Oyarzun-Irún). Estas ciudades eran centros comerciales y de abastecimiento agrario, dotadas de calles, mercados, baños públicos, templos, puentes, acueductos y complejos sistemas hidráulicos, como el descubier to en Andelos. Estaban enlazadas entre sí por una red de vías de comunicación que permitían el comercio con las regiones vecinas y las más lejanas.


El nombre de Pamplona – Iruña

El primer elemento de Pompelon es, sin duda, el nombre del general romano; el segundo elemento, que, según Estrabón equivale a pólis, “ciudad”, es probablemente ilun, una palabra vasca antigua que significaba ciudad y que aparece también en el nombre de la actual ciudad de Irún o en el nombre vasco de Lumbier (Irunberri, antes Ilun- berri, “ciudad nueva”).

Iruña, el nombre vasco de Pamplona, es una forma evolucionada de este Ilun o Irun, y significa sencillamente “la ciudad”; Pamplona, por su parte, significa en su origen “ciudad de Pompeyo”, Pompei-ilun. Los dos nombres tienen pues un origen común, aunque parezcan tan distintos.pompeyo

Según Estrabón:

Pasada la Jacetania, hacia el norte, se encuentra la tribu de los vascones, donde hay una ciudad llamada Pompelon, que es como decir Pompeyópolis.


Vascones en el ejército romano – Cohors Vasconum Equitata Civium Romanum

Las buenas relaciones de los romanos con los vascones se reflejaron también en el hecho de que muchos vascones se enrolaron como mercenarios en el ejército romano. Había dos cohortes dentro del ejército romano compuestas principalmente por vascones y reclutadas por Galba, desgraciadamente la que llevaba el ordinal I apenas se sabe nada. La segunda cohorte estaba compuesta por soldados de a pie y por una escuadra montada, por eso el nombre de Equitata. Además figura compuesta de ciudadanos romanos, honor que se le concedió por la brillante acción de Asberg en el año 69. Lugares en los que fue destinada la cohorte II:

  • Año 105 d.C. Britania.
  • Año 109 d.C. Mauritania Tingitana.
  • Año 114 – 117 d.C. Valentia Banasa.
  • Año 122 d.C. Britania.
  • Año 156 157 d.C. Volubilis y Valentia Banasa.
  • Año 160 d.C. Volubilis. Permanente.

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El latín y el euskera

Seis siglos de presencia romana en Navarra dejaron a los vascones, entre otras cosas, un nuevo idioma. Las clases superiores de los vascones aprendieron latín y esta lengua se habló y escribió en las ciudades romanas de territorio vascón: Pompaelo, Andelos, Graccurris, Cascantum, etc. En el sur y suroeste de Navarra, donde, como hemos dicho, ya antes de la conquista romana se habían adoptado lenguas celtas, estas desaparecieron y la romanización fue total. También lo fue en la comarca de Sangüesa (Sangüesa, Liédena, Yesa, Javier, Peña), aunque aquí la romanización parece haber sido más tardía (s. V). En el resto del territorio, aunque en las ciudades se habló latín, se mantuvo en mayor o menor grado la antigua lengua, muy influenciada por el contacto con la cultura latina, que era muy superior, en conjunto, a la indígena.

El euskera contiene gran cantidad de palabras latinas tomadas como préstamo en los primeros siglos de contacto con la latinidad. Muchas de estas son muy antiguas en la lengua: términos como bake, “paz” (del acusativo latino pacem), por ejemplo, reflejan una pronunciación latina arcaica (con pronunciación oclusiva de ce) que no puede ser posterior al s. I d.C., y lo mismo palabras como neke “cansancio”, de necem “matanza”; merke “barato”, de mercem (acusativo de merx); lege “ley”, de legem; errege “rey”, de regem; erregina “reina”, de reginam, etc.Captura de pantalla 2015-12-08 a las 1.58.34

Del latín importado por los romanos surgió el romance navarro, una lengua románica parecida al aragonés y no muy alejada tampoco del castellano. Cuando los documentos dejaron de escribirse en latín, empezaron a escribirse en este romance, ya que el euskera carecía de tradición escrita. Con el paso de los años el romance navarro se fue haciendo cada vez más parecido al castellano hasta que se asimiló completamente a él a finales del s. XV.


Bibliografía

http://www.enciclonet.com

Los Vascones. Serie Monográfica. Matías Mugica. Gobierno de Navarra.

Los Vascos en el ejército romano. A.García y Bellido

Los vascos hace dos mil años. Alfredo Floristán Samanes.